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Sunday, October 25, 2026

Descubren en Turquía un sarcófago romano de 2.000 años con un misterioso rostro que debía proteger a los muertos

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Un sarcófago romano descubierto en Turquía conserva un pequeño rostro mitológico que, según los arqueólogos, habría servido para proteger el alma del difunto frente a los espíritus malignos.

Un pequeño rostro de apenas cinco centímetros, grabado en un antiguo ataúd de terracota, ha permitido conocer mejor las creencias funerarias de una ciudad romana
Un pequeño rostro de apenas cinco centímetros, grabado en un antiguo ataúd de terracota, ha permitido conocer mejor las creencias funerarias de una ciudad romana. Foto: Bilge Yılmaz Kolancı, Cedrus (2026)

Christian Pérez

Publicado por Christian Pérez

Redactor especializado en divulgación científica e histórica

Creado: Actualizado:

En la antigua ciudad de Attouda, situada en el suroeste de Turquía, un hallazgo arqueológico ha sacado a la luz una curiosa costumbre relacionada con la muerte. Se trata de un sarcófago romano de terracota, fabricado hace aproximadamente 2.000 años, cuya tapa presenta una pequeña cabeza masculina de expresión grotesca. Aunque apenas alcanza los cinco centímetros de altura, su presencia no parece responder a una simple elección decorativa. Los investigadores creen que tenía una misión mucho más importante: impedir que los espíritus malignos perturbaran el descanso del difunto.

El descubrimiento se produjo en 2023, durante unas prospecciones arqueológicas realizadas en las inmediaciones de Attouda, en la actual provincia turca de Denizli. Sin embargo, sus resultados no se han publicado hasta octubre de 2026, cuando la arqueóloga Bilge Yılmaz Kolancı, de la Universidad de Pamukkale, presentó el estudio en la revista científica Cedrus: The Journal of Mediterranean Civilizations Studies.

Lo verdaderamente excepcional es el personaje representado. Según la investigación, se trataría de Sileno, una figura de la mitología griega estrechamente vinculada a Dioniso, dios del vino, la fertilidad y el éxtasis religioso. Su aparición en un contexto funerario no resulta extraña, pero sí el soporte elegido. Hasta ahora no se conocía ningún sarcófago cilíndrico de terracota de Anatolia con una representación semejante.

Un ataúd romano abandonado junto a un campo de cultivo

La historia de este hallazgo comienza en Musalla, una zona agrícola situada al sur del antiguo asentamiento. Allí, los arqueólogos localizaron seis fragmentos de un sarcófago que había sufrido importantes daños como consecuencia de las labores de nivelación del terreno. Dos pertenecían al cuerpo del ataúd y los cuatro restantes, a su cubierta.

Los restos habían sido trasladados hasta una zona arbolada cercana, donde quedaron expuestos durante un tiempo indeterminado a la lluvia, la nieve y el sol. Esta circunstancia provocó un considerable deterioro de sus superficies. Tampoco se encontraron objetos funerarios que permitieran conocer la identidad del difunto o establecer una fecha exacta para su enterramiento.

A pesar de estas dificultades, los fragmentos conservados ofrecieron información sobre su fabricación. El sarcófago estaba elaborado con arcilla rojiza, rica en mica y partículas de cal. Su cuerpo cilíndrico habría tenido un diámetro aproximado de entre 55 y 60 centímetros, mientras que su longitud original resulta imposible de determinar. Otros ataúdes semejantes alcanzaban habitualmente entre 1,80 y dos metros.

Esta clase de enterramientos era conocida en distintas ciudades de Anatolia, entre ellas Laodicea, Hierápolis y Trapezópolis. Sus características compartidas apuntan a una tradición artesanal regional. El peso y la fragilidad de estas grandes piezas cerámicas hacen pensar que probablemente se fabricaban en talleres próximos a los lugares de enterramiento, utilizando materias primas locales.

Fragmentos de un sarcófago cilíndrico de terracota encontrados abandonados en una zona arbolada junto a un campo de cultivo, cerca de la antigua ciudad de Attouda
Fragmentos de un sarcófago cilíndrico de terracota encontrados abandonados en una zona arbolada junto a un campo de cultivo, cerca de la antigua ciudad de Attouda. Foto: Bilge Yılmaz Kolancı, Cedrus (2026)

Entre todos los fragmentos recuperados destaca una tapa prácticamente completa, de 33 por 30,5 centímetros. En su centro aparece una pequeña cabeza realizada en alto relieve, de 4,8 centímetros de altura, 4,3 de anchura y 2,5 de profundidad.

