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Thursday, October 15, 2026

¿Una edad de oro en la ciencia?

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Inteligencia Artificial

Inteligencia Artificial Alfredo Sábat

En menos de tres meses, dos documentos oficiales han formulado la siguiente aseveración: impulsada por la inteligencia artificial (IA) la ciencia ingresa en una “edad de oro”. El primero, Science: A New Golden Age (La ciencia: una nueva edad de oro), fue presentado el 21 de julio por Michael Kratsios, director de la Office of Science and Technology Policy (Oficina de Política Científica y Tecnológica) de la Casa Blanca. El segundo fue una declaración conjunta respaldada por 17 países, entre ellos Estados Unidos y la Argentina, Kyoto Vision for a Golden Age of Science (Visión de Kioto para una edad de oro de la ciencia) fue emitida el 4 de octubre, en Kioto, Japón, durante la 23.ª reunión anual del Science and Technology in Society Forum.

Los dos documentos, el de la Casa Blanca y el de Kioto, pueden leerse como capítulos de una misma historia. El primero propone reorganizar el sistema científico estadounidense para acelerar el descubrimiento y convertir la IA en el motor de una revolución científica, en la que la IA no solo acelere tareas existentes, sino que transforme la manera de formular preguntas, realizar experimentos y producir conocimiento. Propone, además, reducir obstáculos institucionales para aumentar la velocidad de la investigación. El segundo internacionaliza la propuesta en forma resumida y propone una IA del futuro cercano, a la que denomina “superinteligencia”, como la gran oportunidad para acelerar radicalmente la investigación científica. Implícita en ambos documentos está la idea de una correlación absoluta entre aceleración tecnológica y progresos científicos.

Los dos documentos incorporan además la “metaciencia”, es decir, el estudio de cómo mejorar la forma en que la propia ciencia se produce, evalúa, organiza y financia. Pero solo el documento estadounidense formula detalladamente propuestas concretas en este campo, algunas de ellas, cuando menos, controvertidas. Ejemplos: un enfoque excesivo en la comercialización a corto plazo que descuida la ciencia básica y priorizar a los investigadores individuales y a equipos en detrimento de las grandes universidades. Los dos documentos tienen una virtud y una debilidad. La virtud consiste en reconocer que estamos ante una transformación histórica que exige nuevas instituciones. La debilidad consiste en dos aspectos: confiar demasiado en que más IA producirá automáticamente una mejora en la calidad y cantidad de ciencia que se produce, y asumir que la IA avanza inevitablemente en una dirección positiva y que, por lo tanto, nos permitirá mejorar nuestra condición humana sin ningún efecto secundario.

La historia ofrece razones para ser más prudentes en este segundo aspecto; el caso de la energía atómica es un claro ejemplo. Resulta preocupante que, en los dos documentos, el cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la salud pública, la concentración de la riqueza y el consiguiente aumento de la desigualdad, así como las ciencias sociales, no ocupen un lugar entre las prioridades centrales de la nueva agenda científica. Por otro lado, una verdadera edad de oro de la ciencia no desconocería el valor de la IA, pero preservaría la investigación básica, fundamento de buena parte de los progresos científicos; mantendría la mirada crítica humana en todas las etapas de la investigación y permitiría que la sociedad se pregunte qué conocimiento busca la ciencia, para qué y al servicio de quién.

Profesor emérito de la Universidad Nacional de La Plata, académico de número de la Academia Nacional de Agronomía y Veterinaria

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