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Sunday, September 13, 2026

Chile da sus primeros pasos en la carrera por los drones

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Tras 10 meses de investigación, diseño y desarrollo, el lunes 21 de septiembre, en los cielos de Renca, sobre el campus de Inacap, tendrá su prueba de vuelo el primer prototipo de un modelo VTOL, un dron de despegue y aterrizaje vertical capaz de volar como un avión, fabricado totalmente en Chile a través de una alianza que involucra a la industria militar -FACH, en este caso- con un conjunto de centros de estudios superiores.

Se trata de uno de los primeros pasos concretos, pero no el único, en la apuesta del Ministerio de Defensa y las ramas de las Fuerzas Armadas para desarrollar una industria local en materia de vehículos no tripulados con capacidades operativas, que asegure al mismo tiempo la independencia de las mismas en medio del complejo escenario geopolítico actual.

Aunque el prototipo de dron del tipo VTOL, con capacidad de carga de nueve kilos, diseñado y fabricado por Inacap y Enaer en el marco del proyecto Drones para Chile, anunciado el 25 de noviembre pasado, ni siquiera ha sido bautizado, llega en un momento clave.

En las últimas semanas, varios exministros de Defensa y seis excomandantes en jefe de la Armada han expresado la urgencia de que Chile fortalezca sus capacidades disuasivas tras las sucesivas y polémicas declaraciones de autoridades argentinas que han puesto en duda el control y soberanía de Chile sobre el Estrecho de Magallanes, y también ante el rearme de países vecinos, como Argentina y Perú, los que recientemente adquirieron F-16 y blindados con el apoyo de Estados Unidos.

El uso extensivo de drones cambió por completo el escenario de las guerras modernas, como lo han demostrado Ucrania e Irán al utilizar aparatos no tripulados de bajo costo para enfrentarse a las dos mayores potencias militares y sus equipos de alta tecnología y millonarios costos de fabricación. De hecho, la precisión y capacidad de destrucción que poseen estos aparatos, cuyo valor no excede de unos pocos miles de dólares, obligó a Rusia y a Estados Unidos a readaptar su industria bélica. A inicios de este año, el presidente ucraniano, Volodimir Zelensky, afirmó que Rusia estaba fabricando cerca de 500 drones Geran (una adaptación de los Shahed 136 iraníes) al día y que ya había lanzado más de 57 mil de estos aparatos sobre territorio ucraniano desde la invasión de 2022.

Un ámbito en el que Chile corría el riesgo de quedar rezagado. En la región, Colombia, Brasil y Argentina han avanzado más rápido en el desarrollo de una industria local en materia de drones. Y en julio de 2023, Bolivia anunció la firma de un memorándum de cooperación bilateral de seguridad y defensa con Irán que incluía la entrega de vehículos no tripulados.

La noticia generó preocupación en Chile y Argentina, pues, aunque se mantuvo en reserva el tipo de drones que llegarían a las Fuerzas Armadas bolivianas, algunos medios especializados en defensa señalaron que se trataba de a lo menos 200 drones Shashed 136. Estas son pequeñas y poderosas aeronaves de 3,5 metros de largo, capaces de llevar una carga de 40 a 50 kilos de explosivos a una velocidad de hasta 200 kilómetros por hora. Con un alcance de más de 1.000 kilómetros, han azotado las bases militares estadounidenses en Medio Oriente como también a Israel.

Bolivia no ha señalado si alcanzó a recibir algunas de estas unidades de drones, pero el 8 de abril pasado, tras la llegada al gobierno del centroderechista Rodrigo Paz y su alineamiento con Estados Unidos, puso término al convenio de cooperación militar con Irán.

Shahed-136

La urgencia de desarrollar una industria local en Chile en esta materia también se debe a las cada vez mayores dificultades que están enfrentando los países para su adquisición. En agosto pasado, China puso restricciones para la venta de drones y suministros para su construcción a empresas estadounidenses, en respuesta a las sanciones arancelarias que estaba aplicando el gobierno de Trump. La respuesta norteamericana fue inmediata, prohibiendo la compra de naves no tripuladas de uso dual fabricadas por DJI, la mayor empresa china de drones, y ya está presionando a los países aliados para que sigan sus pasos.

Más del 90% de los drones que vuelan en Chile son fabricados en China. Por lo mismo, señalan en Defensa, es indispensable avanzar en el desarrollo de una industria local que garantice autonomía en las decisiones.

A fines del gobierno pasado, el Ministerio de Defensa emitió una directiva secreta a todas las ramas de las Fuerzas Armadas, en la que se establecieron los lineamientos para el desarrollo en Chile de una política militar en materia de drones. El mandato, elaborado con el apoyo del Estado Mayor Conjunto de la Defensa, establecía el marco preciso con miras a asegurar la capacidad de adquisición, de modificación y, sobre todo, de fabricación local de vehículos no tripulados. También para el diseño y desarrollo local de capacidades para destruir drones enemigos.

Para la defensa, levantar una industria local capaz de diseñar y construir drones de uso dual se convirtió en una prioridad. Una definición estratégica que fue reafirmada por el gobierno de José Antonio Kast.

El 2 de septiembre pasado, en sesión secreta ante la Comisión de Defensa del Senado, el ministro Fernando Barros, acompañado por el subsecretario de Defensa, Rodrigo Álvarez, expusieron una actualización del “programa de inversiones de la cartera destinado al desarrollo y sostenimiento de las capacidades estratégicas de la nación”. Varias fuentes consultadas para este artículo señalaron que el tema de los drones estaba dentro de las prioridades de lo que se conversó ese día.

