La Agencia Espacial Europea prepara en el desierto de Tabernas su búsqueda de vida en Marte: por qué Almería sirve de campo de pruebas
Publicado por César Noragueda
Periodista especializado en cine, ciencia y pensamiento crítico.
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El próximo 1 de octubre, un vehículo de seis ruedas recorrerá un paisaje árido del sureste español. Se llama Charlie y la escena podría confundirse con una expedición de campo. Sin embargo, cada giro y cada trazado de ruta estarán dirigidos hacia un destino muchísimo más lejano.
La Agencia Espacial Europea (ESA), Airbus y varios socios europeos utilizarán este prototipo para realizar tareas vinculadas con la misión ExoMars Rosalind Franklin. Mientras Charlie avance por Tabernas, sus responsables estarán en el Centro de Control de Operaciones del Rover, en Turín. La conexión será por satélite y además se validará un nuevo sistema de navegación autónoma.
¿Por qué preparar una misión marciana en Almería? La respuesta parece evidente al contemplar sus cárcavas y laderas desnudas, pero el parecido visual cuenta solo una parte. Para justificar ese emplazamiento, hay que averiguar qué persigue Rosalind Franklin y cómo detectar una señal de vida alienígena.
Antes de llegar a Marte hay que aprender a equivocarse en la Tierra
Tabernas es lo que los especialistas denominan un análogo planetario: un escenario terrestre cuyas características facilitan reproducir determinados problemas que surgirán durante una incursión extraterrestre. Eso no significa que constituya una copia de Marte. Ningún paraje de nuestro planeta puede serlo.
Tabernas es un análogo planetario: un escenario terrestre cuyas características facilitan reproducir determinados problemas que surgirán durante una incursión extraterrestre.
La idea se entiende mejor con un simulador de vuelo. Para entrenar una emergencia, un piloto no necesita que la cabina imite cada molécula de aire a diez mil metros de altitud. Basta con imitar las variables relevantes para practicar cómo actuar y responder. Los científicos hacen algo semejante con ciertos paisajes naturales.
Un análogo resulta útil según la cuestión planteada. Un enclave puede servir para estudiar cómo se desplaza un vehículo sobre terreno accidentado; otro, para comprobar una perforadora; un tercero, para examinar minerales. El valor no reside en asemejarse a una postal marciana, sino en ofrecer dificultades comparables antes de afrontarlas donde una avería ya no tendría fácil arreglo.
Por qué Tabernas interesa a quienes quieren recorrer otro planeta
El desierto almeriense reúne aridez, escasa cubierta vegetal, sedimentos expuestos, pendientes, piedras y superficies erosionadas capaces de exigir mucho a una máquina móvil. Su geología incluye materiales sedimentarios y un relieve de badlands, esculpido intensamente por el agua y el viento. Es un suelo abrupto e imprevisible, justo lo contrario de una pista acondicionada.
Pero conviene desmontar una imagen tentadora: Charlie no viajará por un pequeño Marte español. La presión atmosférica, la composición del aire, la gravedad, las temperaturas, la radiación y multitud de procesos ambientales son muy diferentes. La utilidad de Tabernas reside en escoger aquellos rasgos que sí hacen posible ejecutar operaciones específicas.
Este vínculo tampoco nace ahora. En 2018, el proyecto ExoFiT ya llevó a Charlie hasta este entorno. Un equipo situado a más de mil kilómetros dirigió el prototipo con los datos que recibía, localizó puntos de interés, sorteó obstáculos y ensayó la toma de muestras, e investigaciones posteriores evaluaron allí espectrómetros Raman de ExoMars.
Aquella campaña aportó una lección muy terrestre. Las lluvias intensas complicaron las actividades y obligaron a comprimir el programa. Ahí reside la razón: afrontar lo desconocido no consiste en seguir un guion, sino en averiguar qué hacer cuando la realidad se niega a obedecerlo.
