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Saturday, October 31, 2026

El manejo de expectativas frente a las cifras económicas

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El escenario económico se ha seguido complicando para el país, luego de que el jueves se conocieran las cifras de desempleo para el trimestre julio-septiembre, las que arrojaron una tasa de desocupación de 9,8%, superando con ello el millón de personas desempleadas, una cantidad que solo se observó en los tiempos de pandemia. A su turno, el Banco Central -que dejó sin cambios su tasa de política monetaria- alertó que los riesgos para la inflación han aumentado de forma relevante, y si bien se anticipa que la economía local retomará impulso hacia 2027, “no puede descartarse que su debilidad actual sea más persistente que lo previsto”.

El lunes se darán a conocer las cifras de actividad para el mes de septiembre, las que quizás vengan algo mejor de lo previsto, si bien el ministro de Hacienda sinceró, en su presentación ante la Enade, que en los meses venideros se pueden esperar algunos Imacec negativos. Con ello parecen confirmarse las estimaciones de que el crecimiento de la economía chilena rondará el 0% para este año -sin que pueda descartarse que terminemos con un registro negativo-, escenario que a comienzos de año resultaba inimaginable.

Esta combinación de muy bajo crecimiento, desempleo bordeando los dos dígitos -ya se acumulan seis meses consecutivos con registros sobre el 9%- y una trayectoria inflacionaria muy incierta, desde luego supone un cuadro de especial complejidad para la política monetaria, donde el Banco Central tendrá que enfrentarse al exigente dilema de cómo calibrar las alzas o bajas de tasas, pero desde luego también representa un desafío para el gobierno, ante la insatisfacción ciudadana por la falta de oportunidades laborales y los reclamos por una economía que sigue sin despegar, lo que en parte ya se refleja en los altos índices de desaprobación a la gestión del Presidente Kast.

Frente a ello, tanto el Mandatario como el ministro de Hacienda han salido esta semana a reforzar los mensajes de optimismo al mundo empresarial, haciendo ver que pese a los problemas que hoy enfrenta el país, las perspectivas futuras resultan especialmente promisorias. Primero fue el propio Mandatario, quien durante un encuentro con empresarios agrícolas prometió que, si le dan un voto de confianza, “el 2027 será extraordinario”. El mensaje de optimismo lo reiteró en su discurso ante la Enade, recordando que “prometimos ordenar las cuentas fiscales” y que este año el déficit fiscal va a cerrar en un 1,8% del producto, un punto menos que la proyección inicial. También dijo que su promesa de reactivar la inversión se está cumpliendo, consignando que desde marzo se han aprobado proyectos por casi US$ 37 mil millones, que han ingresado a trámite unos US$ 40 mil millones y que se han destrabado iniciativas por más de US$ 17 mil millones. También recordó las rebajas de impuestos y la competitividad tributaria gracias a la recientemente promulgada megarreforma.

Pero no se quedó solo en eso, sino que fue más allá e hizo un emplazamiento directo a los empresarios: “Así como vamos a rebajar impuestos, necesitamos que eso que ya no vaya al Estado, no quede en una cuenta de ahorro, en un depósito a plazo, en un fondo mutuo. Necesitamos que con esos recursos se contraten más personas (…) Nosotros estamos haciendo esa pega. La pregunta es si ustedes están dispuestos a hacerla”, un mensaje que también se encargó de transmitir el ministro de Trabajo, exhortando a la contratación.

El ministro de Hacienda, por su parte, señaló que el fuerte ingreso de inversión “no es consecuencia del azar, sino de la percepción de muchos empresarios de que vamos bien encaminados con nuestro programa económico, que va a implicar un crecimiento sostenido de la inversión y de la actividad, no solo para el próximo año, sino para muchos años más”, refrendando sus metas de lograr un crecimiento tendencial de 4% al final del período de gobierno y de 6,5% de desempleo. “Me dicen que los números son ambiciosos, pero yo en lo personal, al menos, no tengo miedo de equivocarme por ambicioso”.

No cabe duda de que tras la aprobación de la megarreforma el país cuenta con condiciones especialmente favorables para la inversión, como probablemente hace décadas que no ocurría, y aunque es tarea de la autoridad buscar que el optimismo se mantenga en alto, cabe interrogarse hasta dónde resulta prudente generar expectativas que a la luz de los datos actuales resultan muy auspiciosas, sin que aparentemente se estén calibrando los efectos de que dichos pronósticos se tarden en cumplir, ya sea por trabas internas o por conflictos internacionales.

La realidad que vive el país parece estar sugiriendo que la transición entre el deprimido escenario que hoy se vive hacia otro donde la inversión y el empleo resurjan con fuerza se ha ido extendiendo más allá de lo deseado, lo que no solo reabre el debate sobre los planes que el equipo económico está manejando para contener los efectos sociales durante este complejo período, tomando en cuenta que la mayor parte de las nuevas inversiones son iniciativas de mediano y largo plazo, lo que requiere medidas inmediatas, sino que también debería llevar a no alimentar promesas que no se logren cumplir en los plazos autoimpuestos o en la magnitud proyectada, lo que previsiblemente se considerará como una promesa incumplida del gobierno que el mundo político se encargará de cobrar, además de amplificar los sentimientos de frustración en la ciudadanía. No sería sano para el gobierno que la confianza en su capacidad para predecir escenarios se ponga en tela de juicio, porque ello sí terminará afectando las expectativas.

Los llamados al empresariado para que reactiven ahora la contratación, además de voluntaristas, pueden inducir sesgos donde se termine trasladando al mundo productivo la responsabilidad por el alto desempleo, lo que no es correcto, pues si bien la inversión y el trabajo fundamentalmente es generado por el sector privado, ello ocurrirá en la medida que las empresas necesiten más trabajadores y puedan solventar su costo, lo que no descansa en llamados a la buena voluntad. Por lo demás, mientras el país no emprenda reformas estructurales que reduzcan los costos laborales -tanto en la contratación, pero también en las normas que regulan el despido, el cual sigue siendo muy oneroso-, es difícil imaginar que pueda haber contrataciones en la magnitud que se requiere, una materia que el Mandatario omitió en sus arengas a los empresarios.

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