Leonardo Páez: ¿La fiesta en paz?
ocos lo saben, pero el diestro regiomontano Manolo Martínez (10 de enero de 1946-16 de agosto de 1996), entre los pocos maestros que su imperiosa personalidad admitió, destaca su paisano y renombrado artista multidisciplinario Renee Rivera (danza, coreografía, investigación, música, literatura, poesía, canto, actuación, dirección artística y tauromaquia), cuya influencia y orientación iniciales serían decisivas en el desarrollo profesional del futuro mandón.
Increíble pero cierto que en sus comienzos, el temperamental torero norteño aceptara y asimilara las enseñanzas del maestro Renee mediante su amplio programa artístico-taurino, que incluía técnica de ballet clásico con beneficios como desarrollo y fuerza muscular, elasticidad, centro de equilibrio, elongación de líneas, sentido de la estética, definición de anatomía y proporción física estética. Con una dicción perfecta y sonoro timbre, el maestro Rivera comenta divertido: “Mira, a Manolo lo enseñé a partir plaza, pues lo hacía muy desgarbado, sin conciencia de la elegancia requerida”.
Su programa también abarcaba la geometría, con los siguientes temas: El ruedo como escenario, trazos en consideración a las extremidades inferiores de toro y torero; coreografía o cinemática y sentido de la distancia. Todo pase debe intentarse desde enguionarse con el toro y colocarse en la distancia y terreno precisos, según el comportamiento del toro. Abrir el ataque, o desviarlo, cruzándose lo necesario en cada ocasión.
Lecturas como La caza y los toros, de Ortega y Gasset; Qué es torear, de Gregorio Corrochano, y El Cossío, de José María de Cossío. Cine de arte, exposiciones de pintura, fotografía y escultura. Música clásica y flamenca. Danza como divertimento. Visita a estudios de artistas de otras manifestaciones. El entrenamiento de salón, con un acuerdo entre maestro y “toro” para señalar la conducta de éste sin que el “torero” lo supiera, advertirlo y resolverlo. El paseo con gallardía. Presencia escénica y proyección de la personalidad. Y finalmente, sentir para hacer sentir, materia ésta en la que Martínez fue un portento.
“Podría hacerse un libro –agrega el maestro Renee– con las anécdotas que viví al lado de Manolo en sus comienzos, desde que en la Ciudad de México me lo presentó mi paisano Julio Rivera El Chirrín. Entonces decidimos ayudarlo con bases sólidas, que luego las corridas vendrían por docenas, lo que le permitió al matador comprar primero una camioneta y luego una avioneta de cuatro plazas que estrenamos el piloto Antonio Hernández, Manolo, Julio y yo. Entre sus primeras clases, además de expresión corporal, lo llevamos a diversas exposiciones no necesariamente taurinas y a ver la película Los Tarantos, que protagonizaron Carmen Amaya y Antonio Gades.
“Manolo Martínez sigue siendo un personaje insuperable en el toreo mexicano –prosigue su original mentor– no sólo por su tauromaquia, sino por su determinación y capacidad de concentración, lo que le permitió manejar durante más de 15 años la fiesta brava de México, con todo y la ocurrencia de Alberto Bailleres de traer como gerente de la Plaza México al empresario cubano de beisbol Ángel Vázquez, quien cambió el diseño de manejo a los toreros, ofreciéndoles cierta cantidad de dinero por determinado número de corridas, reservándose la empresa la facultad de decidir cuándo, dónde, qué ganado y con quiénes alternar. Eso a Manolo no le interesó, sino que lo motivó a mandar en el sistema taurino de México como nunca se había visto”, remata, por el momento, Renee Rivera.
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