“Durante los últimos años se ha venido trabajando para generar las condiciones necesarias para el desarrollo de los drones como una capacidad estratégica. Esto implica la adquisición, construcción y adaptación de diversos formatos de vehículos no tripulados, junto con el desarrollo de capacidades de detección y neutralización frente a este tipo de amenazas. Actualmente, las ramas de las Fuerzas Armadas cuentan con la capacidad técnica para ejecutar este tipo de proyectos —particularmente a través de las empresas de la defensa— y, sin lugar a dudas, debe ser una prioridad para el Estado. Para esto es fundamental priorizar su financiamiento”, señala el exsubsecretario de Defensa Ricardo Montero.

Fue precisamente bajo su gestión que se emitió la directiva para las ramas de las FF.AA. que ordenó el funcionamiento de esta industria bajo el esquema de “triple hélice”, un modelo de cooperación entre el Estado, la industria militar y la academia.

Desde entonces, cada rama de las FF.AA. ha dado sus primeros pasos en el diseño y desarrollo de prototipos.

Fue la Armada la primera en exhibir resultados. En noviembre pasado, durante el lanzamiento del proyecto Drones para Chile, desde Renca navegaron exitosamente en la rada de Valparaíso el VTOL diseñado y desarrollado en conjunto entre la Dirección de Programas, Investigación y Desarrollo de la Armada de Chile (Dipride) y la empresa chilena RoboMotic (con más de 10 años de experiencia en la fabricación de drones en Chile).

Este posee dos motores a combustión, con una autonomía de vuelo de 12 horas y alcanza velocidades de hasta 70 km/h. Y ya hay cerca de un centenar de unidades comprometidas.

Con la ayuda del laboratorio de la Armada de Impresión en 3D, teniendo el diseño listo, es posible construir este modelo a gran escala.

La Armada también tiene el proyecto Yagán, una lancha no tripulada de seis metros de eslora que se encuentra en fase de prototipo y etapa de prueba de concepto, por lo que una vez concluida la fase de revisión podría quedar en condiciones de construcción a gran escala en conjunto con Asmar y la Dipride. Para eso, sin embargo, no se ha dispuesto de recursos. Todos los componentes del Yagán, con la excepción del motor y el controlador, son de fabricación nacional. Y en colaboración con Inacap están desarrollando un ROV, un dron subacuático para el control de la costa chilena.

El Ejército, a su vez, ya presentó en la Fidae 2026 el prototipo de un UGV 6X6 (sigla en inglés de vehículo terrestre no tripulado), un blindado multipropósito capaz de soportar una torre de lanzamiento de cohetes u otras armas, para la evacuación de heridos o transporte de armas y municiones en zonas extremas. El diseño y desarrollo de este UGV se hizo completamente desde cero, en un trabajo conjunto de Famae, con su filial Servicios y Soluciones Estratégicas (S2T), y la empresa privada EasySolution, y permite que un solo operador a distancia controle en simultáneo las operaciones de hasta seis de estas unidades. Y el 29 de agosto pasado, durante una exhibición en los patios de la Escuela Militar mostraron los avances de un segundo UGV, más pequeño y modular, para uso dual, el UGV Veta001.

Pero, al mismo tiempo, se ha avanzado en el desarrollo de sistemas para detección temprana y neutralización de drones. Al menos el Ejército ya mostró las capacidades de un sistema láser desarrollado en Chile y otro de pulso electromagnético.

Y la Fuerza Aérea ya ha destinado varias misiones de oficiales como investigadores visitantes en la Royal United Services Institute, en Londres, uno de los centros de referencia a nivel occidental para el estudio de las lecciones que está dejando la guerra en Ucrania y el cambio de paradigmas de la guerra moderna que trajo consigo. Esas misiones “ya están trabajando en sistemas no tripulados, transformación digital y resiliencia estratégica”, señala Diego Sazo, jefe de investigación en Relaciones Internacionales, AnthenaLab, y exasesor de la Subsecretaría de Defensa, por lo que estuvo involucrado en la directiva de la cartera sobre drones.

La directiva buscaba algo concreto: que las tres ramas desarrollasen sus capacidades de sistemas no tripulados bajo criterios comunes, teniendo a la industria nacional como parte de ese esfuerzo. Para eso se fijaban criterios comunes de interoperabilidad, ciclo de vida y seguridad tecnológica, creando un mecanismo de coordinación entre el Ministerio de Defensa, el Estado Mayor Conjunto, las Fuerzas Armadas y las empresas estratégicas”, explica Sazo.

El objetivo era claro, que Chile dejara de ser sólo un operador de drones y UGV adquiridos en el extranjero, como lo viene haciendo desde hace más de una década, cuando en 2011 llegó el primer dron israelí Hermes 9000, que sigue prestando servicio en la vigilancia de frontera norte, junto a otras 18 unidades que se han ido sumando con los años y que son controlados desde la Base Los Cóndores, en Iquique, para pasar a tener autonomía tecnológica.

“Chile, en general, ha sido un observador del desarrollo extranjero de tecnologías críticas en circunstancias que tenemos toda la capacidad para poder desarrollarlo nosotros mismos. Hoy día existen el conocimiento, los laboratorios, los talleres, la capacidad académica para poder trabajar en estas tecnologías con múltiples aplicaciones”, señala el rector de Inacap, Lucas Palacios, a solo días de que sobre los cielos del campus de Renca tenga lugar el vuelo de prueba del prototipo de un nuevo dron chileno.

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