Diez años sin Nelson Pinedo, el ‘Pollo Barranquillero’ que llevó canciones de Escalona, Barros y Pacho Galán al repertorio de la Sonora Matancera
Su biógrafo, Fausto Pérez Villarreal, contó en EL TIEMPO cómo fue el día que intentó entrar a su casa en Caracas.
En el barrio Rebolo, en el suroriente de Barranquilla, donde nació Nelson Pinedo, fue instalado un monumento en reconocimiento a la vida y obra del cantante, conocido como ‘El Pollo Barranquillero’. Foto: Guillermo González- Kronos/ ET

PERIODISTAActualizado:
El 25 de septiembre de 2006, temprano, el periodista Fausto Pérez Villarreal se bajó de un taxi frente a un edificio viejo de Chacao, en Caracas (Venezuela). Desde un local comercial de la acera de enfrente marcó el número de Nelson Pinedo.
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El cantante contestó con su buen humor de siempre, hasta que supo que su biógrafo estaba a pocos metros. Le pidió verse a las 3 de la tarde, pero en otro lugar. Pérez insistió en conocer su casa y la respuesta fue corta: “En mi casa no hablo”.
La escena la relató el propio Pérez recordando el reportaje que publicó EL TIEMPO el 27 de octubre de 2016, el día en que Pinedo murió a los 88 años en Valencia, Venezuela. Este martes se cumplen diez años de aquella noticia.
Un barranquillero en La Habana
Pinedo nació el 10 de febrero de 1928 en el barrio Rebolo, de Barranquilla, un viernes víspera del sábado de Carnaval. Lo bautizaron Napoleón Pinedo Fedullo. Antes de cantar fue operador de sonido y en 1948 trabajó como locutor en la emisora La Voz de la Patria. Debutó como cantante con la orquesta de Julio Lastra y pasó por las agrupaciones de Lucho Rodríguez Moreno, Antonio María Peñaloza y Américo y sus Caribes.
'El Pollo Barranquillero' Nelson Pinedo a duo con Juan Crlos Coronel Foto:Archivo EL TIEMPO
En Bogotá se unió al Casino Sevilla, un conjunto formado por españoles. Según Pérez, con ellos llegó a La Habana haciéndose pasar por español. Allí el grupo cambió su nombre a Serenata Española, y el barranquillero pasó hambre antes de entrar en 1953 a la Sonora Matancera, donde reemplazó a Daniel Santos.
El director de la Sonora, Rogelio Martínez, le dio una grabación. Pinedo escogió ‘El ermitaño’, de Rafael Escalona. Le fue tan bien que la disquera amplió su contrato de exclusividad de dos a cinco años. En 1954 grabó ‘Me voy pa’ La Habana’, de José María Peñaranda, la canción por la que más se le recuerda.
Compositores colombianos en las grandes orquestas
Pérez sostiene que a Pinedo había que reconocerle una regla que impuso en cada orquesta con la que cantó: grabar a compositores colombianos. Así entraron al repertorio de la Matancera ‘Momposina’, ‘El vaquero’ y ‘Estás delirando’, de José Barros; ‘Mujer celosa’, de Pacho Galán; ‘Bésame morenita’, de Álvaro Dalmar, y ‘El mochilón’, de Efraín Araújo.
Nelson Pinedo con su biógrafo el periodista Fausto Pérez Villarreal. Foto:Archivo particular
Después de unos cinco años en la Sonora, grabó con Tito Rodríguez temas como ‘Kalamarí’ y ‘Nostalgia’, y con el combo de Rafael Cortijo dejó ‘Micaela’ y ‘El pilón’. También cantó con Memo Salamanca y Chucho Sanoja. Para su biógrafo, esa trayectoria lo hacía la voz masculina de música tropical más importante que ha dado Colombia.
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En 1968 se radicó en Caracas y cuatro años después adoptó la nacionalidad venezolana. Le decían el Almirante del Ritmo.
Bocachico, el Junior y el miedo a la soledad
Pérez lo conoció en persona en 1987, en la sala de tertulias de El Heraldo. Había crecido oyendo sus canciones en los discos que coleccionaba su padre. Durante 19 años lo entrevistó en conciertos, ruedas de prensa y conversaciones en Barranquilla, y llegó a reunir casi un centenar de casetes.
El empresario Samuel Minski le encargó la biografía, que la editorial La Iguana Ciega publicó en diciembre de 2006.
Nelson Pinedo marcó una época de la música del Caribe. Foto:Archivo EL TIEMPO
El viaje a Caracas era la última parte del trabajo. La cita de las 3 de la tarde fue en Korta Records, en la oficina de su representante, Luis Francisco ‘el Negro’ Geño Mendoza. Hablaron más de una hora y casi nada de música, porque ese tema ya estaba agotado. Pinedo le contó de su esposa, Alba Marino Blanco, cucuteña de familia venezolana, y de sus hijos: Rosalba, nacida en México, y Carlos Julio, nacido en Argentina, durante las giras.
Le confesó que seguía al Junior, que le gustaban el bocachico, el bollo de yuca, la aguapanela y el dulce de coco con leche, que era aficionado al cine y que le temía más a la soledad que a la muerte.
Pérez regresó a Barranquilla al día siguiente sin conocer la casa de Chacao. Diez años después, cuando escribió sobre su muerte, todavía contaba esa visita como su gran frustración.
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