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Monday, October 5, 2026

Columna de Claudio Agostini: “Pymelandia”

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“Lo bueno viene en frasco chico” dice un refrán popular, “y el veneno también” es muchas veces la respuesta. Hablar de pymes en Chile no es muy distinto. Sin duda, tener una idea y emprender, al principio en tamaño pequeño, es algo positivo que hay que incentivar. Tal vez por esa razón o porque 43% del empleo formal está en las Pymes, muchos líderes políticos y de opinión creen que una “buena” empresa viene en “frasco chico”. Sin embargo, olvidan que las pymes pagan sueldos más bajos, tienen mayores deudas previsionales y capacitan menos a sus trabajadores. Producto de la sobrevaloración, hay múltiples programas y políticas públicas para pymes que benefician principalmente a sus dueños y generan no poco de “veneno” en la economía.

Más allá de la multitud de programas de apoyo y fomento existentes, los que debieran ser evaluados para saber si pasan un test de costo-beneficio, las pymes tienen ventajas para competir en compras públicas y beneficios tributarios que son un ejemplo de mala política tributaria y generan ineficiencias y efectos perversos.

Primero, en minería, agricultura, y transporte, las pequeñas empresas tributan en base a renta presunta y no utilidades efectivas, con lo que sus dueños pagan, en promedio, la mitad de los impuestos que les corresponden según sus ingresos. Esto genera inequidad tributaria, ya que empresas con las mismas utilidades, pero en otros sectores de la economía pagan más impuestos.

Segundo, las pymes tienen una tasa mucho menor de impuesto de Primera Categoría, diferencia que genera incentivos para crear pymes para eludir o evadir impuestos por parte de personas de altos ingresos. Es así como existen muchas pymes de “papel”, tienen ventas, automóviles de los socios y gastos en compras de supermercados y restaurantes, pero no tienen ni trabajadores ni oficinas. El resultado de esta distorsión no es sólo menor recaudación y una disminución de la progresividad del impuesto a la renta, sino que una nueva inequidad tributaria horizontal, ya que los dueños de las pymes pagan menos impuestos que trabajadores dependientes que tienen los mismos ingresos.

Tercero, los beneficios tributarios y los programas estatales de financiamiento y apoyo se basan en que las ventas de las pymes sean menores a un tope, así que no hay incentivos para crecer y se pierden economías de escala que podrían ser importantes. Además, puede ser rentable mantener viva una empresa ineficiente sólo por los beneficios asociados a su existencia. Se distorsiona así la cantidad y el tamaño de las pymes. De hecho, posiblemente producto de tantos beneficios, Chile se ha convertido en pymelandia y tiene un exceso de pymes respecto a otros países con los cuales nos gusta compararnos.

En una economía moderna y dinámica, hay empresas que nacen y otras que mueren regularmente. Hay empresas innovadoras que entran al mercado y sacan a las más ineficientes. Este proceso de innovación y competencia es sano y entorpecerlo no tiene ninguna ventaja para el país, aunque sí lo tenga para los dueños de las pymes beneficiadas.

No hay buenas razones para tener beneficios especiales para las pymes, excepto que tributen en base caja para no tener problemas de liquidez, lo que ya existe. Lo único relevante es que sea fácil y expedito formar nuevas empresas y que sea igualmente rápido cerrar una cuando fracasa, resguardando obviamente los derechos de sus trabajadores. Adicionalmente, independiente del tamaño de la empresa, es importante tener políticas públicas que permitan que un buen proyecto siempre tenga financiamiento a tasas competitivas. Lo demás es simplemente dejar y garantizar que la competencia funcione y una fuerte política de defensa de la libre competencia es la mejor política pro-pyme posible. Como resultado, algunas serán exitosas y otras fracasarán, pero como país haremos un uso eficiente de los recursos escasos que tenemos. Ello genera mayor crecimiento económico y mayor productividad, precisamente algo que está estancando hace muchos años en Chile.

El autor de la columna es académico de la Facultad de Ingeniería y Ciencias, Universidad Adolfo Ibáñez.

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