Hallan a 30 metros bajo el Mediterráneo un cargamento de 4.700 años con restos de una sustancia aún sin identificar
Un naufragio recientemente descubierto frente a Turquía conserva decenas de vasijas que podrían revelar cómo comerciaban las civilizaciones del Mediterráneo en tiempos de los faraones.
Publicado por Christian Pérez
Redactor especializado en divulgación científica e histórica
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A unos 30 metros de profundidad, frente a la costa meridional de Turquía, un conjunto de vasijas de cerámica ha puesto a los arqueólogos ante un descubrimiento extraordinario. No hay restos visibles del casco ni de la cubierta. Tampoco se conservan las herramientas con las que navegaban sus tripulantes. Sin embargo, entre las rocas del fondo marino de la isla de Kekova han aparecido más de 30 recipientes y tres grandes anclas de piedra que podrían pertenecer al naufragio más antiguo conocido hasta la fecha.
Los especialistas estiman que la embarcación se hundió hace entre 4.400 y 4.700 años, durante la Edad del Bronce Antiguo, cuando los faraones egipcios levantaban las grandes pirámides de Guiza. El descubrimiento sitúa la navegación comercial mediterránea en una etapa de la que apenas existen testimonios arqueológicos directos y permite conocer mejor cómo circulaban las mercancías entre las comunidades de Oriente Próximo y el Egeo.
La investigación está dirigida por Hakan Öniz, arqueólogo de la Universidad de Akdeniz, en Turquía, y responsable de las exploraciones de la Mediterranean Archaeology Association. Según las estimaciones del equipo, el cargamento pertenecía a un barco mercante de unos diez metros de eslora que navegaba por el Mediterráneo oriental cuando sufrió el accidente.
El yacimiento presenta una particularidad: la madera desapareció hace milenios, pero buena parte de la carga sobrevivió. Esta circunstancia ha convertido a las vasijas en las principales protagonistas de la investigación, ya que su fabricación, sus características y los materiales conservados en su interior contienen información sobre el origen de la embarcación y las actividades de quienes viajaban a bordo.
Unas vasijas que cambiaron la fecha del naufragio
En un primer momento, los arqueólogos no sospecharon que estaban ante unos objetos tan antiguos. La apariencia de los recipientes recordaba a producciones cerámicas relativamente recientes. La interpretación cambió cuando los investigadores localizaron paralelismos con materiales excavados en yacimientos de Egipto.
El hallazgo obligó a revisar la cronología del conjunto. Las vasijas presentan dos asas, una base plana y un característico resalte en su parte central, rasgos que permitieron relacionarlas con recipientes utilizados durante la Edad del Bronce Antiguo en Oriente Próximo.
La ausencia de madera impide emplear directamente la datación por radiocarbono sobre la estructura del barco. Por ello, los expertos han recurrido al estudio tipológico de la cerámica, un procedimiento arqueológico que permite establecer cronologías mediante la comparación de objetos con otros procedentes de contextos conocidos. La datación exacta continúa sometida a investigación.
Uno de los aspectos más llamativos apareció cuando los recipientes recuperados fueron examinados por Karin Sowada, arqueóloga de la Universidad Macquarie, en Australia. Algunas vasijas todavía contenían una sustancia espesa y brillante. «Miré dentro y casi me desmayo. No podía creer la cantidad de residuos que había», explicó la investigadora a BBC News. Su análisis podría ayudar a identificar qué mercancías transportaba el barco durante su último viaje.

¿Qué transportaba un mercader hace casi cinco milenios?
Entre las posibilidades que manejan los investigadores figuran el aceite de oliva, el vino y determinadas resinas vegetales. Estos productos tenían un considerable valor económico y podían conservarse y transportarse en grandes recipientes cerámicos, especialmente útiles para el comercio marítimo.
No obstante, identificar el contenido original plantea dificultades. Una misma vasija podía emplearse durante años para almacenar diferentes sustancias. Los restos encontrados podrían corresponder a su último uso o proceder de mercancías transportadas anteriormente. «Podría ser aceite de oliva, podría ser vino, podrían ser resinas de árboles», señaló Sowada a BBC News.
El estudio de la arcilla también ha proporcionado pistas sobre la procedencia del cargamento. Los primeros análisis apuntan a talleres situados en el valle del Jordán, una región conectada con importantes centros de producción y distribución de mercancías del Mediterráneo oriental.

¿Hacia dónde navegaba entonces la embarcación? Los arqueólogos consideran posibles destinos la antigua Troya, en el noroeste de Anatolia, o Creta, donde comenzaba a desarrollarse la civilización minoica. En ambos territorios se han documentado recipientes comparables, aunque todavía no existen pruebas suficientes para reconstruir la ruta exacta del barco.
Estas conexiones comerciales resultan especialmente importantes porque demuestran que las sociedades mediterráneas mantenían contactos marítimos mucho antes del esplendor de las grandes civilizaciones navales de la Antigüedad. El transporte por mar permitía desplazar cantidades de mercancías difíciles de movilizar por tierra, aunque también exponía a las embarcaciones a temporales, corrientes y peligrosos accidentes costeros.
Un descubrimiento que podría cambiar la historia de la navegación
Las aguas que rodean Kekova son conocidas por la presencia de numerosos restos arqueológicos submarinos. Sus corrientes y condiciones meteorológicas han complicado la navegación durante siglos. En este caso, los materiales quedaron dispersos sobre una pendiente submarina, donde los buceadores han tenido que trabajar cuidadosamente para documentar y recuperar las piezas.
Si se confirma su cronología, el naufragio superaría en antigüedad al yacimiento de Dokos, situado cerca de una isla griega del mar Egeo y datado aproximadamente hace 4.200 años. No obstante, conviene distinguir entre el naufragio más antiguo identificado arqueológicamente y el barco antiguo mejor conservado, categorías que no necesariamente corresponden al mismo descubrimiento.

Las piezas recuperadas están siendo sometidas a tratamientos de conservación y está previsto que formen parte de las colecciones del nuevo Museo de Arqueología Subacuática del Mediterráneo, en Antalya. Mientras tanto, los análisis de los residuos y de la cerámica continuarán aportando información sobre su procedencia y utilización.
El valor del hallazgo va mucho más allá de establecer un nuevo récord arqueológico. Aquellas vasijas representan una actividad económica que conectaba puertos, talleres y comunidades separadas por cientos de kilómetros. Hace casi cinco milenios, cuando las pirámides de Egipto comenzaban a transformar el paisaje del valle del Nilo, otros hombres ya atravesaban el Mediterráneo transportando productos cuyo comercio contribuyó a construir las primeras grandes redes de intercambio de la región.
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