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Sunday, October 4, 2026

Tiffany, la joyería que inmortalizó Truman Capote y que tuvo de cliente hasta a Abraham Lincoln

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Seis años atrás, el gigante francés de lujo Louis Vuitton pagó 16 mil millones de dólares para quedarse con las joyas de Tiffany y todos sus productos derivados. Como un “detalle menor” puede apuntarse esa propiedad en Manhattan –Joyerías Tiffany- que dio lugar a obras célebres: el libro que proyectó a la fama a Truman Capote en 1958 (“Desayuno en Tiffany’s”) y la película más representativa en la carrera de una estrella como Audrey Hepburn (“Desayuno con diamantes”), filmada tres años más tarde. En su novela, Capote refleja varios aspectos autobiográficos –el relator retratado incorpora muchos de los conceptos de Capote- pero la protagonista es Holly Golightly, la joven buscavidas que sueña casarse con un multimillonario. Como algunos de los rasgos de Holly son evidentes en la superstar de su tiempo y amiga íntima de Capote, Marilyn Monroe, el escritor también pidió que ella protagonizara la película. Los estudios y el director Blake Edwards prefirieron a Hepburn y no se equivocaron: su actuación fue memorable.

Ya en la década pasada, cuando Louis Vuitton compró la marca Tiffany, se quedó con una red de 320 tiendas distribuidas por todo el mundo. “Nos complace darle la bienvenida a Tiffany, una compañía con una herencia incomparable y una posición única en el mundo global de la joyería, a la familia LVMH. Sentimos un inmenso respeto y admiración por Tiffany y tenemos la intención de desarrollar esta 'joya' con la misma dedicación y compromiso que hemos aplicado a cada una de las marcas de nuestra casa. Estamos orgullosos de tener a Tiffany junto a nuestras marcas icónicas, seguros de que Tiffany continuará prosperando en los siglos venideros", declaró en ese momento Bernard Arnault, presidente y uno de los diez hombres más ricos del mundo.

En abril último, la gala de Tiffany al presentar su colección Blue Book 2026 en la Park Avenue fue deslumbrante. Allía podían encontrarse a artistas como Amanda Seyfried, Naomi Watts o Diane Kruger luciendo diseños exclusivos de Tiffany. Y hasta Antonella Rocuzzo fue mencionada entre las celebrities.

Los orígenes de Tiffany se remontan a dos siglos atrás, cuando Charles Lewis Tiffany, un joven hijo de un magnate del algodón decidió radicarse en Nueva York e instalar una tienda de regalos de lujo. En menos de dos décadas, construyó su propia fortuna y sus joyas ya eran admiradas por la clase alta de su país. Antes de asumir la presidencia, Abraham Lincoln acudió a Tiffany para conseguir el “regalo adecuado” a su mujer. El momentum de Tiffany sucedió en 1878 con el descubrimiento de las minas de diamante en Kimberley, Sudáfrica. Desde allí surge el Diamante Tiffany que llega hasta nuestros días: Lady Gaga lo lució en los Oscar del 2019 y Beyoncé, dos años después.

No es extraño entonces que Capote recurriera a ese glamour para su novela, ambientada en el Nueva York de los años 40 y la posguerra.

El libro refleja la modificación de la sociedad estadounidense. La protagonista, Holly Golightly, simboliza cierto espíritu de liberación femenina, la búsqueda personal e independencia económica que surgía en aquellos años. Su estilo de vida bohemio y su actitud desenfadada desafían los roles tradicionales de género y representan una ruptura con las convenciones sociales. La novela de Capote también aborda cuestiones como la soledad, la búsqueda de la felicidad y la alienación en la sociedad moderna. A través de la relación entre Holly y el narrador, Capote explora la fragilidad de las relaciones humanas y la dificultad de encontrar la verdadera conexión emocional en un mundo cada vez más superficial.

A la vez, la presencia de Tiffany’s indica el deseo de pertenecer a una élite social y alcanzar “el sueño americano”.

Otra de las presentaciones del libro apunta que “Holly Golightly es, quizás, el más seductor personaje creado por este maestro de seducción que fue Truman Capote. Atractiva sin ser guapa, tras rechazar una carrera de actriz en Hollywood, Holly se convierte en una estrella del Nueva York más sofisticado; bebiendo cócteles y rompiendo corazones, parece ganarse la vida pidiendo suelto para sus expediciones al tocador en los restaurantes y clubes de moda, y vive rodeada de los tipos más disparatados, desde un mafioso que cumple condena en Sing Sing y al que visita semanalmente, hasta un millonario caprichoso de afinidades nazis, pasando por un viejo barman secretamente enamorado de ella. Mezcla de picardía e inocencia, de astucia y autenticidad, Holly vive en la provisionalidad permanente, sin pasado, no queriendo pertenecer a nada ni a nadie, sintiéndose desterrada en todas partes pese al glamour que la rodea, y soñando siempre en ese paraíso que para ella es Tiffany's, la famosa joyería neoyorquina”.

La película no modifica la esencia del libro y sobre ella, el escritor Sam Wasson hizo su propia obra. Reveló que el guion contaba con dos finales, uno feliz y otro triste. Ganó la primera opción, como era de esperar en un film en el que la amistad entre un homosexual y su alegre vecina se transformó en comedia romántica. Pero la película exhibió un nuevo modelo de mujer, que escapaba de los clásicos márgenes de “santa o descarriada” de los años 50. Según Wasson, “fue una respuesta chic y despolitizada al movimiento beatnik”. "Capote siempre pensó que Hepburn era demasiado frágil", apunta Wasson. Agregó que Hepburn "rompió el molde de los cincuenta y sentó las bases para la revolución feminista de los setenta. En el cine, más adelante en los setenta las mujeres adquirieron mayor complejidad en películas en las que se enfatizaba su personalidad, unicidad y visión. En los ochenta esto fue cambiando y quedaron encasilladas en papeles más previsibles".

Más allá de Tiffanys, la película y la novela, los números aún hoy son arrolladores. Dos años atrás, por el centenario del nacimiento de Capote, se subastó el único ejemplar de su novela autografiada por el escritor: salió por 1,5 millón de dólares, en la Feria del Libro Antiguo de Nueva York. Y la casa del número 169 en la 71street de Nueva York –zona del Upper East Side- donde se filmó buena parte de la película también tiene su encanto. Construida en 1910, extendida por 418 metros cuadrados, con dos terrazas y cuatro dormitorios, pero sobre todo con la famosa puerta azul, se vendió a 1,8 millón de dólares en el 2000. Su tasación más reciente –está en venta otra vez- es de 15 millones.

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