Por qué la Luna se ve naranja junto al horizonte si en realidad es gris
La Luna que asoma anaranjada por el horizonte y la Luna roja de los eclipses son efectos del aire de la Tierra, según explica la NASA. Su color real es gris, con matices tan sutiles que solo se ven cuando las sondas los exageran.
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La Luna llena que asoma anaranjada tras los tejados y, horas después, brilla blanca en lo alto del cielo es la misma Luna. Lo que ha cambiado es el aire que atraviesa su luz. Ese color es un efecto de la atmósfera terrestre, igual que el rojo de los eclipses. Su color propio es gris: gris oscuro en los mares, antiguas llanuras de lava, y gris claro en las tierras altas. Los matices que hay entre ellos son tan sutiles que solo las sondas espaciales los distinguen.

La Luna llena asoma anaranjada junto al horizonte: su luz atraviesa más atmósfera y pierde parte de los tonos azules por el camino. NASA
Por qué la Luna se ve naranja junto al horizonte
Cuando la Luna está baja, su luz recorre un tramo de atmósfera mucho más largo que cuando está en lo alto. En ese trayecto, las longitudes de onda cortas, las azuladas, se dispersan más y llegan menos a nuestros ojos, así que predominan las largas: amarillas, anaranjadas y rojizas. La NASA lo explica así y añade que el polvo o la contaminación pueden intensificar el tono rojizo. Es el mismo mecanismo que colorea los amaneceres y los atardeceres.
Por eso el color cambia de una noche a otra. El tono de la Luna baja dice más del aire que tienes encima que de la propia Luna: en una noche limpia suele quedarse en amarillento, y una jornada de calima o el humo de un incendio lo vuelven naranja intenso.
La Luna roja de los eclipses
Durante un eclipse total de Luna, la Tierra se interpone entre el Sol y la Luna, pero el satélite no desaparece: suele teñirse de rojo, el fenómeno que popularmente se llama «Luna de sangre». Según la NASA, ocurre porque la única luz solar que llega entonces a la Luna es la que ha atravesado la atmósfera terrestre. El aire dispersa la parte azul y deja pasar la roja, la naranja y la amarilla. Cuanto más polvo o nubes haya en la atmósfera durante el eclipse, más roja se ve. La agencia lo resume con una imagen: es como si todos los amaneceres y atardeceres del mundo se proyectaran a la vez sobre la Luna.

Durante un eclipse total, la Luna se tiñe de rojo con la luz solar que ha atravesado la atmósfera terrestre. IA
Los colores propios de la Luna
Basta mirar el disco con atención para distinguir dos tipos de terreno. Las manchas oscuras son los mares, que no tienen agua: son antiguas coladas de lava basáltica, rica en hierro y titanio. Las zonas claras son las tierras altas, la corteza más antigua del satélite, formada sobre todo por una roca clara llamada anortosita. Las muestras de basalto de los mares traídas a la Tierra tienen entre 3100 y 3800 millones de años, según el geólogo planetario David A. Rothery, de la Open University.
El contraste entre mares oscuros y tierras altas claras es la diferencia de color real que cualquiera puede ver a simple vista. Más allá de eso, las diferencias son tan pequeñas que el ojo no las aprecia ni con telescopio: para distinguir minerales hacen falta instrumentos.
Las imágenes de colores intensos
Quizá hayas visto mapas de la Luna en azules, naranjas y púrpuras intensos. Son imágenes en color exagerado: toman diferencias de color mínimas y las amplifican para que se vean.
Uno de los ejemplos más conocidos es el mosaico que tomó la sonda Galileo de la NASA en diciembre de 1992, de camino a Júpiter. En esa imagen, según el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL), las tierras altas aparecen en rojo por su bajo contenido en titanio y hierro, y los mares más azules son los más ricos en titanio. La misma lectura vale para una composición fotografiada desde la Tierra por el astrofotógrafo Johannes Schedler, que la NASA eligió como imagen astronómica del día el 16 de febrero de 2006. Según su explicación, estas diferencias se han calibrado con las rocas que trajeron las misiones Apolo.
Esa clave de colores vale para esas imágenes, no para todas. La animación Invisible Colors of the Moon, que publicó la NASA en 2009 con datos del Moon Mineralogy Mapper, un instrumento de la NASA a bordo de la sonda india Chandrayaan-1, va asignando distintas combinaciones de bandas a los canales rojo, verde y azul. Ese instrumento medía luz entre 0,45 y 3 micrómetros, muy dentro del infrarrojo, cuando nuestros ojos solo captan entre 0,4 y 0,75. En estas imágenes, el color es una forma de representar mediciones.
Siete bandas para cartografiar la Luna
La cámara gran angular de la sonda Lunar Reconnaissance Orbiter, en órbita lunar desde 2009, fotografía el satélite a través de siete filtros: dos en el ultravioleta, centrados en 321 y 360 nanómetros, y cinco en el visible, en 415, 566, 604, 643 y 689 nanómetros. Con ellas el equipo de la cámara, en la Universidad Estatal de Arizona, ha elaborado mosaicos de casi toda la superficie que permiten comparar cómo refleja la luz cada terreno y deducir su composición.
Cómo observar los colores de la Luna a simple vista
No hace falta telescopio. Basta un rato de observación:
Compara mares y tierras altas. Cualquier noche despejada, fíjate en las manchas oscuras y en las zonas claras: son las dos grandes unidades geológicas de la Luna.
Sigue la Luna desde que sale. Obsérvala cuando está baja y anota su tono; vuelve a mirarla una o dos horas después, ya más alta, y comprueba si se ha vuelto más blanca.
Repite en noches distintas. Si una noche la Luna baja se ve más roja que otra, lo que estás registrando son cambios en la atmósfera, como polvo, humedad o humo.
Lo que se ve así es el efecto de la atmósfera terrestre y el gran contraste geológico del satélite. Saber qué minerales hay en cada zona sigue siendo trabajo de las sondas, cuyas mediciones se contrastan con las muestras de las misiones Apolo.
Referencias
NASA Science. «The Moon Illusion: Why Does the Moon Look So Big Sometimes?». science.nasa.gov
NASA. «What You Need to Know about the Lunar Eclipse». moon.nasa.gov
NASA/JPL. «PIA00129: Moon – False Color Mosaic», sonda Galileo, 1992. photojournal.jpl.nasa.gov
Nemiroff, R.; Bonnell, J. (eds.). «The Color of the Moon», Astronomy Picture of the Day, 16 de febrero de 2006. Imagen de Johannes Schedler. apod.nasa.gov
ISRO/NASA/JPL-Caltech/Brown University. «PIA12238: Invisible Colors of the Moon», 2009. science.nasa.gov
Lunar Reconnaissance Orbiter Camera, Universidad Estatal de Arizona. Especificaciones técnicas. lroc.asu.edu
Rothery, D. A. «The Moon», OpenLearn, Open University. open.edu
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