El Congreso, entre Valparaíso y Santiago

El Congreso Nacional surgió en el proceso de Independencia y ha tenido cambios importantes a través de más de dos siglos de vida republicana. Ha sido unicameral o bicameral, con diferentes sistemas electorales, en régimen presidencial o parlamentario, con todos los representantes elegidos o bien con algunos institucionales.
Desde el regreso a la democracia, tres gobernantes habían pasado por el Senado (Patricio Aylwin, Eduardo Frei R-T y Sebastián Piñera) y dos por la Cámara de Diputados (Gabriel Boric y José Antonio Kast).
Una discusión reciente se refiere a la posibilidad de que algunas sesiones se realicen en Santiago, en circunstancias de que desde 1990 la sede del Poder Legislativo se encuentra en Valparaíso. Aunque esto solo ocurriría en situaciones excepcionales, y que daría más vida al edificio histórico del centro de Santiago –utilizado en el proceso constituyente–, de inmediato la propuesta ha generado polémica, con argumentos que advierten el regreso del centralismo o el riesgo de que sea el comienzo de un cambio definitivo a la capital.
Los funcionarios se han opuesto por razones múltiples: transgresión a la Constitución, respeto a los funcionarios, apoyo a la descentralización y eventual gasto irresponsable de los recursos públicos.
El tema es de gran importancia. En diversas mediciones, el Congreso tiene una mala evaluación ciudadana; durante un tiempo se promovió y funcionó un parlamentarismo de facto, los millonarios sueldos de algunos funcionarios han causado escándalo e incluso la Convención propuso modificar su fórmula histórica en el primer proceso constituyente.
Chile requiere tener un Congreso sólido y respetado. Para ello deberían combinarse algunas cosas: austeridad en el gasto, una adecuada representación, revisión del sistema electoral (que evite la proliferación de fuerzas demasiado pequeñas, las llamada PYMES políticas), calidad de los senadores y diputados y centralidad de las preocupaciones ciudadanas en la labor legislativa. Por lo mismo, apuntar hacia estas necesidades y evitar polémicas innecesarias es un paso valioso, aunque no único, para el prestigio del Congreso y una mayor fecundidad de su labor. Para ello, ciertamente, también deben evaluarse mejores condiciones de coordinación con el Poder Ejecutivo y los requerimientos para enfrentar eventuales situaciones de emergencia.
Por Alejandro San Francisco, académico Universidad de Tarapacá.
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