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Thursday, September 17, 2026

Esmeralda y Océano: descubren los nombres de dos mascotas romanas en un mosaico hallado en Adramitio

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Un mosaico romano hallado en Turquía muestra las figuras de un gato y un perro acompañadas de inscripciones. ¿Podrían ser sus nombres?

Erica Couto

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Perros y gatos llevan milenios acompañando a los humanos. La mayoría de las veces lo han hecho a través de su presencia, ya fuese cazando roedores, acompañando a los rebaños o simplemente dejándose rascar detrás de las orejas. Otras se han dejado percibir en el arte. Es lo que ha sucedido en una villa romana excavada en la antigua Adramitio, en la costa turca. Los arqueólogos han identificado un pavimento de mosaico que muestra un gato y un perro acompañados por sendas inscripciones. La lectura provisional asocia los dos animales con dos nombres: Esmeralda y Océano. ¿Podrían tratarse de los apelativos cariñosos con los que se denominaba a sus versiones de carne y hueso?

Un mosaico figurativo hallado en Adramitios incluye las figuras de un gato y un perro, acompañadas de sendas inscripciones que parecen darles nombre.

Un mosaico que parece nombrar a un perro y un gato

El descubrimiento procede de un yacimiento situado en la antigua Adramitios, cerca de la actual localidad de Ören, en la provincia turca de Balıkesir. El mosaico figurativo incluye las figuras de un gato y un perro, acompañadas de sendas inscripciones que parecen darles nombre. Según los arqueólogos responsables de la excavación, la figura del gato se asocia con el término Zmaragdin, del griego smáragdos (esmeralda), mientras que el perro lo hace con el vocablo Okeanos u Okyanos (Océano). Con todo, esta lectura debe tomarse como una interpretación provisional hasta que Hüseyin Murat Özgen y su equipo, responsable de la excavación y del estudio del yacimiento, publiquen los resultados oficialmente tras un análisis minucioso.

Plano detalle de mosaico romano: gato y perro junto a dos cartelas vacías sin letras; suelo de villa excavada, fragmentos ant

Adramitios y la villa como escaparate de estatus

La residencia en la que se halló el mosaico se integraba en las redes políticas y comerciales del noroeste de Anatolia, una región conectada con el Egeo y el Mediterráneo oriental. La fase principal de ocupación se sitúa entre los siglos II y III d. C., aunque se realizaron reformas posteriores entre los siglos IV yV d. C.

La escala del conjunto respalda su lectura como vivienda de alto nivel. El complejo ocupa alrededor de 730 m² y se articula en torno a un atrio de 11 × 6,5 metros, aproximadamente. A ese espacio central se suman tres grandes salas con pavimentos de mosaico figurativo, además de pinturas murales, desagües, conducciones de agua y otras instalaciones hidráulicas. Esa combinación de atrio, salas de recepción decoradas y sistemas de gestión del agua es compatible con una residencia de élite, aunque tanto la identidad como la actividad económica de sus propietarios siguen siendo objeto de especulación.

Esa combinación de atrio, salas de recepción decoradas y sistemas de gestión del agua es compatible con una residencia de élite.

Dentro de la sala: un catálogo visual de animales y mitos

El mosaico más rico se localiza en la sala septentrional, donde el estudio arquitectónico documenta unos quince paneles figurativos. El repertorio decorativo es heterogéneo: aves, peces, la mítica Medusa, figuras de tipo pigmeo, un caballo alado y varios animales, entre ellos el gato y el perro.

El felino y el cánido, por tanto, no aparecen como figuras aisladas, sino que se integran en un programa decorativo que funde naturaleza, mitología y criaturas fantásticas. El conjunto no parece narrar una única historia, sino reunir registros visuales distintos que, sumados, funcionan como demostración de cultura y buen gusto.

En una residencia romana de élite, las salas con mosaicos solían funcionar como zonas para la recepción, la acogida de huéspedes y la representación del estatus social de sus dueños más que como rincones de uso cotidiano. Esta interpretación de la sala septentrional de la villa se apoya en su escala, su arquitectura y su lujo ornamental, aunque, por el momento, se trate de una hipótesis por verificar.

Interior de sala septentrional: atrio y paneles de mosaico con aves, peces y Medusa; composición amplia con figuras enmarcada

El felino y el cánido, por tanto, no aparecen como figuras aisladas, sino que se integran en un programa decorativo que funde naturaleza, mitología y criaturas fantásticas.

¿Cómo se lee un mosaico romano?

Interpretar un mosaico exige combinar varias disciplinas. En este caso, la arqueología aporta el contexto del hallazgo, la cronología y los datos arquitectónicos. La epigrafía analiza el texto y su relación con la imagen. Por último, el análisis musivo se ocupa de la técnica, el estilo y la iconografía del pavimento.

Representar animales domésticos era frecuente en los mosaicos romanos. Perros, gatos, aves y peces formaban parte del repertorio ornamental habitual. Lo excepcional en Adramitios no sería la inclusión del motivo en sí, sino la posibilidad de que dos figuras estuvieran acompañadas de inscripciones nominales.

La relación entre el texto y la figura puede ser identificatoria (esto es, servir para distinguir “quién es quién” dentro del programa decorativo del mosaico) o tener un valor simbólico o de otro tipo. Por eso, los propios investigadores advierten que los animales representados no fueron necesariamente las mascotas reales de la casa. Aunque ofrecen una mirada inusual a la identidad privada y a los gustos de los habitantes de la casa, no prueban que Esmeralda y Océano existieran como animales de carne y hueso.

Los propios investigadores advierten que los animales representados no fueron necesariamente las mascotas reales de la casa.

Animales en la vida romana: función práctica y valor simbólico

En la vida cotidiana romana, los gatos y los perros cumplían funciones concretas. Los perros servían para la vigilancia, la caza o la compañía. Los gatos, por su parte, ayudaban a controlar los roedores. Estas funciones se conocen por analogía histórica, pero no es posible determinar qué papel desempeñaban los animales representados en el mosaico de Adramitios.

El arte doméstico integraba a los animales por varias razones. Aves y peces evocaban la naturaleza, la abundancia y el disfrute de la vida acomodada. Motivos como la cabeza de Medusa podían tener un valor apotropaico, destinado a alejar el mal y proteger la casa. El mundo animal funciona a la vez como parte del hogar real y como lenguaje visual de estatus. La misma imagen, por lo tanto, podía remitir a la vida cotidiana y, a la vez, comunicar riqueza y refinamiento a quien entraba en la sala.

Mosaico con caballo alado en panel principal; vista ligeramente cenital, composición dinámica con motivos fantásticos alreded

Esmeralda y Océano: un misterio aún por resolver

¿Qué implica incluir dos nombres en un mosaico? Podría tratarse de una práctica de individualización para distinguir cada figura dentro del programa o de una identificación simbólica que buscaba asignar determinados atributos a la imagen. Ninguna opción implica que el nombre corresponda a un animal específico del propietario. Aun así, en una sala de recepción, diseñada para acoger a los visitantes, el detalle nominal encaja con la lógica del estatus: junto a los mitos, las criaturas y los motivos locales, un nombre escrito demuestra alfabetización visual, dominio del griego y pertenencia a las redes culturales del Mediterráneo. Así, el propia hogar podía convertirse en una vitrina en la que se exhibía una manera de habitar el mundo.

Referencias

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