Remojar los pies en agua tibia con sal y vinagre todas las noches: esto es lo que le ocurre al cuerpo a los 10 minutos

Hay un ritual que millones de personas practican cada noche antes de dormir y que, según especialistas en podología y dermatología, produce cambios mensurables en el organismo en menos tiempo del que se imagina. El agua tibia, la sal y el vinagre son los tres ingredientes. El cuerpo hace el resto.
El primer efecto que desencadena el remojo de pies en agua tibia con sal y vinagre no ocurre en la piel, sino en el sistema circulatorio. La temperatura del agua provoca la dilatación de los vasos sanguíneos periféricos, un proceso que mejora el flujo sanguíneo hacia las extremidades inferiores.
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La doctora Samantha Landau, podóloga y docente del New York College of Podiatric Medicine, señala que “el agua tibia ayuda a dilatar los vasos sanguíneos, lo que puede mejorar la circulación”, y destaca que ese efecto resulta especialmente útil para quienes padecen pies fríos o mala circulación periférica.
A los 10 minutos de inmersión, esa vasodilatación ya está activa. La tensión muscular acumulada durante horas de bipedestación comienza a ceder, y la sensación de pesadez —uno de los síntomas más frecuentes al final de la jornada— empieza a disminuir.

Mientras el calor actúa sobre la circulación, el ácido acético del vinagre inicia su acción antimicrobiana sobre la superficie de la piel.
El vinagre genera un entorno de pH ácido que dificulta la proliferación de las bacterias y los hongos responsables del mal olor y de infecciones superficiales como el pie de atleta en sus etapas iniciales.
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La evidencia científica sobre la eficacia del vinagre como antifúngico sigue siendo limitada, y los medicamentos continúan siendo el tratamiento más efectivo para infecciones fúngicas establecidas.

Aun así, su acción antibacteriana sobre los microorganismos que generan olor está documentada.
La sal, por su parte, absorbe la humedad residual de la piel y potencia el efecto desinfectante de la mezcla. El resultado combinado es una reducción del ambiente propicio para el crecimiento microbiano.
Remojar los pies en agua tibia con sal y vinagre durante 15 a 20 minutos cada noche puede aliviar el cansancio muscular, mejorar la circulación periférica, reducir el mal olor y ablandar la piel endurecida.
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La mezcla recomendada es una parte de vinagre por dos partes de agua tibia, con dos cucharadas de sal gruesa o sal de mar. El tiempo de exposición no debería superar los 20 minutos para evitar que la acidez reseque la piel.
La preparación es sencilla: un litro de agua tibia en un recipiente amplio, medio vaso de vinagre —de manzana o de alcohol— y las dos cucharadas de sal. Se mezcla hasta disolver parcialmente la sal y se sumergen los pies durante el tiempo indicado.

El secado posterior es tan relevante como el remojo. Los especialistas insisten en secar con cuidado entre los dedos, ya que la humedad residual en esa zona favorece la aparición de hongos.
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Aplicar una crema hidratante al finalizar ayuda a restaurar la barrera cutánea que el contacto prolongado con el ácido acético puede debilitar.
El procedimiento no es apto para todos. Las personas con diabetes o con neuropatía periférica deben consultar a un médico antes de intentarlo, ya que su menor sensibilidad en los pies puede impedir que detecten quemaduras por temperatura inadecuada o irritaciones por la acidez del vinagre.
El doctor Brandon Haghverdian, cirujano ortopédico del Hoag Orthopedic Institute de California, advierte que la noción de “desintoxicar el cuerpo a través de los pies” carece de respaldo científico: “La piel de los pies no absorbe ni elimina toxinas del organismo. Esa función le corresponde a los riñones y al hígado”. La aclaración es relevante porque parte de la popularidad de este ritual se apoya en esa creencia.
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Tampoco se recomienda el remojo si hay heridas abiertas, ampollas o lesiones activas en la piel, ya que la acidez del vinagre puede irritar los tejidos dañados.
Incorporado con regularidad —dos o tres veces por semana es la frecuencia que los especialistas consideran adecuada— y con las precauciones correctas, el baño de pies con sal y vinagre ofrece beneficios reales y accesibles: mejora la circulación, reduce el mal olor, ablanda las durezas y facilita el cuidado de las uñas al suavizar la piel que las rodea.
Especialistas también señalan que el remojo nocturno contribuye a regular la temperatura corporal antes de dormir, lo que facilita la conciliación del sueño. Añadir unas gotas de aceite esencial de lavanda puede potenciar ese efecto relajante sin interferir con la acción de la sal ni del vinagre.
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Lo que no puede hacer es reemplazar un diagnóstico médico. Ante síntomas persistentes de infección, dolor crónico o cualquier alteración que no mejore con el cuidado doméstico, la consulta profesional sigue siendo el único camino válido.
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