¿Quién llevó la agricultura occidental a Gansu, China, hace 3.500 años? El ADN plantea una sorprendente respuesta
¿Cómo llegó la agricultura occidental a Gansu sin la mediación de migrantes? Los genomas antiguos revelan el papel que tuvieron las semillas, los animales y las redes de intercambio en el proceso.
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Tras años de estudios científicos, se ha alcanzado la conclusión de que el trigo, la cebada, las ovejas y el ganado vacuno llegaron a la provincia de Gansu, en el noroeste de China, desde el oeste de Eurasia. Los datos apuntan a que las semillas y los animales cruzaron el continente. Sin embargo, esos mismos datos sugieren que las personas que los cultivaron apenas se movieron.
Esa es la paradoja que plantea una ambiciosa investigación que combina genómica antigua, arqueología funeraria e isótopos para reconstruir cómo se difundieron las innovaciones agrícolas en un periodo de entre 4.700 y 3.000 años AP. Publicado en la revista Cell en septiembre de 2026, el estudio obliga a matizar una idea muy extendida: que la agricultura viaja siempre en compañía de agricultores.
Cuando llegaron los cultivos occidentales y el ganado a Gansu hace más de 4.000 años, ¿llegó también la gente desde el oeste?
Gansu, una encrucijada entre estepas, mesetas y ríos
Gansu ocupa una posición estratégica en la Edad del Bronce. Se trata de un pasillo natural que conecta el corredor de Hexi, Asia Central, las estepas euroasiáticas y las comunidades agrícolas de la cuenca del río Amarillo. Por esa franja circularon durante milenios personas, animales, metales y conocimientos técnicos. No sorprende, pues, que esta región funcione hoy como un laboratorio de primer orden para estudiar los primeros intercambios transeurasiáticos, es decir, los contactos de larga distancia que conectaron Oriente y Occidente antes de la consolidación de las rutas comerciales históricas.
El objetivo de la investigación liderada por Han Shi era responder a una pregunta aparentemente sencilla: cuando llegaron los cultivos y el ganado occidentales, ¿llegó también gente desde el oeste? Si bien en otras regiones de Eurasia la expansión agrícola coincidió con desplazamientos demográficos, el caso de Gansu requería un análisis más profundo.
Las pruebas genéticas apuntan a que los individuos estudiados no muestran una influencia clara de poblaciones del oeste de Eurasia ni de Asia Central. Su ascendencia se asociaba sobre todo con la cuenca del río Amarillo, el sureste de la meseta mongola y la meseta tibetana. Es decir, la población local mantuvo, en lo esencial, su perfil genético.

Las pruebas genéticas apuntan a que los individuos estudiados no muestran una influencia clara de poblaciones del oeste de Eurasia ni de Asia Central.
Difusión, movilidad y migración: tres cosas distintas
Una innovación surgida en un determinado contexto geográfico puede extenderse a otros lugares fuera de sus fronteras, pero eso no significa que una población entera se desplace. Así, la migración masiva implica que un grupo numeroso se traslada y reemplaza total o parcialmente a la población previa. La movilidad individual describe desplazamientos puntuales, ya sea por matrimonio, comercio o pastoreo. Y la difusión cultural se refiere a la propagación de ideas, técnicas e incluso cultivos o animales sin necesidad de un movimiento demográfico de fondo.
Una semilla de trigo, un animal o el conocimiento para fundir metal pueden viajar de mano en mano a través de comerciantes, pastores o matrimonios entre comunidades. La adopción posterior de esa semilla o ese conocimiento, sin embargo, es local y selectiva. Las comunidades escogen qué incorporar a su cotidianidad y cómo integrarlo en un sistema de prácticas previas. Por tanto, encontrar evidencias de trigo y cebada en un yacimiento no permite identificar automáticamente a los agricultores que los cultivaron por primera vez.
Esta lectura coincide con lo que las investigaciones regionales llevan documentando desde hace más de una década. Trabajos como los de Fuller sobre la expansión de cultivos por Asia, o los análisis isotópicos de Atahan y su equipo en el corredor de Hexi, ya apuntaban a una adopción del cultivo del trigo y la cebada y de la cría de ovejas que coexistía con las tradiciones agrícolas locales basadas en el mijo, sin una sustitución simple y uniforme. En ese sentido, el mijo doméstico convivió con los cereales recién llegados.
Trabajos previos ya apuntaban a una adopción del cultivo del trigo y la cebada y de la cría de ovejas que coexistía con las tradiciones agrícolas locales basadas en el mijo.
Uno de los yacimientos centrales en los que se basó el estudio fue el cementerio de Mogou, en el condado de Lintan. Con más de 30 hectáreas, 1.700 tumbas y restos de más de 6.000 individuos, fechados entre 1750 y 1100 a. C., ofrece un archivo excepcional para analizar el proceso de adopción de cultivos y ganado a lo largo del tiempo. Su fase principal se vincula con la cultura de Qijia (ca. 1750-1400 a. C.), mientras que más de un centenar de enterramientos corresponden a la fase posterior de la cultura de Siwa (ca. 1400-1100 a. C.).
Mogou funciona como algo más que un depósito de restos humanos. Muchas de sus tumbas eran colectivas y algunas se reabrían para añadir nuevos enterramientos, con hombres, mujeres y niños compartiendo el mismo espacio a lo largo del tiempo. Estos sepulcros, por tanto, operaban como espacios duraderos de pertenencia, memoria y parentesco, un verdadero archivo social en el que las relaciones se hacían visibles generación tras generación.

