¿A cuánto equivale un 6,0 del colegio comparado con las notas de hace 10 años?

¿Qué significa hoy sacarse un 6,0 en el colegio? Culturalmente, todavía se percibe como una buena nota. Insuficiente, quizá, para los más exigentes y mateos, pero fuente de orgullo para los esforzados y un verdadero trofeo para los porros, que la recibirán como agua en su desierto de malas calificaciones.
Pero el 6,0 actual ya no vale igual que el 6,0 de hace 15 años. Así como una moneda de 100 pesos hoy no puede comprar lo mismo que en 2010, la nota 6,0 ya no refleja los conocimientos ni el nivel de logro que solía representar. Dejó de ser una nota meritoria, que significaba haber aprobado con cierta distinción, para convertirse, literalmente, en una nota promedio.
Estudio muestra a cuánto equivale un 6,0 del colegio comparado con hace 10 años
Un reciente estudio de Fernanda Castillo, investigadora de educación en Horizontal, muestra que la mitad (49,6%) de los estudiantes chilenos egresa de la enseñanza media con un promedio de notas igual o superior a 6,0. Esto es “el doble que antes de 2013”, cuando solo un 25% lograba terminar con esa nota.
Castillo además comparó los promedios escolares con los resultados de pruebas estandarizadas, como el Simce y la PAES, y concluyó que el alumno que hoy se saca un 6,0, en términos de rendimiento, “ocupa el mismo lugar que quien sacaba un 5,5 en 2013”.
Es decir, las notas se desvalorizaron 10%. O, dicho en otras palabras, sufrieron una inflación.
Pero a diferencia de la inflación económica, a la que la sociedad se adapta aumentando los ingresos y controlando las tasas, la inflación de notas no está siendo regulada. Mientras que en test externos, como la prueba PISA, los estudiantes chilenos bajan sus puntajes, en las libretas sus calificaciones no dejan de subir. Tienen menos conocimientos pero mejores notas, un grave desequilibrio que se ha exacerbado en los últimos 5 años.
“Derechamente, le estamos mintiendo a los estudiantes respecto a lo que saben”, dice Castillo.

Un ranking distorsionado
La inflación de las notas no es un tema nuevo. La investigadora Sylvia Eyzaguirre, directora general de Humanidades en la Universidad San Sebastián, ha realizado varios estudios sobre el tema. Según la evidencia, las notas en enseñanza media “han aumentado paulatina pero gradualmente a lo largo de los últimos 50 años. Pero lo que uno observa es que desde 2013 ese aumento ha sido desproporcionado y mucho más acelerado”.
¿Qué paso en 2013? Ese año se incorporó en el proceso de admisión a la educación superior un nuevo factor a la ponderación: el hoy polémico puntaje ranking, que se añadió al promedio de notas de enseñanza media (NEM) y al puntaje de la prueba, en ese entonces PSU y ahora PAES. En términos simples, el puntaje ranking es una especie de bono que un estudiante obtiene si su NEM supera la media histórica de su colegio. Por ejemplo, si un alumno sacó promedio 6,3 en un establecimiento donde las generaciones anteriores tenían un 6,0 y había un promedio máximo de 6,8, el cálculo le entregaría un puntaje ranking de 824 puntos.
Aunque fue añadido por el CRUCH para premiar a los colegios más exigentes y generar mayor equidad en la admisión universitaria, esas buenas intenciones solo quedaron en eso. El mayor legado del puntaje ranking resultó ser la distorsión de las notas, que de pronto cobraron mucho más valor en la ponderación, igual o mayor, en algunos casos, que el de la misma PAES. “Las instituciones de educación superior, entre la NEM y el ranking, comenzaron a aumentar la ponderación de las notas”, explica Eyzaguirre. “Hoy hay carreras que, entre ambas, les dan más de un 50%”.

