Resident Evil: Noche cero es un gran espectáculo del terror más divertido y visceral

Resident Evil: Noche cero (Resident Evil, EE.UU / 2026). Dirección: Zach Cregger. Guion: Zach Cregger y Shay Hatten. Fotografía: Dariusz Wolski. Edición: Joe Murphy. Elenco: Austin Abrams, Paul Walter Hauser, Zach Cherry, Kali Reis. Calificación: R-17 (restringida). Distribuidora: UIP. Duración: 90 minutos. Nuestra opinión: Muy buena.
La noticia de que Zach Cregger estaría a cargo de una nueva adaptación cinematográfica del universo Resident Evil causó perplejidad. El guionista y director de Barbarian y La noche de la desaparición, dos de las películas de terror más originales del cine popular de los últimos años, caía en las garras del imperio de una propiedad intelectual, que no había ganado gran prestigio con las películas dirigidas por Paul W. Anderson (no confundir con Paul Thomas Anderson) y protagonizadas por Milla Jovovich.
Sin embargo, Resident Evil: Noche cero destierra esos prejuicios a fuerza de un puro entretenimiento gore, no apto para espectadores impresionables. Si la pregunta era por qué querría hacer esta película Cregger, cuyo último film ganó un Oscar y estuvo en las listas de lo mejor del año, la respuesta, más allá del cheque, es clara: a veces, los directores solo quieren divertirse. Y cuando lo hacen bien, el público lo hace con ellos.
Eso es lo que sucede en este nuevo abordaje de Resident Evil. Cregger y su co-guionista Shay Hatten construyen una historia sencilla, ajustada en una hora y media exactas, repleta de humor, suspenso, acción y algunas de las secuencias más espantosas (en el mejor de los sentidos) del cine comercial actual.
Con mucho ingenio, el universo se va revelando a medida que se desarrolla la trama, con explicaciones mínimas sobre lo que está sucediendo. El protagonista, Bryan (Austin Abrams) tiene una misión que parece sencilla, otro día más en su trabajo como repartidor especializado en el transporte médico: le ofrecen llevar una conservadora con un contenido desconocido hasta el hospital de Raccoon City. A pesar de que es tarde y tiene que volver a casa a hablar con su novia, quien acaba de enterarse de que está embarazada (o para evitar esa discusión), Bryan decide hacer el viaje a través de las montañas, en plena noche y con nieve, a bordo de un vehículo que no está preparado. Todo se va a ir complicando para el joven repartidor, que se enfrentará a literales monstruos para cumplir con la entrega.
Los saltos temporales de las películas anteriores de Cregger no tienen lugar en esta historia, que se desarrolla en una sola noche. El director no se apega a lo que le sirvió antes y entiende que este formato lineal y compacto es ideal para una historia inspirada en un videojuego.
Otras decisiones de puesta en escena también hacen honor a ese origen, pero nunca en detrimento de lo cinematográfico. Resident Evil: Noche cero tiene tantas referencias al universo que la inspiró como al cine de terror clásico, con secuencias en la nieve que recuerdan a El enigma de otro mundo, de John Carpenter.
Hay algo de ese clásico también en alguno de los diseños de los monstruos, que son todos magníficos en su fealdad. Cregger mantiene un equilibrio preciso en la construcción de un clima de suspenso, que va subiendo la apuesta con la revelación de las horribles criaturas y explosiones de sangre.
Sobre todo ese horror y oscuridad, que el director no teme poner en primer plano, está el humor omnipresente, representado por un héroe reticente cuyo destino supera sus pequeñas ambiciones. Este juego entre la liviandad y el verdadero terror es la mayor prueba contra el prejuicio de que un director que se perfilaba como un Paul Thomas Anderson (ahora sí) del terror se iba a “rebajar” con una película como Resident Evil. Su talento y un conocimiento sofisticado del género, le permitieron a Cregger ser original dentro de una marca y entregar un gran espectáculo del terror más divertido y visceral.
KioskNews shows a cleaned-up reading view extracted from the publisher’s page — the original always lives on their site, not ours.