Despedidas
Viendo el adiós que Argentina le dio a Messi, uno piensa que Leo merece una despedida como D10s manda en el Camp Nou. Tenemos una deuda pendiente. Le echamos de mala manera y él no los dio todo. Me temo que Leo no va querer acercarse mucho a quienes lo finiquitaron, pero la afición no tiene la culpa. Con jugadores únicos como él, hay un antes y un después. Sus goles, sus jugadas, sus asistencias, pueden llenar la vida de cualquier aficionado. Con él no hacen falta las palabras.
Sólo acciones y gestos. Como aquella camiseta blaugrana que mostró al Bernabéu, las manos al cielo recordando a la abuela que insistió para que fuera jugador o cuando se fundió con el gol sur, celebrando aquella falta estratosférica contra el Liverpool. Pedrito se despide también. En otra escala que no debería desmerecer al grandísimo jugador que fue. Para el equipo de Guardiola, Pedri fue lo que Txiki Begiristain para el Dream Team. Un tipo tan astuto como trabajador y silencioso. Casi sin hacer ruido, ganó tres Champions y se metió a la afición en el bolsillo.
Sus dianas fueron siempre en momentos clave, como su gol de pecho para forzar la prórroga in extremis en el Mundial de Clubs del 2009 que acabamos ganando con un tanto de Messi con el escudo. Pedrito será recordado con cariño, como un ejemplo de humildad, de chico que viene de la nada y no pierde su esencia, pese a llegar lo más alto. Nada que ver con Cristiano Ronaldo, quien, en su narcisismo, está acabando en una shakespeariana encrucijada: despedirse o no despedirse. Gracias Pedrito y a ti Leo, te esperamos siempre.
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