El académico Pedro Luis Barcia será distinguido como personalidad emérita de la cultura

Este lunes a las 18.30, la Secretaría de Cultura de la Nación distinguirá a Pedro Luis Barcia como personalidad emérita de la cultura nacional. Es un reconocimiento a su trayectoria y aporte fundamental a la cultura argentina, y a su labor como lingüista, historiador, docente e investigador. Será en el piso 9 del Palacio Libertad (Sarmiento 151).

La Secretaría de Cultura otorga esta distinción teniendo en cuenta la contribución de la persona homenajeada al patrimonio cultural argentino, así como su compromiso con las artes en cualquiera de sus disciplinas y la trascendencia no solo nacional sino más allá de las fronteras.
Esta distinción para Pedro Luis Barcia es un reconocimiento a una vida de trabajo, movida por una fuerte vocación docente e investigativa. Los más de un centenar de libros que ha publicado sobre diversos aspectos de la cultura argentina lo prueban.
Para Barcia, “es encomiable que la Secretaría de Cultura de la Nación haya incorporado ahora los ámbitos de la educación y la investigación lingüística y literaria a su distinción mayor, que hasta hoy abarcó en ella el mundo del espectáculo (Mirta Legrand, Brandoni), la fotografía (Aldo Sessa), la plástica (Marta Minujín), el arte vocal (Raúl Lavié), y otros espacios valiosos de nuestra cultura”.
Dos orientaciones
Su actividad ha tenido dos orientaciones: la educación, a la que ha destinado una serie de obras como El método del caso, aplicable a primaria y secundaria; La comprensión lectora, que abarca, con ejercitaciones concretas, desde inicial hasta fin de la secundaria; Los textos comunicativos universitarios, en los que comparte su larga experiencia en ese nivel, en la elaboración de reseñas bibliográficas, monografías, ponencias para congresos y un largo etcétera.
Así como El aula invertida, que aprovecha la visión de avanzada de la propuesta norteamericana; o los tomos Cercanía joven, aprobados por el gobierno brasileño para la enseñanza de la lengua española en su nivel secundario.
Pero también La previsión educativa de adicciones, con tres ediciones. Quizás sea este último el conjunto educativo menos conocido de su producción porque, según explica, la atención crítica se ha volcado a lo literario y a lo lingüístico. Y es que desde que tiene memoria se ha preocupado por la soberanía y la originalidad de nuestra lengua y sus orígenes.
En ese campo ha aportado el Diccionario fraseológico del habla argentina, el Refranero de uso argentino, el reciente La identidad lingüística argentina; el estudio de Los diccionarios de la lengua en la Argentina, incluidas las hablas gauchesca y lunfarda, o el descubrimiento y la publicación del primer Diccionario de argentinismos, inédito de 1875.
Pero además Barcia ha trabajado en lo que él mismo llama “rescate de náufragos y no de exhumación de cadáveres”, con más de 10.000 páginas de Darío, Lugones, Pedro Henríquez Ureña, Fray Mocho y Enrique Banchs. “Y un tomito al que tengo gran afecto, La literatura antártica argentina, que es pionero en su campo y al cual llamo ‘la toma de posesión desde la literatura del continente blanco’”, agrega.
En agosto, cuando salió su libro La identidad lingüística argentina (Dunken), dijo a Ñ que una persona que no está educada en la oralidad no tiene capacidad plena para la democracia porque no tiene la posibilidad de decir con precisión lo que quiere.
Letras, lingüística y docencia
Barcia nació en Gualeguaychú, Entre Ríos, el 28 de junio de 1939. Es doctor en Letras, lingüista, investigador universitario, escritor y profesor. Fue presidente de la Academia Nacional de Educación y de la Academia Argentina de Letras.

Estudió profesorado en Letras y luego se doctoró en la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de La Plata con su tesis “Los proverbios morales del rabí Sem Tob”. Fue profesor titular en esa universidad, de Literatura Argentina I, Literatura Argentina II y de Literatura Medieval. En 1991 fundó el primer Doctorado en Comunicación de la Argentina, en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral, que dirigió hasta 2012, y presidió la Academia Argentina de Letras desde 2001 hasta 2013.
El escritor e investigador entrerriano, platense por elección, siente que “este reconocimiento valida una vida de trabajo en nuestra cantera cultural. Más que un cubito de azúcar para que siga trotando este caballo vejancón, este premio es para mí todo un ingenio azucarero”.
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