El camino artesanal que convierte flores medicinales en cremas y ungüentos

Marina Luci encontró en las plantas medicinales una forma de unir maternidad, naturaleza y cuidado. Así nació Sabe a Rama, un emprendimiento artesanal que transforma flores, hierbas y aceites vegetales en productos para la piel elaborados con paciencia, conocimiento y respeto por los ciclos naturales.
El nombre del proyecto encierra una historia personal. Sabe a Rama surge de la unión de los nombres de sus hijos. “Ellos, a través de la crianza y de un deseo profundo mío, me llevaron a este maravilloso mundo de las plantas medicinales”, cuenta Marina. Su vínculo con la naturaleza se remonta a los primeros años. En una familia numerosa de seis hermanos, mientras todos colaboraban con las tareas del hogar, Marina siempre elegía cortar el pasto. También recuerda con cariño a su abuela cordobesa, con quien compartía el amor por las plantas y de quien recibía pequeños gajos guardados en cacharritos. Más tarde, al mudarse a Ingeniero Maschwitz, rodeada de calles de tierra, arboledas y jardines, sintió que esa conexión con la tierra se hacía cada vez más fuerte. Impulsada por la curiosidad, comenzó a formarse en fitomedicina y cosmética natural. Viajó a Famatina para aprender con una yuyera local y descubrió el potencial terapéutico de las plantas. “Las plantas curan. Creo en su poder, en sus aromas, en sus colores y en toda la información y medicina que nos regalan”. Con esa convicción, y guiada por su olfato y su amor por la belleza, creó una línea de cosmética que define como profundamente aromática y botánica.
Uno de los aspectos más importantes de su trabajo es la agricultura biodinámica, disciplina que hoy la entusiasma especialmente. Marina siembra, cultiva y cosecha en su propio jardín muchas de las plantas que utiliza, siguiendo el calendario biodinámico y respetando las fases lunares. La producción es completamente artesanal y se realiza en el laboratorio que instaló en su casa.
Trabaja con aceites vegetales (de almendras, jojoba, rosa mosqueta y oliva orgánico), en los que macera las plantas durante 28 días, un ciclo lunar completo. Durante ese tiempo, los principios activos pasan al aceite, que luego se convierte en la base de cremas faciales, corporales, sérums, jabones, geles de limpieza y ungüentos. La caléndula es la especie emblemática de su emprendimiento. “Es la planta base de Sabe a Rama. Tiene una enorme capacidad para regenerar y suavizar los tejidos de la piel”. Entre las demás especies también se destacan la manzanilla, la lavanda, la cola de caballo (Equisetum).
Uno de sus productos más representativos es Santa Calma, una pomada elaborada con caléndula, lavanda, manzanilla, cera de abejas y aceites esenciales. Está pensada como un pequeño botiquín vegetal para aliviar quemaduras, paspaduras, irritaciones y otras afecciones cutáneas. “La cera de abejas ayuda a regenerar los tejidos y, junto con estas plantas, aporta un efecto calmante y cicatrizante”, comenta su creadora. Recientemente incorporó un alambique de cobre para destilar sus propias plantas.
Mediante vapor de agua obtiene aceites esenciales e hidrolatos, con los que produce aguas florales y nuevas formulaciones. Este proceso le permite aprovechar al máximo las propiedades de cada especie y ampliar el universo sensorial de sus creaciones.
« Estamos tan ligados a la naturaleza que solo es cuestión de darle su lugar. Las plantas curan. Creo en su poder, en sus aromas, en sus colores, en toda la información y medicina que nos regalan»
Para Marina, la cosmética natural no solo ofrece beneficios para la piel, sino también una manera más consciente de relacionarse con el cuerpo y con el ambiente. “No poner químicos ni conservantes sobre la piel es una forma de volver a lo verdadero”. Aunque los procesos son más lentos, sostiene que los resultados son más sanos, efectivos y respetuosos tanto con la Tierra como con las personas.
En Sabe a Rama, cada crema, ungüento o agua floral es el resultado de una cadena completa: sembrar, cosechar, macerar, destilar y formular. Un proceso artesanal donde el jardín se transforma en laboratorio y las plantas revelan, gota a gota, toda su capacidad de sanar.
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