El análisis de individuos enterrados en el cementerio de Mogou sugiere una comunidad conectada, con extensas redes de parentesco que se mantuvieron a lo largo de la transición de la cultura de Qijia a la de Siwa, y con matrimonios tanto dentro como fuera del grupo.
ADN, parentesco y tumbas colectivas
Un estudio publicado en Antiquity en 2023 que analizaba las relaciones de parentesco en la Edad del Bronce a partir del cementerio de Mogou mostró la complejidad social de estos grupos humanos a través de la tumba M80. En este espacio, que contenía 12 individuos, los investigadores recuperaron ADN mitocondrial de 10 de ellos e identificaron ocho haplogrupos maternos distintos.
Esa diversidad materna resulta reveladora. Sugiere que quienes reposaban juntos procedían de líneas familiares diversas, un rasgo compatible con prácticas de exogamia (matrimonios fuera del grupo local) o con la incorporación de personas llegadas de otras redes familiares. En cambio, tres varones de M80 compartían el mismo linaje del cromosoma Y, el haplogrupo O-F8, asociado a ascendencias paternas frecuentes entre los agricultores neolíticos de la cuenca del río Amarillo. Ese patrón, con un linaje paterno compartido frente a una amplia diversidad materna, encaja, según los investigadores, con una posible organización patrilineal, en la que la pertenencia social se transmitía preferentemente por vía masculina.
En los enterramientos colectivos, las relaciones sociales, la pertenencia a un grupo y el uso del sepulcro a lo largo del tiempo pesaban más que el vínculo biológico directo.
El parentesco no siempre explica la lógica de las tumbas colectivas
Los investigadores comprobaron, además, que muchas de las tumbas compartidas no albergaban a parientes biológicos cercanos. Enterrar a distintos individuos juntos, por tanto, no significaba que pertenecieran a la misma familia de sangre. Esto sugiere que las relaciones sociales, la pertenencia a un grupo y el uso repetido del sepulcro pesaban más que el vínculo biológico directo. Además, los individuos sin ascendencia local clara aparecían con más frecuencia en contextos interpretados como de menor estatus. La comunidad, por tanto, integraba a personas externas, pero no siempre en pie de igualdad, un matiz que ayuda a comprender cómo se construían las jerarquías internas.

Una revolución agrícola sin sustitución demográfica
¿Qué imagen final emerge de todo esto? La de una comunidad conectada, con extensas redes de parentesco que se mantuvieron a lo largo de la transición de la cultura de Qijia a la de Siwa, y con matrimonios tanto dentro como fuera del grupo. Una población arraigada que, sin embargo, no vivía aislada.
El estudio de Han Shi y su equipo concluye que la adopción de la agricultura de origen occidental no implicó la llegada de migrantes occidentales. Ahora bien, la ausencia de una oleada masiva no equivale a inmovilidad: los isótopos y el ADN siguen detectando desplazamientos individuales y mezcla entre grupos. En la antigua Gansu, las semillas y los animales cruzaron el continente, pero fueron las comunidades locales quienes decidieron adoptarlos, adaptarlos e integrarlos en su propio modo de vida.
Referencias
- Atahan, P. et al. 2011. "Subsistence and the Isotopic Signature of Herding in the Bronze Age Hexi Corridor, NW Gansu, China". Journal of Archaeological Science, 38(7), 1747–1753. DOI: 10.1016/j.jas.2011.03.006
- Fuller, D. Q. 2011. "Pathways to Asian Civilizations: Tracing the Origins and Spread of Rice and Rice Cultures". Rice, 4, 78–92. DOI: 10.1007/s12284-011-9078-7.
- Ren, X. et al. 2023. "The Mogou Multidisciplinary Investigation Project: Insights into the Kinship and Social Organisation of a Bronze Age Population in North-West China". Antiquity, 97(391), e5. DOI: 10.15184/aqy.2022.157.
- Shi, Han, et al. 2026. "Genomics and social practices at Mogou and other Gansu sites during prehistoric trans-Eurasian exchange". Cell 189.18: 5802-5820. DOI: https://doi.org/10.1016/j.cell.2026.07.050
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