El personaje presenta una calvicie pronunciada, enormes ojos circulares, nariz ancha y una boca que dibuja una sonrisa exagerada. Bajo el labio inferior, varias incisiones verticales representan una barba. Su apariencia corresponde a la de un hombre anciano, aunque los rasgos están deliberadamente deformados.

Para Yılmaz Kolancı, estas características permiten identificarlo como Sileno, uno de los personajes más reconocibles del séquito de Dioniso. En la tradición mitológica, Sileno aparece frecuentemente representado como un anciano barbudo, compañero del dios y asociado al vino y a la sabiduría.

Hay otro detalle llamativo. Junto al rostro aparece grabada la letra griega beta, equivalente a nuestra B, de unos siete centímetros de altura. La arqueóloga propone que podría tratarse de una marca utilizada por el artesano o el taller encargado de fabricar la pieza. Ninguna de las restantes tapas conservadas presenta una inscripción semejante.

¿Por qué colocaban figuras monstruosas en las tumbas?

Para comprender el significado del rostro hay que adentrarse en las creencias religiosas de la Antigüedad. Griegos y romanos utilizaron numerosas imágenes de aspecto amenazador para proteger determinados espacios. Las representaciones de Medusa constituyen uno de los ejemplos más conocidos, aunque también se empleaban máscaras teatrales y figuras mitológicas.

Estas imágenes recibían una función apotropaica, término que hace referencia a la capacidad simbólica de alejar el mal. En los monumentos funerarios podían actuar como guardianes frente a las fuerzas sobrenaturales que, según determinadas creencias antiguas, amenazaban a los fallecidos.

Precisamente esta sería la explicación del pequeño Sileno de Attouda. Su expresión grotesca habría servido para ahuyentar a los espíritus malignos, que supuestamente lo reconocerían como una criatura semejante a ellos y evitarían acercarse a la tumba. La investigación plantea incluso que la tapa decorada pudo colocarse sobre la zona correspondiente a la cabeza del difunto.

La interpretación encuentra apoyo en otros descubrimientos arqueológicos. En la necrópolis de Trales, también en Anatolia, se documentaron máscaras de sátiros y silenos del siglo I d. C. que podían colgarse mediante pequeños orificios. Además, en Attouda ya se había encontrado otra cabeza atribuida a Sileno en un contexto funerario.

Detalle del rostro de Sileno representado en la tapa del sarcófago romano, donde se aprecian sus rasgos exagerados y la inscripción que podría identificar al taller que fabricó la pieza
Detalle del rostro de Sileno representado en la tapa del sarcófago romano, donde se aprecian sus rasgos exagerados y la inscripción que podría identificar al taller que fabricó la pieza. Foto: Cedrus (2026)

Una pista sobre las creencias religiosas de Attouda

La presencia de Sileno adquiere especial interés por la relación de la ciudad con el culto a Dioniso. Las monedas acuñadas en Attouda entre los siglos I y III d. C. muestran al dios acompañado de algunos de sus atributos habituales, como el tirso, una copa y una pantera. También existen inscripciones que documentan la importancia de su culto.

La nueva pieza permite relacionar ese universo religioso con las prácticas funerarias locales. Aunque no demuestra cómo se desarrollaban los rituales ni permite reconstruir las creencias personales del fallecido, sí refuerza la posibilidad de que determinadas imágenes dionisíacas fueran utilizadas como símbolos protectores.

Los investigadores sitúan provisionalmente el sarcófago entre los siglos I y II d. C., en plena época imperial romana. La datación procede de comparaciones con otros ejemplares regionales, ya que el contexto arqueológico original fue destruido.

Pese a su pequeño tamaño y a los daños sufridos por el conjunto, el rostro de Sileno constituye una incorporación singular al repertorio funerario de Anatolia. Un modesto objeto de arcilla que recuerda hasta qué punto la preocupación por proteger a los muertos formaba parte de la vida religiosa de las antiguas comunidades romanas.

Referencias

  • Yilmaz Kolanci, B. (2026). Terracotta cylindrical sarcophagus with a Silenos head relief from the necropolis of Attouda. CEDRUS: The Journal of Mediterranean Civilizations Studies, (14), 309–322. doi:10.5281/ZENODO.22305505
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