Lula apuesta a evitar el conflicto y no confrontar con Milei y Trump

BRASILIA.– El silencio del Palacio del Planalto es elocuente. Más allá de algunas críticas puntuales de Lula el martes, día de su cumpleaños, cuando todavía no se conocía la intervención de la Casa Blanca ni la de funcionarios del gobierno de Javier Milei, el gobierno brasileño decidió no comentar el operativo que permitió a Flavio Bolsonaro salir del país pese a una prohibición judicial, con apoyo de la Argentina y de Estados Unidos.
La consigna es no darle al episodio una dimensión mayor de la que tiene y, sobre todo, no ofrecerle a Milei el contrapunto que, según evalúan, busca.
“No hay que darle protagonismo a un loco”, resumió ante LA NACION un asesor de la Presidencia brasileña que pidió reserva. “Todo lo que Milei quiere es un contrapunto con Lula. Y no tiene estatura para merecerlo”.
La prudencia, sin embargo, tiene un límite. Pese al interés de Itamaraty en recomponer la relación con la Argentina, tras los nuevos hechos el regreso del embajador brasileño a Buenos Aires, retirado en agosto, está “completamente descartado” y no tiene fecha. Ya no dependerá apenas de un cese en los ataques de Milei a Lula. Según fuentes oficiales, no hay ninguna condición política para normalizar el vínculo, y eso llevará tiempo para recuperarse.
Flavio Bolsonaro, derrotado el domingo por Lula -que obtuvo 64,2 millones de votos, el 51,79% de los válidos-, entró en la Argentina a las 22.50 del martes por el puente Tancredo Neves, según Migraciones, y despegó a las 0.21 del miércoles de Puerto Iguazú en un avión privado rumbo a Estados Unidos, con escala en Guayaquil. El juez Alexandre de Moraes le había ordenado entregar sus pasaportes y no salir del país.
Como informó LA NACION, el asesor presidencial Santiago Caputo estuvo en Misiones durante la fuga: en la madrugada del miércoles, un control policial lo identificó en un convoy de la Entidad Binacional Yacyretá que venía de Puerto Iguazú.
En el Planalto admiten que la participación de funcionarios argentinos en la huida es “un hecho grave”, pero insisten en que la información recién se está aclarando. “Hasta ayer ni sabíamos dónde estaba Flavio”, dijo un colaborador de Lula. Para el gobierno, la fuga incomoda más a la oposición que al Ejecutivo. “No había orden de detención contra él. Debe haber calculado que iba a terminar preso y se fue”, razonan cerca del presidente.
Si hay respuesta a Buenos Aires, será de bajo perfil. Podría haber diversas alternativas. Desde la citación del encargado de negocios hasta una nota a nivel ministerial, según lo que surja de la investigación de la Policía Federal. Otra posibilidad es que el canciller Mauro Vieira plantee el tema ante su par argentino, Pablo Quirno, en la reunión de cancilleres del G20 que se celebra este viernes y sábado en Atlanta.
Lo que no está en carpeta, al menos por ahora, es que Lula se involucre directamente. Con la representación brasileña en Buenos Aires en manos de un encargado de negocios desde agosto, en el Planalto creen además que una queja formal no tendría ningún efecto.
El contraste llegó este jueves por otra vía: Lula agradeció en redes el saludo del expresidente Mauricio Macri por el triunfo electoral y dijo extrañar los tiempos en que las diferencias entre ambos países se resolvían de manera “civilizada y republicana”.
Mercosur y fútbol
Mientras el vínculo político siga en su nivel más bajo en décadas, la relación transitará por otras vías. “El sector privado, el Mercosur, hasta el fútbol”, enumeran diplomáticos brasileños. La próxima prueba será la cumbre del Mercosur de comienzos de diciembre en Montevideo, a la que irá Lula y donde aún no está confirmada la presencia de Milei.
Con Estados Unidos, con algunos matices, la receta es la misma que Brasil aplicó durante el tarifazo del año pasado: pragmatismo.
El Planalto encuentra paralelos con aquel momento, cuando otro hijo de Jair Bolsonaro, Eduardo, operaba desde Washington en favor de sanciones contra autoridades brasileñas para intentar bloquear el juicio contra el expresidente por intento de golpe de Estado. Pero se subraya una diferencia, la posición de fuerza de Brasil, mucho mayor en este momento tras las urnas.
Donald Trump dijo el miércoles que la elección brasileña fue “muy extraña”, aunque aclaró que no se va a involucrar, y admitió que aprobó el ingreso de Flavio y su familia. Washington todavía no reconoció el resultado, y Brasilia no lo reclama.
“No necesitamos el aval del gobierno estadounidense como certificado de la solidez de nuestro proceso. No queremos transmitir la idea de que somos frágiles”, explicó el asesor. En el gobierno destacan, en cambio, que la mayoría de los partidos, incluido el Partido Liberal (PL), reconoció el resultado, al igual que el presidente del Tribunal Superior Electoral, Kassio Nunes Marques, llevado al Supremo por Jair Bolsonaro.
Lo mismo ocurre con el agrément de Daniel Perez, el republicano que Trump eligió como embajador en Brasil y que el Senado estadounidense aprobó en agosto por 51 votos contra 47. El beneplácito sigue congelado. Lula suspendió la concesión de agréments hasta después del balotaje y ahora el Planalto no ve sentido en destrabarlo mientras Trump cuestione la elección. La decisión, señalan, depende más de la Casa Blanca que de Brasilia. Estados Unidos no tiene embajador en Brasil desde enero de 2025.
Según fuentes oficiales, Washington quedó “cerrado para hacer balances” tras el domingo, después de apostar fuerte por el bolsonarismo. La clave ahora son las elecciones legislativas estadounidenses del martes próximo.
“La relación con Estados Unidos tiene que pasar por dos procesos: nuestra elección y la de ellos”, señalaron en casa de gobierno. Brasilia espera ver cómo quedan la Cámara y el Senado antes de mover fichas, convencida de que Washington deberá recalibrar su estrategia con vistas a 2028. Una eventual condena de Flavio y la protección en el exterior, anticipan, tampoco cambiaría nada, así como sucedió con Eduardo Bolsonaro.
“El domingo hubo una victoria aplastante y los derrotados nos quieren arrastrar al barro. Si el adversario hace tonterías, mejor dejarlo”, resumen en el entorno de Lula. La decisión de no responder a nivel presidencial, admiten, puede revisarse si aparecen elementos nuevos. Pero, por ahora, la orden es no contestarle a Trump ni a Milei.
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