Milo Quifes, actor de 'La bola negra': "Los Javis me rescataron. Yo salía a la calle a trabajar porque no tenía para comer, pero me costaba mucho"

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El joven actor Milo Quifes (25) se estrena en el cine con ‘La bola negra’, la película de Javier Calvo y Javier Ambrossi por la que ambos recibieron el premio a la Mejor Dirección en el Festival de Cannes y que presentan en San Sebastián. El debutante comparte pantalla con María Morales, Antonio de la Torre y Natalia de Molina, un equipo del que destaca el acompañamiento durante un rodaje que le obligó a enfrentarse a sus propios miedos y a transformar experiencias personales en ficción. Hablamos con él sobre su vínculo con Los Javis y el proceso de construir un personaje desde el dolor y la confianza.

Milo, en tu primer trabajo, ¿cómo ha sido ponerte en manos de Los Javis? ¿Qué es lo más complicado que te han pedido?
Milo Quifes: He tenido que evolucionar sí o sí, como persona, como actor y como todo. Ves cómo trabaja todo el mundo, con tanto empeño, cariño y confianza, y hay miedos que se te van gracias a ellos. Otros son imposibles de eliminar porque los llevas escritos en el alma. Me puse muy contento cuando me dieron el papel, pero después sales de allí pensando: “Ahora tienes que funcionar delante de una cámara”. Ellos ensayan contigo muchísimo y saben qué decirte y cómo hacerlo para cuidarte, porque siempre quieren tu bienestar. Se adelantan a lo que estás pensando. Son tan inteligentes que se anticipan a lo que vas a sentir. Pero también te dejan espacio para hacer, para equivocarte, igual que ellos. En el mismo set prueban cosas, descartan otras y también van evolucionando. De ahí sale muy buen cine. Yo tuve muchísima ayuda de ellos y de los actores con los que trabajé: María Morales, Antonio de la Torre y Natalia de Molina. Venían, me daban consejos, nos tomábamos un café y me trataban como una madre, un padre y una hermana. Eso ayuda un montón. Ver a gente tan talentosa trabajando contigo hace que tu trabajo sea mucho más fácil.

Milo, publicaste en Instagram una frase muy bonita: “Gracias por hacerme feliz. Muchas veces me cuesta serlo”. ¿Qué significó para ti que Los Javis aparecieran en ese momento de tu vida?
Los Javis me rescataron de una época muy mala. Yo salía a la calle a trabajar porque no tenía para comer, pero me costaba mucho. Ellos, de una manera sana, te obligan a ir a los ensayos, hacen comunidad, te enseñan el mundo cogidos de la mano y te sueltan cuando llega el momento. Eso se agradece mucho, como directores y como personas. Estoy viviendo una vida que nunca pensé que viviría. Espero esforzarme lo suficiente para rendir homenaje a la confianza que depositaron en mí.
¿Ha habido algo catártico en la construcción de tu personaje? ¿Cómo se produce el salto de lo personal a la ficción?
Una cosa bonita de los ensayos es que ellos no te dicen que utilices tu dolor para hacer una escena, que es lo que a mí me habría salido de primeras. Lo que hacen es entenderte, ejercer un poco de psicólogos y ayudarte a comprender de dónde viene el dolor, por qué eres así y qué es lo que te produce daño. Me hacen reconocer la herida que tengo y después curarla, porque no se puede curar una herida si no la reconoces antes. En ese proceso también hay un salto a la ficción, al imaginario y al juego. Es ahí donde vas construyendo el personaje, pasito a pasito. Recuerdo estar grabando y entender cosas de mí mismo que desconocía.
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