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Wednesday, October 21, 2026

Arqueólogos creen haber identificado al personaje enterrado en un sarcófago romano hallado en la abadía de Westminster en 1820

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Una investigación arqueológica descubre que un sarcófago romano de 1.700 años fue reutilizado para enterrar a un importante religioso medieval en la abadía de Westminster.

Hallan nuevas pistas sobre un esqueleto de hace 1.000 años oculto en un sarcófago romano de Londres
Hallan nuevas pistas sobre un esqueleto oculto en un sarcófago romano de Londres

Christian Pérez

Publicado por Christian Pérez

Redactor especializado en divulgación científica e histórica

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Durante más de 150 años, un antiguo sarcófago de piedra descubierto en la abadía de Westminster, en Londres, ha desconcertado a los arqueólogos. Su inscripción funeraria pertenecía a un ciudadano de la época romana, pero la gran cruz esculpida sobre la cubierta parecía contar una historia completamente distinta. Ahora, una investigación publicada en la revista científica Journal of the British Archaeological Association ha permitido reconstruir el pasado de esta singular sepultura y reducir a dos los posibles nombres del hombre enterrado en su interior hace aproximadamente mil años.

El estudio, dirigido por Warwick Rodwell, arqueólogo consultor de la abadía de Westminster, plantea que los restos humanos pertenecieron a un importante religioso anglosajón del siglo XI. La investigación combina documentación histórica, análisis de los huesos y dataciones científicas que han permitido resolver una de las principales incógnitas del enterramiento: el individuo no vivió durante el Imperio romano, sino unos siete siglos después.

La historia del sarcófago comienza mucho antes de su excavación oficial en 1869. En realidad, unos trabajadores ya lo habían encontrado accidentalmente en 1820 mientras realizaban obras en el recinto de Westminster. Durante aquellos trabajos, la cubierta quedó fragmentada en seis partes. Su posterior recuperación permitió estudiar una inscripción latina que identificaba al destinatario original: Valerius Amandinus, un hombre acomodado que probablemente vivió entre los siglos IV y V.

La inscripción señalaba que Valerius Superventor y Marcellus habían dedicado el monumento a su padre. Sin embargo, la presencia de una enorme cruz de tradición anglosajona sobre la tapa revelaba que alguien había modificado el sarcófago siglos después de su fabricación. ¿Quién había reutilizado aquella tumba romana y por qué?

Un esqueleto que se creía desaparecido

Uno de los episodios más sorprendentes de esta investigación ocurrió en 2016, cuando el sarcófago fue trasladado a un taller especializado para su conservación. Durante décadas, algunos testimonios históricos habían alimentado la creencia de que los restos humanos encontrados en el siglo XIX se habían perdido.

Pero al retirar nuevamente la pesada cubierta, los investigadores encontraron un esqueleto prácticamente completo. Los huesos estaban desordenados y mostraban señales de antiguas manipulaciones. Incluso el cráneo presentaba daños que habían sido reparados con alambre y pegamento durante el siglo XIX.

Estado del cráneo del individuo enterrado en el sarcófago, tras los trabajos de reconstrucción realizados en 1869
Estado del cráneo del individuo enterrado en el sarcófago, tras los trabajos de reconstrucción realizados en 1869. Foto:

El especialista en restos humanos James Young Langthorne, de Pre-Construct Archaeology, determinó que se trataba de un hombre de entre 35 y 49 años que medía aproximadamente 1,75 metros. El examen también identificó lesiones antiguas, incluidas fracturas de costillas que habían cicatrizado, además de indicios de enfermedades articulares.

La prueba decisiva llegó mediante la datación por radiocarbono. Una muestra ósea analizada en el Scottish Universities Environmental Research Centre proporcionó un intervalo cronológico comprendido entre los años 987 y 1052. El resultado confirmaba que los huesos pertenecían a la Inglaterra anglosajona, varios siglos después de la desaparición del poder imperial romano en Britania.

Dos abades medievales y una identidad por resolver

Con la cronología establecida, Rodwell examinó los registros históricos de los religiosos que dirigieron Westminster durante aquellos años. En aquella época, mucho antes de convertirse en uno de los grandes símbolos de la monarquía británica, Westminster era un monasterio benedictino.

Las investigaciones señalaron inicialmente a tres posibles candidatos: Wulfsige, que ocupó el cargo de abad entre 988 y 993; Ælfwig, que lo sucedió hasta aproximadamente 1020; y Wulfnoth, que dirigió la comunidad monástica hasta 1049.

El primero fue descartado como principal candidato porque abandonó Westminster para ejercer como obispo en otro lugar. Los otros dos, en cambio, encajaban con las fechas obtenidas mediante el análisis científico.

El sarcófago de época romana fue modificado durante la Edad Media, cuando se talló una gran cruz sobre su cubierta
El sarcófago de época romana fue modificado durante la Edad Media, cuando se talló una gran cruz sobre su cubierta. Actualmente, la pieza se encuentra expuesta en la abadía de Westminster, en Londres

«Tenemos dos candidatos viables para el ocupante del sarcófago», explica Rodwell. El investigador considera especialmente probable que los huesos pertenezcan a Ælfwig, que ya formaba parte de la comunidad religiosa antes de convertirse en abad. Su larga trayectoria en Westminster y su fallecimiento alrededor de 1020 refuerzan esta hipótesis, aunque Wulfnoth sigue siendo una posibilidad.

También influye la categoría del enterramiento. La reutilización de un sarcófago de piedra cuidadosamente ornamentado, acompañado de una gran cruz, apunta a una personalidad religiosa de considerable prestigio. Como explica Rodwell, difícilmente una persona de rango inferior habría recibido semejante sepultura.

La investigación ha permitido reconstruir otro detalle desconocido del funeral medieval. Durante la limpieza del interior apareció una marca rectangular formada por un residuo blanquecino de cal. Su disposición indicaba que originalmente había existido un ataúd de madera dentro del sarcófago romano.

Aunque la madera desapareció con el paso del tiempo, su huella quedó conservada sobre la piedra. Los investigadores consideran que el cuerpo fue colocado primero en ese ataúd y después introducido en el antiguo monumento funerario, cuya cubierta había sido transformada para incorporar una cruz cristiana.

El análisis de los restos óseos revela antiguas lesiones y signos de enfermedad
El análisis de los restos óseos revela antiguas lesiones y signos de enfermedad. Foto:

El descubrimiento plantea otra pregunta: ¿de dónde procedía el sarcófago? Los análisis indican que fue fabricado con piedra caliza de Oxfordshire, pero su emplazamiento original sigue sin conocerse. Rodwell cree que pudo proceder de un mausoleo romano, posiblemente situado en las proximidades de Westminster.

La ausencia de materiales arqueológicos romanos en el lugar donde apareció refuerza la posibilidad de que fuera trasladado posteriormente. Incluso podría existir una villa romana con su correspondiente cementerio todavía sin descubrir en los alrededores.

Su historia tampoco terminó en el siglo XI. Rodwell plantea que la sepultura pudo encontrarse originalmente dentro de la iglesia monástica y que fue desplazada durante las grandes obras emprendidas bajo Enrique III en el siglo XIII.

Actualmente, el sarcófago se conserva en las galerías Queen's Diamond Jubilee de la abadía de Westminster. Aunque todavía no puede atribuirse con absoluta seguridad a Ælfwig, los resultados permiten explicar cómo una tumba encargada para un ciudadano de la Britania romana terminó convirtiéndose, unos 700 años después, en el lugar de descanso de una destacada figura religiosa medieval.

Referencias

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