River llegó a Córdoba para jugar contra su bestia negra: una final ante Belgrano con el futuro de Ponzio en juego

Ciento cuarenta y siete días. Un Mundial. Una histórica inversión de 60 millones de dólares para formar un plantel prácticamente nuevo. Quince futbolistas prescindibles que se fueron. Tres campeones del mundo incorporados. Dos mamporros competitivos. Un entrenador que se fue. Otro que llegó interinamente pero con proyección a seguir y que ahora está en veremos por la misma falta de sustancia que caracterizó a las obras futbolísticas de sus predecesores y Ramón Díaz apareciendo en el horizonte como candidato...
River vuelve al Kempes para jugar, otra vez, una final. Aunque en este escenario no estará en disputa un título como en el 2-3 de la definición del Apertura sino que se empezará a decidir algo más importante: el futuro. En tiempos en los que Leo Ponzio habló del “hoy”, el interrogante sobre el mañana pesa en la cabeza de un plantel que pasó de envalentonarse con las tres primeras victorias del ciclo (Banfield, Independiente Rivadavia, Atlético Tucumán) a perder sustancia. A plagiar las versiones menos atractivas del año (o de los últimos tiempos) a punto tal de ganarle con lo justo a un Estudiantes de Río Cuarto descendido y de empatar en Junín contra Sarmiento. Por eso, el León ensayó cambios y tiene en mente algunos para sorprender y ajustar (ver aparte).
Belgrano-River, final del Apertura. Foto: Fernando de la Orden
Las finales que le quedan al River de Ponzio.
En ese escenario, Belgrano emerge como un nuevo mata-mata pero en otra pelea: la de la clasificación a las Copas. Porque el River de Ponzio no sólo debe mejorar sino que está obligado a hacerlo sumando para no perder la chance de jugar la Libertadores 27. Y enfrente tendrá al elenco de Ricardo Zielinski con todavía una visita pendiente a la Bombonera para descontarle distancia también a Boca. En el escenario más optimista, está claro: una derrota o un empate en Córdoba significará quedar a ocho o nueve puntos con nueve por jugarse. Es decir, una utopía soñar con ir a la CL por el escalafón del 2026.
Leonardo Ponzio en Junín. Foto: Marcelo Carroll.
River necesita reponerse. Ha vuelto a esa espiralización negativa en la que todo parece más complicado de lo que debería resultar por nombres y estatus histórico: ataca mucho, erra demasiado, convierte poco; en defensa le hacen daño con todavía menos. Ecuación que no hace match con las aspiraciones de lograr un título. Que es el plan de máxima, pero que a la vez puede ser la única vía que le quede al equipo para ir a la Libertadores. La que ya no jugó este año y representó la mayor decepción del duro 2025.
La hinchada de River en el Kempes. Foto: Fernando de la Orden
La hinchada de River en el Kempes. Foto: Fernando de la Orden
Que no se repita dependerá de lo que ocurra esta noche en el barrio Chatteau Carreras. Allí donde se esperan 11.500 hinchas visitantes alentando desde la Willington a un River que necesita pegar el estirón para no quedarse con nada otra vez: volver a perder frente a Belgrano no sólo representará volcarle sal parrillera a la herida de antaño (la final del torneo, la Promo) sino que también achicará muchísimo el margen de maniobra para entrar al torneo top organizado por Conmebol. Atando todo a un título que también está lejos, ya que el equipo ni siquiera está en zona de playoff en su propio grupo.
Enfrente, Belgrano. El de un Ricardo Zielinski transformado en bestia negra. Que le ganó en instancias de todo tipo. Que le ahogó un grito de campeón en 2020, en un partido versus Atlético Tucumán atravesado por el controvertido arbitraje. Un Ruso que llegó a golear a River en una Copa Superliga, que siempre parece tener un password para desbloquear las formas de vencer al CARP. Y que de nuevo estará enfrente dirigiendo a un equipo que se estableció con figuras de la talla de Emiliano Rigoni, del Mudo Vázquez, de Lucas Passerini, del Chino Zelarayan, de un creciente Ramiro Hernandes figura en el clásico ante Talleres. Todos jugadores que aprendieron a coexistir dentro de un ecosistema ordenado, que lastiman con facilidad, que entregan con entendimiento del contexto. Y que se acostumbraron a ganar (tres partidos seguidos: Estudiantes RC, Talleres y Racing), lo que vuelve a Belgrano un adversario demasiado peligroso.
Ricardo Zielinski. Foto: Marcelo Carroll.
La hinchada de Belgrano en el Kempes. Foto: Fernando de la Orden
Y contra él va a jugar este River que necesita demostrarse a sí mismo que tiene con qué creer, como alguna vez planteó públicamente Marcelo Gallardo en tiempos de bonanza. Lejanos, por cierto. Ponzio y sus futbolistas deberán dar el golpe sobre la mesa y tienen, en Córdoba, donde los recibió una multitud como de costumbre emocionando por los gestos de cariño, que está en condiciones de superarse a sí mismo y estar al nivel de las expectativas. En otra final. En el mismo lugar en el que se pegó un gran piñón este año. Para que la historia, tan cambiante, por fin se enderecehacer la diferencia en su casa, para ir a la revancha con una ventaja por defender y no por una que buscar.
Los 11 de Belgrano ante River
Thiago Cardozo; Leo Morales, Alexis Maldonado, Lisandro López, Adrián Spörle; Adrián Sánchez, Franco Vázquez; Emiliano Rigoni, Lucas Zelarayan, Ramiro Hernandes; Lucas Passerini. DT Ricardo Zielinski
Los 11 de River ante Belgrano
Santiago Beltrán; Gonzalo Montiel, L. Martínez Quarta, Nicolás Otamendi, F. Ortega /M. Acuña; A. Moreno/F. Vera, Tobías Andrada, Thiago Almada; L. Pereyra/T. Galván, Ángel Correa, L. Beltrán/S. Driussi. DT Leonardo Ponzio
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