Se agota el tiempo de las reformas

Faltan poco más de dos meses para que se cierre el período legislativo. Ese plazo es importante porque el Gobierno parece obsesionado con cambiar la legislación electoral vigente, sobre todo con la eliminación o suspensión de las primarias abiertas, obligatorias y simultáneas (PASO). Resulta, y de ahí lo perentorio de aquel plazo, que la Cámara Nacional Electoral dictó una acordada en la que advierte que las reglas del juego deben respetarse cuando se avecinan las elecciones. Los jueces de esa Cámara (Alberto Dalla Vía, Santiago Corcuera y Daniel Bejas) escribieron la oportuna resolución porque el proyecto de reforma política que ahora debate el Senado incluye algunos cambios esenciales para los comicios, justo cuando falta un año para las elecciones presidenciales en las que Javier Milei aspira a renovar su mandato.
La acordada, si se la lee bien, no tiene ningún sentido partidario ni fue escrita para beneficiar a un sector u otro de la panoplia ideológica. Fue simplemente un llamado de atención que podría sintetizarse de esta forma: no es democrático cambiar las reglas del juego cuando está por comenzar el partido. ¿Significa que ya pasó el tiempo para aplicar esas reformas que no refieren solo a las PASO? Expresa, más bien, una exhortación distinta: háganlo ahora o no lo hagan el año próximo.
En rigor, la condición inalterable de las reglas electorales en un año de elecciones es una tradición muy arraigada, o una imposición legal en varios países. Pecadora y transgresora, la política argentina suspendió el año pasado, en febrero, las elecciones primarias meses antes de que se realizaran las elecciones legislativas de mitad de mandato. Ese es el antecedente que suele exponer el Gobierno para insinuar que está pensando en alargar el debate y pasarlo para marzo del próximo año. Eduardo “Lule” Menem, el influyente colaborador de Karina Milei, estaría sondeando esa posibilidad. Hasta ahora, no le llevó buenas noticias a su jefa.
Los aliados suelen hacerles una aclaración a tales sugestiones: no son lo mismo elecciones legislativas que las presidenciales y, además, ya es necesario decirles basta a las arbitrariedades. Los propios senadores oficialistas o aliados reciben mensajes distintos del Gobierno. Mientras Karina Milei, una referente política insoslayable de la administración, les anticipa a los gobernadores y partidos aliados o amigables que no habrá alianzas electorales si ellos no ayudan a sancionar la eliminación de las PASO, ahora o en marzo, otras voces que dicen representar al propio Presidente aseguran que este ya no está seguro de seguir batallando contra las primarias obligatorias. Milei prefiere insistir con sus reformas económicas antes que pelearse con los aliados solo por una elección más o menos.
El principal argumento público del Gobierno, al menos formalmente, es que esas elecciones primarias son impopulares para la gente común y que también consumen mucho dinero del Estado. Todo eso es cierto, pero el proyecto de eliminación o suspensión de las PASO no prevé una alternativa que garantice la vida democrática de los partidos o de las alianzas. ¿Primarias simultáneas, pero no obligatorias para la sociedad, por ejemplo? ¿O, acaso, se sugiere el regreso a los tiempos en que las candidaturas las decidía una estirpe política constituida por unos pocos dirigentes?
La razón real, confesada por funcionarios mileístas, señala que la inexistencia de las PASO perjudicaría al peronismo porque le impediría resolver sus luchas internas en una elección primaria y, por lo tanto, debería presentarse con distintos candidatos en los comicios generales. La división del adversario es siempre una buena novedad. Pero es solo una hipótesis que carece de pruebas. El peronismo suele encontrar los atajos para resolver sus discordias. ¿Esa es la única razón para la eventual eliminación? En otros rincones del gobierno se acota que Karina Milei está también pensando en el territorio propio. La eliminación de las PASO, dice esa versión, les impediría a dirigentes que coinciden con las políticas de Milei, aunque no con sus formas, imaginar otro u otros candidatos que compitan dentro del mismo espacio político con el Presidente en elecciones primarias. “Algunos ya piensan en una gran PASO entre las corrientes políticas sensatas del país”, imagina, no sin cierta paranoia, un funcionario cercano al Presidente.
En ese contexto debe leerse la posición de Pro de no contribuir con sus votos en el Congreso a la eliminación de las PASO. Es una decisión que el partido de Mauricio Macri tomó hace mucho tiempo, y que la ratificó en las últimas horas. “Esperemos hasta ver qué pasa en el Senado, donde nosotros tenemos muy poca influencia”, agrega un dirigente que suele escuchar al expresidente. Los legisladores de Pro son mucho más decisivos numéricamente en la Cámara de Diputados. En el Senado mandan los gobernadores.
