La maldición de Ferro: de los cinco puntos de ventaja a falta de dos fechas a los 26 años en la B

El Verdolaga no pudo con Acassuso y deberá jugar el Reducido en busca del ascenso a Primera.

La maldición de Ferro.
Cabizbajo, mirándose los pies y con una camiseta de la década del 80, un hombre barbudo baja las escaleras y le dice al nieto en voz alta: ‘si no le ganamos a un equipo descendido, no merecemos jugar la final’. Fueron 17 fechas en la punta, cinco puntos de distancia a dos partidos del final, un rival que ya tenía en claro su destino en la vereda de enfrente y la presencia de cuatro mil hinchas verdolagas en Caseros.
Y aún así la definición fue con la oreja pegada a la radio, con las pulsaciones a mil para ver qué hacía Godoy Cruz en Mendoza frente a Almirante (ganó 2-1). No se dio ninguno de los escenarios posibles para jugar la gran final de la Primera Nacional y la jornada terminó teñida de negro para Ferro, que ya acumula 26 años en la segunda categoría del fútbol argentino y dejó pasar una chance inmejorable. Todo para el infarto, para estirar la agonía y para encarar el Reducido totalmente golpeado después de un cierre de campeonato barranca abajo.
El equipo de Juan Manuel Sara, que venía de dejar pasar el tren en Caballito con la dura derrota 3-0 frente a Chacho For Ever, en este caso no pudo contra el débil Acasusso, que llegó a la última fecha ya sabiendo que jugará en la Primera B Metropolitana el próximo año. Impotencia a más no poder, un manojo de nervios y tensión por doquier para el Verdolaga, que amagó y amagó pero no pudo concretar ni ser punzante en ningún momento del partido. La lluvia de centros, los desbordes de los laterales ni tampoco el malón de delanteros que entrenaron en el complemento fueron suficientes para romper la racha negativa de casi 200 minutos sin convertir y la desazón se hizo presente en cada rincón de la cancha de Estudiantes (salvo donde se ubicó el puñadito de hinchas de Susso, que se fueron con la frente en alto).
“Perdón, estoy destruido. Teníamos todo para jugar esa final y lo dejamos pasar. Lo teníamos en la mano, pero los números hablan por sí solos, tenemos un déficit enorme y no lo pudimos resolver. Si generas seis, siete situaciones de gol todos los partidos y no la mates, cómo lo voy a explicar”, fueron las palabras del DT de Ferro a la salida del vestuario. Lógicamente, con cara de pocos amigos y muy triste por la situación.
De hecho, el único tramo de ‘entusiasmo’ de la gente de Oeste en el match fue por el gol de la Fragata en Mendoza en tiempo de descuento. Claro, lo que nadie esperaba era el desenlace final y que la sonrisa durara solamente un puñado de segundos por el gol al instante de Diego Viera. No salió absolutamente nada y, cuando aparecía algo de luz, nuevamente se nubló.
Desde la lesión de la figura antes del cierre del primer tiempo, Enzo Hoyos, quien había ido a Luján horas antes de la definición hasta el pitazo final con los jugadores tapándose el rostro con la camiseta. Una postal difícil de digerir y de superar, sin dudas. “Hay que recuperarse, va a ser dolorosísima esta semana que viene. Somos hombres, hay que asumir el golpe y buscar lo que queremos”, comentó Sara. ¿Será en el Reducido?

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