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Saturday, November 7, 2026

El derrumbe de San Lorenzo en 2026: cuatro técnicos, dos presidentes y afuera de todo

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El 6 de noviembre, cincuenta y cinco días antes del chinchín de la última medianoche del 2026, San Lorenzo le puso punto final a su temporada. Posiblemente, no a su año: difícilmente no tenga coletazos la derrota 0-2 ante Platense, hasta ahora la última pálida de un club que no logró atenuar su crisis institucional y financiera, y que apenas logró suavizar sus déficits deportivos durante un primer semestre que quedó tapado por la bronca de su gente luego de que el equipo desperdiciara su última bala: ganando avanzaba, y estuvo a kilómetros de hacerlo.

“Que no quede ni uno solo”. Que el hit se haya transformado en una cruda costumbre desde las gradas, un grito de guerra ante la sensación de insustancialidad y desidia es una señal de cuán percudida está la esperanza, del nivel de óxido que ha alcanzado la paciencia de la gente de San Lorenzo. Cuyos problemas trascienden a este almanaque, sino que vienen de arrastre. Endeblez en su vida interna que -paradójicamente- sólo lo futbolístico consiguió maquillar hasta hace un tiempo. Pero ya no más.

Porque los hinchas que dejaron anoche, empapados por el diluvio y frustrados por la falta de respuestas de la ecuación fútbol+institución, saben que recién volverán a ver oficialmente a San Lorenzo después de la temporada alta de verano, de las ojotas, de la pileta o el mar o la montaña. Comprendiendo, mejor que nadie, que cuando el torneo regrese nada garantiza que la situación haya cambiado.

El desfile dirigencial: tres gestiones en apenas tres años

No se trata de un déficit únicamente de la actual dirigencia, encabezada por Marcelo Culotta y con apenas 155 días de gestión. Porque San Lorenzo ha tenido tres presidentes/conducciones en tres años: Sergio Costantino estuvo a cargo durante seis meses (entre diciembre de 2025 y junio del 26) luego de la vodevilesca era de Marcelo Moretti. Que había llegado al cargo por el voto del socio en 2023 también producto del desgaste político del ciclo de Marcelo Tinelli.

Aunque el 2026 ha dado señales de profundización de la crisis. Porque pasaron dos presidentes por el sillón y cuatro técnicos por el banco. Dos de ellos, ilustres: las inclemencias de un pésimo arranque de temporada post Mundial se llevó a Néstor Gorosito, hombre que durante años esperó una segunda oportunidad en San Lorenzo. Y fue efímera: ocho partidos, con una derrota en el clásico con Huracán en el Nuevo Gasómetro, la primera en 25 años.

Gorosito apenas dirigió ocho partidos (Fernando de la Orden).Gorosito apenas dirigió ocho partidos (Fernando de la Orden).

A los rulos de Pipo los reemplazó la melena y el pragmatismo de Ruben Darío Insua. Que llegó a tomar las riendas con la ilusión de aquello que había conseguido durante su segunda etapa como deté: posiblemente del Gallego haya entusiasmado más a los hinchas la facilidad con la que había neutralizado el ruido institucional de la transición entre la renuncia de Marcelo Tinelli en abril de 2022 y las elecciones del año siguiente.

Su sencillez y discurso sanlorencista habían convencido a un grupo que tenía un aura neo camboyana, que hizo match con la gente y que llevó al equipo de pelear la permanencia a jugar la Copa Libertadores. Cuando, en paralelo, lejos estaba el club de lograr una paz dirigencial.

La desazón de San Lorenzo e Insua ante Platense (Fotobaires).La desazón de San Lorenzo e Insua ante Platense (Fotobaires).

Boedo y nada más

Que lo único que los hinchas de San Lorenzo rescatarán de otros doce meses condenados al ostracismo fue la restitución de los 8.345 metros cuadrados anexos a los ya recuperados en Boedo. Una Vuelta a Tierra Santa que está tan atascada como el club en un punto muerto desde hace tiempo. Con consecuencias ineludibles: inhibiciones que se acumulan, atrasos salariales, deudas. Una crisis que ha superado los límites de lo saludable.

El tobogán azulgrana ha visto pasar a cuatro entrenadores, a dos presidentes, once derrotas. Eliminaciones en la Sudamericana, de la Copa Argentina, del Clausura. De la chance internacional 2027. Sí: hubo un atisbo de competitividad durante la era Álvarez que quedó trunca en un empate con caída por penales en el Apertura, cuando todavía había un haz de luz de esperanza en lo futbolístico para San Lorenzo. Pero de eso nada ha quedado. Sólo el grito de la gente que cantó, como terapia y catarsis pero también como reivindicación de su amor, que “te voy a alentar la vida entera”.

Un público que confía más en el futuro (Agustín Ladstatter, Facundo Gulli, Teo Rodríguez Pagano, embajadores más visibles de la cantera) que en lo que pueda llegar. Pibes que como en muchísimas situaciones han tenido que dar la cara con respuestas a la altura de su nivel de experiencia.

Por eso la gente cantó que San Lorenzo es su “única razón”, la “locura” de su corazón, “un sentimiento de verdad que nunca nadie comprenderá”. O que lo sigue “en las buenas y en las malas” al ritmo de Gianluca Grignani. Sólo el profundo deseo de los miles y millones que acompañaron al club sostienen a una institución que lleva diez años sin ganar un campeonato, una década con golpes de la que necesita algún día levantarse. Porque ya no alcanzan ni los héroes vintage de campera de cuero o rulos en un banco para atenuar la tristeza.

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