Aquella advertencia de Karina Milei sobre un canje entre la eliminación de las PASO por una alianza electoral con gobernadores y Pro, no llegó muy lejos. El Pro confirmó su oposición y los gobernadores no negocian cuestiones electorales. “Pueden negociar hasta el dinero que reciben de la Nación, pero nunca negocian el sistema electoral”, dice uno de los principales líderes parlamentarios.
Las votaciones por cuestiones electorales son complicadas porque necesitan la mayoría absoluta de las dos cámaras. Esto es: se requiere el voto de 37 senadores, no importa cuántos estén en el recinto, y de 129 diputados a favor de la propuesta del Gobierno, también sin que importe cuántos diputados estén presentes. Algunos funcionarios (¿cercanos a Karina Milei?) dicen en voz baja que tales dilaciones son la culpa de Patricia Bullrich, ahora que el proyecto está en el Senado. El rumor es tan injusto como increíble. Ella no está en condiciones de encarar por sí sola semejante negociación con gobernadores y partidos aliados.
El proyecto de reforma política no refiere solo a la eliminación de las PASO, aunque el debate político se haya encerrado en la opción sobre si habrá elecciones primarias o no habrá. El gobierno nacional también incluyó la instalación en el país del llamado sistema de “ficha limpia”, que significa que no puede ser candidata ninguna persona con condena firme por delitos dolosos. La primera idea era más amplia y comprendía a los imputados, pero luego la política llegó a la opinión unánime de que la sola imputación (que la decide un fiscal) era abrirle paso a la parcialidad. “Cualquiera con poder podría conseguir un fiscal amigo para imputar a un adversario”, concluyeron. Es consecuencia también de la mala fama de la Justicia.
La “ficha limpia” es una vieja bandera de Pro, que en su momento hizo conocida a la impecable diputada Silvia Lospennato, autora del proyecto que la Cámara de Diputados no pudo tratar en su momento, aunque el tema estaba previsto en el orden del día. Todavía se recuerda la foto de Lospennato, sola en el recinto, con los ojos desbordados de lágrimas, luego de la fracasada reunión. En los últimos tiempos, el partido de Macri presentó sendos proyectos nuevos sobre la aplicación de la “ficha limpia” en el Senado y en la Cámara de Diputados. ¿Significa entonces que los macristas deberán votar la reforma política para que se apruebe la “ficha limpia”? No, necesariamente. Los diputados de Pro podrían votar a favor en general la reforma política, pero negarle el voto en particular al artículo que elimina o suspende las PASO.
Otra disposición actual quedaría anulada si prosperara la reforma política tal como está redactado el proyecto enviado al Congreso. Se trata de la que obliga a los candidatos presidenciales a debatir públicamente sus ideas (o a intercambiar sus chicanas); el debate tuvo una particular importancia en las últimas elecciones presidenciales, aunque existía el precedente del debate que protagonizaron en 2015 Mauricio Macri y Daniel Scioli, también significativo. Tal vez por eso, el Gobierno se cuidó de no hacer explícita la eliminación de los debates; simplemente anuló en el proyecto el capítulo que los incluía.
Un rumor no confirmado aún indica que el gobernador bonaerense, Axel Kicillof, estaría dispuesto a unificar las elecciones provinciales con las nacionales el año próximo. Las últimas elecciones legislativas fueron separadas y, en verdad, fue una mala maniobra del gobernador, porque él ganó por un buen margen las elecciones legislativas provinciales, pero perdió ampliamente las elecciones de legisladores nacionales un mes y medio después. El principal problema consiste en que las formas de votación serían distintas en la provincia de Buenos Aires. Mientras las elecciones nacionales se votan con boleta única, en el distrito bonaerense se sigue votando con el viejo sistema de las boletas partidarias. La gente común deberá votar, si se unificaran los comicios, en un mismo cuarto oscuro con dos sistemas diferentes. Será necesario un tiempo previo de enseñanza sobre cómo los ciudadanos deberán votar según los candidatos, provinciales o nacionales. Los caudillos del conurbano bonaerense no permitieron nunca que la modernidad (y, sobre todo, la transparencia) mojara sus antiguos modos de hacer política y de enfrentar elecciones. La boleta única significa para ellos un salto al vacío.
La existencia o inexistencia de los debates, o de las primarias obligatorias, o de las elecciones simultáneas en la provincia de Buenos Aires, son cuestiones que pronostican un enorme trabajo logístico, más que nada para la justicia electoral. Tampoco por eso se pueden hacer los cambios a último momento. Quedan poco más de dos meses para que establishment político decida de una buena vez qué quiere hacer para elegir o ratificar al próximo presidente de los argentinos.
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