Siguen durante 7 años a las mantarrayas gigantes y descubren por qué sus crías prefieren no alejarse de la costa
Un estudio realizado durante siete años en Centroamérica revela por qué las mantarrayas gigantes permanecen cerca de la costa cuando son jóvenes y cómo cambia su comportamiento al crecer.
Publicado por Christian Pérez
Redactor especializado en divulgación científica e histórica
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En las aguas del Pacífico de Costa Rica habita un animal capaz de superar los siete metros de envergadura y alcanzar las dos toneladas de peso. Se trata de la mantarraya gigante (Mobula birostris), una de las criaturas más impresionantes del océano. Sin embargo, sus enormes dimensiones no la acompañan desde el nacimiento. Durante sus primeros años de vida es mucho más pequeña y vulnerable, especialmente frente a depredadores como los tiburones y las orcas.
¿Cómo consigue sobrevivir hasta convertirse en uno de los gigantes del mar? Un equipo de investigadores acaba de encontrar una posible explicación: las mantarrayas jóvenes permanecen durante largos periodos en aguas costeras poco profundas y solo amplían considerablemente sus desplazamientos cuando alcanzan la madurez.
El descubrimiento, publicado en la revista científica Frontiers in Fish Science, también revela que las mantarrayas adultas pueden recorrer miles de kilómetros y atravesar las aguas de varios países.
Siete años siguiendo los movimientos de las mantarrayas gigantes
Para conocer sus desplazamientos, investigadores de Mantas Costa Rica y otras organizaciones científicas estudiaron distintas poblaciones del Pacífico centroamericano entre 2018 y 2025.
El trabajo combinó tres técnicas de seguimiento. Por una parte, colocaron transmisores acústicos a 59 mantarrayas para registrar su presencia en determinados lugares. También utilizaron dispositivos de seguimiento por satélite en otros 12 ejemplares y fotografías para reconocer individualmente a los animales.
Esta última técnica resulta especialmente útil porque cada mantarraya presenta un patrón de manchas en el vientre que permite distinguirla de las demás.

El resultado fueron 12.029 detecciones acústicas válidas, una cantidad considerable de información que permitió reconstruir parte de sus movimientos entre arrecifes costeros, estaciones de limpieza y zonas oceánicas.
«Demostramos que el estilo de vida de las mantarrayas no responde a un patrón único. Las mantarrayas gigantes de Centroamérica experimentan un cambio drástico en el uso del espacio a medida que maduran», explica Jeffry Madrigal-Mesén, investigador principal del estudio y responsable del proyecto Mantas Costa Rica.
El refugio que necesitan antes de aventurarse mar adentro
Los resultados muestran una diferencia llamativa entre jóvenes y adultos. Los ejemplares inmaduros estudiados, con una anchura corporal de aproximadamente tres metros o menos, permanecían vinculados a las aguas próximas al litoral.
Estos lugares reúnen condiciones especialmente favorables para su desarrollo. Allí encuentran alimento y arrecifes que funcionan como estaciones de limpieza, donde pequeños peces eliminan parásitos y restos de tejido de su piel.
Además, los investigadores consideran que estos ambientes podrían reducir su exposición a algunos de los grandes depredadores presentes en aguas abiertas.
«Los adultos maduros pueden confiar en su enorme tamaño corporal y en su capacidad para sumergirse a grandes profundidades para evitar las amenazas. Pero los juveniles no tienen ese lujo», señala Madrigal-Mesén. La investigación sugiere, por tanto, que el tamaño influye decisivamente en la manera en que estos animales utilizan el océano.
No obstante, los datos no permiten asegurar que todos los juveniles permanezcan siempre cerca de la costa ni demostrar directamente que lo hagan exclusivamente para evitar a los depredadores. El seguimiento por satélite incluyó únicamente dos ejemplares inmaduros.

Una mantarraya llamada Mickey Mouse revela otro comportamiento inesperado
La madurez tampoco significa necesariamente abandonar para siempre los lugares donde crecieron. Uno de los casos más interesantes del estudio es el de un macho apodado Mickey Mouse, llamado así por las particulares manchas de su vientre.
Este animal permitió a los investigadores seguir sus movimientos durante varios años. En 2020, los receptores acústicos registraron 462 detecciones de su presencia en El Secreto, una zona costera de Costa Rica.
Lo sorprendente llegó tres años después, cuando volvió a la misma región y permaneció allí durante 38 días. Su comportamiento demuestra que las mantarrayas adultas pueden mantener una estrecha relación con determinados lugares, incluso cuando realizan grandes desplazamientos oceánicos. Y existe una posible razón.
Las estaciones de limpieza no sirven únicamente para eliminar parásitos. También constituyen puntos de encuentro donde estos animales pueden desarrollar interacciones sociales, conductas de cortejo y actividades relacionadas con la reproducción.
Por eso, regresar periódicamente a un arrecife conocido puede resultar ventajoso incluso para una mantarraya capaz de recorrer enormes distancias.
Viajes de miles de kilómetros y fronteras que no existen bajo el agua
Los transmisores también permitieron documentar desplazamientos extraordinarios. Nueve de las doce mantarrayas seguidas por satélite atravesaron fronteras marítimas, saliendo de las aguas costarricenses hacia otras zonas del Pacífico centroamericano.
Algunos recorridos alcanzaron las aguas de Nicaragua, El Salvador, Honduras y Guatemala, además de sectores internacionales del océano.
Uno de los ejemplares protagonizó una migración acumulada de 1.832 kilómetros en aproximadamente 41 días de seguimiento, desde las proximidades de la isla del Coco hacia el norte de Centroamérica.
El estudio documentó incluso desplazamientos acumulados superiores a los 3.800 kilómetros en otros individuos.
Estos movimientos presentan una dificultad evidente para su conservación: las mantarrayas no reconocen las fronteras que separan las áreas marinas protegidas de las zonas donde operan las flotas pesqueras.

El peligro aparece cuando abandonan sus refugios
La mantarraya gigante está catalogada como especie en peligro de extinción por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).
Aunque su gran tamaño reduce la amenaza de determinados depredadores cuando alcanza la edad adulta, no evita los daños provocados por las actividades humanas. Por ejemplo, las capturas accidentales, las redes de pesca y las colisiones con embarcaciones representan amenazas importantes para su supervivencia.
El nuevo estudio identifica una limitación especialmente preocupante: algunos corredores migratorios utilizados por estos animales quedan fuera de las áreas marinas protegidas.
Los autores proponen desarrollar corredores internacionales de conservación que conecten sus refugios costeros con las rutas oceánicas de los adultos. La idea es proteger no solo determinados lugares, sino también los trayectos que los animales recorren entre ellos.
Porque el estudio deja una conclusión importante: para conservar a uno de los mayores habitantes del océano no basta con proteger las aguas donde pasa sus primeros años. También es necesario comprender adónde viaja cuando crece.
Referencias
- Bridging coastal aggregation hubs and oceanic sanctuaries: The first multi-scale telemetry baseline for the giant manta ray (Mobula birostris) in Central America, Frontiers in Fish Science (2026). DOI: 10.3389/frish.2026.1916489
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