El desierto almeriense reúne aridez, escasa cubierta vegetal, sedimentos expuestos, pendientes, piedras y superficies erosionadas capaces de exigir mucho a una máquina móvil.
Charlie cruzará Almería, pero sus conductores estarán en Turín
La distancia entre el prototipo y quienes lo guían no es un inconveniente que la Agencia Espacial Europea quiera evitar, sino parte del experimento. Durante la próxima campaña, las órdenes viajarán desde Turín hasta Tabernas mediante un enlace por satélite. En paralelo, se validará la tecnología con la que Charlie podrá orientarse solo.
En Marte, no sería posible manejar un rover como un coche radiocontrolado. Dependiendo de la posición relativa de ambos planetas, una señal tarda varios minutos en cubrir el trayecto entre la Tierra y el planeta rojo. No hay un volante con el que reaccionar al instante ante una roca inesperada.
Imaginemos conducir por un camino desconocido viendo solo los datos que el automóvil puede enviarnos y sabiendo que nuestras instrucciones no llegarán de inmediato. La solución pasa por repartir responsabilidades: los humanos establecen metas y planes; la máquina debe ejecutar determinadas tareas, interpretar lo que tiene delante y desplazarse con cierto grado de autonomía.
En Marte, no sería posible manejar un rover como un coche radiocontrolado por la posición relativa de ambos planetas: una señal tarda varios minutos en cubrir el trayecto entre la Tierra y el planeta rojo.
Almería ofrece margen para detectar errores, revisar programas y repetir un itinerario. En otro mundo, esa segunda oportunidad puede no existir.
El verdadero objetivo no es conducir, sino encontrar algo que quizá ya no exista
Moverse con seguridad es únicamente el medio. El propósito de Rosalind Franklin es más ambicioso: rastrear indicios de vida pasada o presente en Marte. La Agencia Espacial Europea prevé lanzar la misión entre octubre y diciembre de 2028 y depositar el rover sobre la superficie marciana en 2030.
La vida extraterrestre puede evocar una cámara descubriendo algún organismo, pero el trabajo real será bastante menos cinematográfico y científicamente más delicado. Los investigadores tratarán de reconocer posibles biofirmas: sustancias, estructuras o patrones cuya presencia pueda estar relacionada con procesos biológicos y que deban valorarse junto con el contexto químico y geológico.

El lugar escogido para el aterrizaje, Oxia Planum, conserva terrenos antiguos ricos en arcillas y vestigios de una historia vinculada al agua. Allí, cámaras, espectrómetros y un radar que sondea el subsuelo contribuirán a priorizar enclaves prometedores.
Después, llegará una capacidad que distingue a Rosalind Franklin: su taladro podrá penetrar hasta dos metros y extraer material para introducirlo en el laboratorio incorporado al propio vehículo; no se perforará simplemente para saber qué hay debajo. La profundidad es parte esencial de la estrategia para hallar rastros que quizá hayan sobrevivido durante miles de millones de años.
Dos metros pueden separar una superficie hostil de un archivo del pasado
La atmósfera marciana es extremadamente tenue y proporciona poca protección frente a la radiación que alcanza el suelo. Ese bombardeo, junto con la química superficial, puede alterar o destruir moléculas orgánicas. Cuanto más tiempo permanezca expuesta una eventual huella antigua, peor puede llegar hasta nosotros.
Pensemos en dos fotografías idénticas guardadas durante décadas. Una permanece sobre una mesa bañada diariamente por el sol; la otra descansa dentro de un cajón. Pasado mucho tiempo, ambas tienen la misma edad, pero no necesariamente retienen igual cantidad de información. Rosalind Franklin intentará abrir, metafóricamente, el cajón marciano.
Por eso, sus dos metros importan tanto. Ningún rover ha explorado hasta esa profundidad en Marte para rastrear materia orgánica. Una vez recogido, el material será procesado con herramientas destinadas a caracterizar su mineralogía y composición molecular.
