Simone Weil, filósofa y pensadora mística francesa: “La alegría no es un lujo ni una recompensa, sino una necesidad esencial del alma”

Simone Weil fue una filósofa y mística francesa que perteneció a la Resistencia de su país durante la Segunda Guerra Mundial y es considerada por Albert Camus “el único gran espíritu de nuestro tiempo”.
Como cuenta una nota del sitio español Lecturas, en 1943 -el año de su muerte- trabajaba en su libro El arraigo, estaba instalada en Londres e intentaba imaginar cómo debería reconstruirse la sociedad después de la Segunda Guerra Mundial.
A partir de ahí, comenzó a hacerse una pregunta clave: ¿Qué necesita el ser humano? De esas conversaciones, surgió su emblemático pensamiento sobre el gozo y la dicha.
Para ella, tal como escribió, “La alegría es una necesidad esencial del alma”.

“La falta de esta emoción, sea por desgracia o simplemente por aburrimiento, es un estado de enfermedad en el cual la inteligencia, el valor y la generosidad se apagan. Es una asfixia. El pensamiento humano se alimenta de alegría”.
Luego, en otro escrito agregó: “La alegría es la plenitud del sentimiento de lo real. No es un lujo ni una recompensa”.
La importancia de la alegría para Weil
De estas palabras, como amplía la nota de Lecturas, puede inferirse que para Weil la alegría profunda tenía que ver con nuestro contacto con la realidad, nuestra capacidad de salir de la obsesión por el yo y atender verdaderamente al mundo.
En cambio, el gran escollo de la sociedad moderna es que la alegría viene casi siempre envasada o recubierta de plástico.
Al mismo tiempo, naturalizamos la dicha como un premio. “Cuando acabe esto, descanso”; “Cuando tenga menos trabajo, volverá a leer”; “Cuando solucione este problema, podré disfrutar”.
De esta forma, quedamos inmersos en un círculo de obligaciones, exigencias y presiones que nos alejan de la satisfacción y el bienestar.
En contraposición, siguiendo la misma nota, Weil nos dice que aquello que nos aporta felicidad no es prescindible. Es, de hecho, esencial, porque sin ello no hay vida humana posible. No podemos vivir, pensar, existir sin alegría.
De acuerdo al pensamiento de Weil, pasear, tomar un café tranquilamente, escuchar música, dedicar tiempo a un hobby o pasar tiempo con personas queridas debería tomarse como una actividad necesaria e impostergable.
La confirmación de la psicología positiva
Muchas décadas más tarde, ya en el comienzo del nuevo milenio, la psicóloga Barbara Fredrickson publicó un minucioso estudio sobre la utilidad de las emociones positivas.

Su tesis partía de la idea de que las emociones negativas tienen funciones bastante evidentes. El enfado nos invita a protegernos; el miedo, a huir. Pero, ¿de qué sirven la alegría, el interés, la serenidad o el amor? Fredrickson propone que también cumplen funciones significativas.
Una de ellas es aceptar la realidad y ayudar a afrontar mejor las dificultades. También son facilitadores para explorar, jugar, relacionarnos, aprender, probar alternativas o contemplar posibilidades distintas.
Con lo cual, la investigación de Fredrickson reafirma lo que Weil anticipó como intuición: “El pensamiento humano se alimenta de alegría”.
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