Los colegios, al ver que así sus estudiantes podían mejorar sus posibilidades de acceso a la universidad, comenzaron a entregarles mejores notas. Según la comparación hecha por Castillo, que tomó datos del DEMRE, el promedio de enseñanza media subió de 5,7 (2013) a 6,1 (2025), con un aumento explosivo desde 2020. “El 70% de esta inflación de notas se da después de ese año, cuando comenzó la pandemia”, dice la investigadora.
Pero volvamos de nuevo al 6,0, esa nota que solía salvar a un escolar de la mediocridad del 5,0 y lo acercaba, aunque fuera por un momento, a la excelencia del 7,0. Una nota que aún hoy representa un 86% de logro pero que ahora se volvió una de las más comunes en los informes semestrales.
Un estudio realizado en 2026 por Carlos Rodríguez y Denisse Espinosa, de la U. del Biobío, muestra que entre 2005 y 2008, solo el 26,8% de los estudiantes obtuvo un promedio sobre 6,0. Pero entre 2021 y 2024, esa proporción subió a 57,8%. Un alza de 116%.
Es más: el 6,5, nota cercana a la perfección, también se hizo más alcanzable. Entre 2005 y 08, apenas el 6,6% superaba ese umbral, mientras que en el periodo 2021-24 esa fracción llegó al 25,5%. “Es decir, 1 de cada 4 estudiantes que cursó la enseñanza media durante esos años sería catalogado de alto rendimiento”, escriben los investigadores. Un aumento del 286%.
“Uno pensaría que en los últimos 20 años ha mejorado la calidad de la educación y los alumnos de hoy saben muchísimo más”, dice Eyzaguirre. “Pero no es así. Uno ve, en todas las pruebas estandarizadas, internacionales y nacionales, que estamos hace 15 años estancados en los aprendizajes. Cuando yo comparo los resultados Simce con las notas de enseñanza media, lo que observo es que alumnos con exactamente el mismo puntaje hoy tienen promedios de notas mucho más altos que antes”.
Lo mismo ocurre con la PAES: “Si el promedio de notas estuviera perfectamente relacionado con el desempeño PAES”, se lee en el estudio de Fernanda Castillo, “un estudiante de promedio 6,0, que equivale a 713 puntos NEM, debería obtener un puntaje similar en Competencia Lectora y Matemática M1. Pero en la práctica, solo el 15,41% obtiene 713 puntos o más en ambas pruebas. Y un 65,24% no alcanza ese puntaje en ninguna de las dos”.
“Las notas deberían entregar información confiable sobre cuánto están aprendiendo los estudiantes”, apunta Anne Traub, directora ejecutiva de Fundación Familias Primero. “Si un hijo llega a la casa con un 6,5 o un 6,8, es razonable que sus padres entiendan que está aprendiendo bien. Pero si esa nota no refleja sus aprendizajes, podemos dejar pasar brechas durante años y detectarlas recién cuando llega a la educación superior”.
En un reportaje anterior de LT Educa, enfocado en el bajo nivel con que llegan los estudiantes a la educación superior, distintas autoridades universitarias se quejaban de que debían hacerse cargo de un problema “que no hemos creado”. Cada año reciben a jóvenes con notas más altas pero con menos conocimientos y habilidades. Eso les implica desarrollar programas de acompañamiento, cursos de nivelación y otras herramientas para que los alumnos se mantengan en las carreras, no se desmotiven ni tampoco deserten.
A Sylvia Eyzaguirre, eso sí, le parece insólito que las universidades culpen a los colegios de esta inflación. “Si las notas de enseñanza media no están siendo un buen indicador, lo lógico sería que, cuando vayas a seleccionar a tus estudiantes, ese indicador no tenga una ponderación muy alta. Pero hoy la mayoría de las universidades ha subido de forma importantísima la ponderación del NEM y del ranking, y es precisamente ese aumento lo que ha incentivado que los colegios inflen las notas”.
¿Por qué algunas universidades le han quitado ponderación a la PAES en beneficio del NEM y el ranking? “Porque las carreras que ponderan notas en un mayor porcentaje tienen puntajes de corte más altos”, responde la académica de la USS. “Eso es un puntaje de corte ficticio, inflado con más notas de enseñanza media, para decir que la carrera cortó con puntajes más altos”.
Ahí es cuando aumentan los incentivos para que los colegios suban las calificaciones. “Por una parte”, agrega, “satisfacen a los padres, que son sus clientes, y por otra aseguran que sus estudiantes entren a la universidad”.
“Para los estudiantes y sus familias es un autoengaño”, dice Castillo. “¿Cómo se traduce este fenómeno en la universidad? Los jóvenes tienen altas expectativas, porque les fue muy bien en el colegio, pero llegan a su primer año universitario y se dan cuenta de otra realidad: que no entienden lo que leen o no manejan matemáticas básicas”.
El peor escenario para la investigadora de Horizontal sería que las universidades, para retener a los estudiantes, estén “flexibilizando sus mallas y bajando sus exigencias. Eso se traduciría en peores profesionales para el futuro”.
Alertados por esta realidad, el DEMRE ya modificó el puntaje ranking. A partir de la admisión 2028 ya no se valorará la nota del estudiante en comparación a las generaciones anteriores, sino la posición que éste ocupa en esa escala. Así, el mejor alumno de un colegio X tendrá la misma bonificación que su símil del colegio Y, da lo mismo si uno tuvo un 7,0 y el otro un 6,5.
“Es muy positivo ese cambio”, dice Castillo. “Pero yo sería bastante más extremista: sacaría definitivamente las notas NEM de la ponderación”. Lo mismo piensa Eyzaguirre: “si reemplazas las NEM por este nuevo ranking, y le bajas la ponderación hasta no más del 25%, podríamos recuperar las notas de enseñanza media y que vuelvan a ser un instrumento que entregue información a las familias”.
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