Tabernas ya ha servido para poner a punto parte de esa cadena. Durante ExoFiT, se obtuvieron testigos del subsuelo y un equipo empleó sistemas de espectroscopia Raman, técnica que ilumina una muestra con un láser y estudia cómo cambia la luz dispersada para reconocer sustancias. El análisis distinguió las principales fases de su constitución pétrea y registró indicios compatibles con grupos orgánicos.

Así, Almería deja de ser un decorado parecido a otro planeta, y el desierto de Tabernas Se convierte en un lugar donde ensayar cómo leer el suelo en busca de biofirmas antes de interrogar a las rocas marcianas.
Encontrar una señal no significa haber encontrado vida
Aquí surge una diferencia crucial: detectar una molécula orgánica no equivale a descubrir un ser vivo ni acredita por sí sola que lo hubiera en el pasado. “Orgánico” describe, en este contexto, sustancias basadas principalmente en carbono, y muchas pueden originarse mediante procesos que no requieren biología.
Una posible biofirma necesita contexto. Los especialistas deberán considerar dónde apareció, qué minerales la acompañan, cómo pudo formarse aquella roca, qué transformaciones sufrió y si existe una explicación geoquímica alternativa. Cada técnica sumará una pieza independiente de ese rompecabezas.
Las simulaciones realizadas en Almería ayudan a discriminar una señal interesante de un artefacto, una contaminación o una lectura defectuosa.
Esta cautela no resta emoción a la búsqueda, sino que aclara su dificultad. Cuanto más extraordinaria sea una interpretación, más importante resultará descartar causas ordinarias. Incluso un desenlace ambiguo puede enseñar mucho sobre la evolución ambiental marciana.
Las simulaciones realizadas aquí ayudan a discriminar una señal interesante de un artefacto, una contaminación o una lectura defectuosa. Antes de plantearse si Marte albergó organismos, hay que estar seguros de que sabemos escuchar lo que cuentan sus piedras.
Lo que salga bien en Marte habrá empezado mucho antes en Almería
El 1 de octubre, Charlie probablemente no protagonizará un descubrimiento espectacular. Su éxito tendrá otra medida: mostrar si todo opera como estaba previsto, dónde surgen contratiempos y qué puede mejorarse mientras todavía es posible intervenir con herramientas y especialistas a pocos metros.
Esa aparente modestia encierra una idea poderosa. Las grandes misiones espaciales no comienzan cuando despega un cohete ni cuando unas ruedas pisan suelo extraterrestre, sino años antes, en laboratorios, centros de control y paisajes capaces de anticipar parte de lo desconocido.
Si Rosalind Franklin da algún día con un indicio especialmente prometedor bajo la superficie marciana, comprender correctamente su significado dependerá de muchos pasos afinados previamente en la Tierra. Algunos se pondrán en práctica bajo el cielo de Almería.
Tabernas permite vislumbrar así algo más profundo que las capacidades de un rover. Buscar vida fuera de nuestro planeta exige aprender primero cómo identificarla sin engañarnos. Antes de recibir contestación desde Marte, tenemos que asegurarnos de haber planteado el interrogante bien.
Referencias
- Agencia Espacial Europea (ESA). "Convocatoria de interés: Pruebas de un vehículo explorador de Marte en España". 17 de septiembre de 2026.
- Agencia Espacial Europea (ESA). "ExoMars rover targets vast bed of clay in search for life". 4 de junio de 2026.
- Agencia Espacial Europea (ESA). "ExoMars rover testing moves ahead and deep down". 14 de marzo de 2023.
- Marco Veneranda, Guillermo López-Reyes, José Antonio Manrique-Martínez, Aurelio Sanz-Arranz, Jesús Medina, Carlos Pérez, César Quintana et al. "Raman spectroscopy and planetary exploration: Testing the ExoMars/RLS system at the Tabernas Desert (Spain)". Microchemical Journal, 25 de marzo de 2021.
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