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Saturday, September 19, 2026

‘Resident Evil’ (★★★★½) es la mejor adaptación del videojuego hasta ahora

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Cualquier adaptación de Resident Evil tiene un problema que enfrentar de origen. Las más de una docena de películas previas que ya forman parte de la cultura popular y que se han debatido hasta el cansancio durante más de veinte años. Por lo que Zach Cregger (Barbarian, Weapons) toma una decisión correcta de entrada. La de adaptar la idea del legendario juego de Capcom, pero no convertir a la cinta en un homenaje frame a frame a cualquiera de sus versiones. Por lo que el más reciente remake tiene más relación con una survival movie que con una partida de la experiencia para videoconsolas. 

No obstante, del clásico juego, la cinta conserva lo mejor. La violencia depredadora, brutal y siniestra que hizo famosa a la saga. Mucho más, la sensación de peligro inminente que se transforma en una especie de persecución interminable a través de un mundo complejo. Resident Evil renuncia a una historia más compleja para centrarse en la acción. Lo que resulta rápidamente en una ventaja de ritmo y tono. Pero todavía mejor, en una forma elaborada, compleja y bien planteada para narrar al mundo. 

Zach Cregger no se detiene en tratar de brindar lógica o sustancia a la serie de horrores que esperan a su solitario protagonista. Antes que eso, transforma a Resident Evil en la esencia del videojuego. Por lo que casi desde sus primeras escenas, la película comprende la naturaleza brutal, cruel e imparable de esta aventura. Ajena a cualquier sentimentalismo, a reflexiones profundas sobre la naturaleza del horror o cualquier otro matiz, la película es desconcertante en lo directa que resulta. Pero es justamente esa visión de ir en adelante sin detenerse en detalles lo que la hace terrorífica. En especial por convertir toda la premisa de su guion en una idea para escapar que deja sin aliento y apenas opciones a su angustiado protagonista. Tal y como si un jugador tradicional se tratara. 

Una aventura a escala reducida pero efectiva para ‘Resident Evil’

Por supuesto, como toda adaptación de un videojuego que se precie, uno de los problemas que atraviesa la película es dónde enfocar su interés. ¿En el mundo elaboradísimo y rico en detalles de la original? ¿La experiencia total de escapar de él? Zach Cregger decide resolver el problema desde un ángulo bastante práctico. Su película reduce la escala y observa qué sucede cuando una persona corriente queda atrapada dentro de una pesadilla.

Una además, que parece diseñada para alguien mucho más preparado. Por lo que el guion sigue a Bryan (Austin Abrams), un mensajero médico que está a punto de vivir la peor y más aterradora experiencia imaginable. Escapar como puede de Raccoon City, que Cregger imagina como un paisaje devastado, terrorífico e implacable.

Al poner a Bryan en el centro de la experiencia, convierte su vulnerabilidad en el principal recurso narrativo. También, en la manera en que en Resident Evil recuerda constantemente su herencia como videojuego. Bryan debe no solo resolver todo tipo de acertijos, buscar armas para defenderse y batallar como puede con criaturas espeluznantes. Además, debe tomar esa experiencia y capitalizar cada punto a su favor para avanzar. Por lo que, sin tener una relación directa con el juego o un personaje clásico, la cinta capta sin problemas toda su frenética esencia. 

Una gran película de terror que, además, es una buena adaptación. 

El resultado tiene algo curioso y novedoso. Resident Evil es una película de terror (y una que rinde homenaje al género cada vez que puede), pero también algo más. Y ese añadido, que apela directamente al juego, es lo que le brinda su aire industrial, perverso y tenebroso. Cregger, que también es guionista junto a Shay Hatten, toma el universo de la franquicia no como una línea de eventos. Más bien, lo hace como una larga travesía a través de capas de miedo y de descubrimientos terroríficos. En lugar de recargar el argumento con mitología de la original, permite que Bryan la descubra por accidente.

De modo que Resident Evil pasa su primera hora, siguiendo a su desesperado protagonista por un territorio fatídico que se vuelve peor de manera orgánica. Mucho del triunfo de la adaptación es que el guion y el apartado visual transforman a la película en una especie de trampa mortal incierta. De callejones que esconden trucos siniestros, criaturas agazapadas en ventanas y puertas, al miedo de morir. Nada falta en este paisaje de horrores que se vuelve sofocante, claustrofóbico y retorcido con enorme rapidez. 

Cómo contar Raccoon City para los que no son fanáticos

Pero, obviamente, Resident Evil no olvida su origen y, para contar su historia, recurre a la idea de que Raccoon City es el centro medular del horror. Uno además que se vuelve un laberinto violento impredecible a una velocidad y brutalidad salvaje. Un giro que la trama utiliza para analizar a su protagonista como testigo privilegiado de lo espeluznante. Bryan no posee entrenamiento militar, experiencia policial ni una colección de armas esperando en el garaje. Tiene un trabajo (y uno relativamente sencillo) y un coche poco preparado para una noche de nieve. 

Puede parecer una elección simplista, pero, en realidad, permite que el horror conserve una dimensión física. Cada problema pesa porque el protagonista carece de soluciones cómodas para enfrentarlo. Cregger cuenta Resident Evil desde abajo, desde la perspectiva de alguien que jamás pidió participar en el apocalipsis. Cada descubrimiento conserva cierta sorpresa y Bryan comparte con el espectador una incertidumbre muy concreta. De hecho, incluso el hecho de que Bryan acuda a Raccoon City solo por un encargo modesto lleva la película al terreno de que cualquiera puede sufrir el horror.

Una película que utiliza a su favor toda la atmósfera del juego.

Antes de convertir a la cinta en una batalla por la supervivencia cargada de armas sofisticadas o batallas de ciencia ficción, Resident Evil es tétrica, repulsiva y exagerada. También complicada, brutal y cruel, en todas las formas que el argumento muestra que la ciudad es una puerta al infierno. Todo, sin olvidar algunas breves dosis de humor y, para su última mitad, un giro de guion que añade más sustancia a su historia. Zach Cregger convierte el escenario de la cinta en la sensación persistente de que el mal es una combinación entre la tecnología y el abuso de la ciencia.

También, algo peor que apenas se muestra. Una combinación barroca, casi siempre impredecible y, al final, catártica como pocas, que convierte a Resident Evil no solo en la mejor adaptación del juego hasta ahora. A la vez, en una de las más bestiales películas de terror del año. Un hito en un año especialmente prolífico del género. 

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