Riesgo de desborde

“Esto sólo tenderá a crecer”, escribió el periodista Kike Mujica en sus redes sociales a propósito del debate por la rentabilidad negativa del fondo E de las AFP. Tenía razón, pero lo complejo no es que el debate crezca, porque en la práctica eso ya ocurrió. Recurriendo al lenguaje climático tan de moda en este invernal octubre, el verdadero riesgo es que desborde.
Y comienza a desbordar cuando la prensa confunde pérdida de rentabilidad con caída en el monto de la pensión. O cuando se publican fotografías de los gerentes bajo el título de “los rostros del descalabro”, mientras otro sitio web “revela” los sueldos de los directivos pese a tratarse de información pública. El torrente sigue creciendo cuando un tercer medio anuncia que las AFP no quieren responder si despedirán o no a sus ejecutivos, y toma fuerza de la mano de una “denuncia” porque el hijo del presidente del gremio trabaja a honorarios en la Segegob.
En definitiva, un tema tan complejo como el comentado se desborda cuando pasa de la discusión técnica a la cancha política, aunque era evidente que así ocurriría por dos razones: 1) Porque los políticos olieron polémica y de esas que más atraen: potencial afectación de los ahorros de las personas, decisiones controversiales de altos ejecutivos de Sanhattan y, la guinda de la torta, con las AFP y el modelo de capitalización individual como protagonistas; 2) Porque La Moneda tardó un par de semanas en sopesar el impacto de la noticia y, una vez que reaccionó, aportó leña a la hoguera, pasando directamente de la “preocupación” inicial del superintendente a la responsabilidad pecuniaria de los directores.
Ahora se anuncian sesiones especiales en el Congreso y comisiones investigadoras que, en casos que involucran a empresas privadas, suelen sobrepasar los límites fiscalizadores de los diputados. Pero seguirán adelante porque, según advierten, hay consternación, e incluso “espanto”, como afirmó un parlamentario. Mientras tanto, el FA se apura en pedir una reforma al sistema de comisiones, como si tuviese relación con el problema que afectó al fondo E.
¿Es que acaso no corresponde que todo este desaguisado sea investigado? Por supuesto que sí, y eso es exactamente lo que está ocurriendo. Como señalaba un atinado titular de prensa esta semana: “la institucionalidad está funcionando”. Y no se está investigando si alguien se llevó la plata para la casa, como ha ocurrido en otros países, sino el cumplimiento de los deberes de diligencia de los responsables de administrar los ahorros obligatorios de los cotizantes. Para ser más directos, aquí no estamos en la Argentina de Cristina, cuando los fondos de los ahorrantes fueron expropiados y utilizados en financiar un déficit fiscal que siguió creciendo y no hubo responsables ni compensación a los afectados.
Y si se trata de buscar responsables, no basta con apuntar solo a los directivos de las administradoras. Porque los hechos se dan en un contexto y, en este caso, comienza con los famosos retiros de fondos previsionales que tanta alegría provocaron entre los parlamentarios. Así que tampoco se pueden hacer los desentendidos. Entre otras consecuencias, los retiros obligaron a las AFP a reconfigurar y reconstruir sus carteras de inversión, buscando –en el caso del fondo E– instrumentos de largo plazo que, debido a la destrucción del mercado local de capitales, encontraron mayoritariamente fuera de la frontera.
Optaron por instrumentos que estaban debidamente aprobados por el regulador y “especularon”, como algunos afirman en tono de alarma, con tasas de interés de activos tan sólidos como los bonos del Tesoro de Estados Unidos, en un ambiente donde no eran pocos los que preveían una caída y no un alza tan abrupta como finalmente ocurrió. Es cierto que prosiguieron e insistieron en su empeño (y todo indica que más de la cuenta) con derivados para seguir calzando la duración de los fondos más conservadores. O eso pretendían.
Dicho sea de paso, especular no es otra cosa –según la RAE– que “efectuar operaciones comerciales o financieras con la esperanza de obtener beneficios aprovechando las variaciones de los precios”, mientras que lucrar es “ganar, sacar provecho de un negocio” y ambas cosas son, precisamente, lo que los cotizantes esperamos de las administradoras a cambio de nuestras comisiones.
El debate pasará de desborde a inundación cuando algún aventajado vuelva a poner en duda la existencia del sistema de cotización individual y, en ese ring, las administradoras entrarán debilitadas. El golpe reputacional es fuerte y les raya la pintura en momentos en que intentaban acordar con el regulador las mejores condiciones para lo que se viene: los fondos generacionales y otros tantos cambios originados en la Reforma Previsional.
Ya lo comentamos en esta columna el domingo pasado: esos fondos generacionales son obligatorios, así que los cotizantes ni siquiera tendremos la posibilidad de mover nuestros ahorros cuando percibamos que, con razón o no, la AFP está insistiendo en un instrumento pese a las advertencias.
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