River no logra cerrar el arco: las claves de una falla que preocupa

Sólo 15 vallas invictas en un año irregular en el que la falta de solidez ya le costó una final, piñas varias y que se ha perpetuado incluso con los cambios de entrenadores.

Beltrán mira. La defensa no logra frenar el tiro. Será el 1-0 de Huracán ante River (Marcelo Carroll).
River puede pasar 200 minutos sin recibir goles. Incluso 300. Puede encadenar dos o tres partidos con el arco en cero. Pero la sensación de estabilidad no se consigue. Tanto que le marcaron goles en los últimos seis partidos. En 12 de los últimos 15. Una desatención, una marca permisiva o un duelo perdido no hace más que presionar el botón de reset de su contador. Y ahí aparece una de las grandes deudas del equipo: le cuesta muchísimo hacer de la valla invicta una costumbre. Y cuando no hay solidez, todo se vuelve más difícil de sostener.
Los números son claros. River jugó 40 partidos en el año, recibió 35 goles y apenas terminó 15 veces con el arco en cero. Un 37,5% de vallas invictas: una señal de que el equipo nunca termina de sentirse completamente seguro atrás. Y aunque a lo largo de 2026 amagó con lograr cierta continuidad en su valla, nunca pudo prolongarla lo suficiente. Y en momentos decisivos, falló.
Tuvo rachas importantes. Arrancó el campeonato con 276 minutos sin recibir goles, después del 1-0 a Barracas, el 2-0 a Gimnasia y el 0-0 frente a Rosario Central, hasta que Tiago Serrago rompió el cero en el 4-1 de Tigre. El primero de los golpes que terminarían tumbando al ciclo de Marcelo Gallardo. Más tarde, ya con Eduardo Coudet, llegó a 323 minutos, con vallas invictas contra Sarmiento, Estudiantes de Río Cuarto y Belgrano, antes del gol de Antony Vázquez para Blooming. Y hasta acumuló 238 minutos entre Argentinos, Independiente Santa Fe y Vélez; otros 225' entre Racing, Carabobo y el penal de Leandro Paredes en el superclásico; y 195' entre Gimnasia, Central y Bragantino. Hubo estabilidad. El problema, el de siempre: lograr sostenerla.
Así se iba River (Marcelo Carroll).
¿Dónde se rompe River? En detalles que se repiten demasiado. Pérdidas de marcas, duelos defensivos cedidos en momentos calientes, jugadores que reciben con comodidad y errores de coordinación. El caso de Fausto Vera es una muestra: cuando estaba haciendo uno de sus mejores partidos, salió a apretar a un rival que ya tenía marca y dejó libre el callejón que aprovechó Lucas Blondel.
A eso se suma otro punto sensible: las pelotas paradas. River suele defender los tiros libres laterales muy cerca de su arco, asumiendo un riesgo enorme ante cualquier rebote, segunda jugada o pelota aérea. Y justamente por arriba también sufrió: marcas que se pierden, atacantes que saltan solos y referencias que no siempre son tomadas con la agresividad necesaria.
La bronca de Correa luego del gol de Huracán (Marcelo Carroll).
El problema se hace todavía más pesado por otra estadística. Son 30 los partidos en los que River empezó perdiendo y no terminó ganando: ocho empates y 22 derrotas. Veinte con Marcelo Gallardo, nueve con Eduardo Coudet y uno en el último encuentro. La última remontada completa fue el 6 de noviembre de 2024, en el 3-2 frente a Instituto en Córdoba.
Ahí está la cuestión. Para River, recibir primero no es solamente un gol en contra: muchas veces significa entrar en un partido que después no sabe dar vuelta. Por eso cada valla invicta vale doble. Porque este equipo ya demostró que puede cerrar el arco. Lo que todavía no consiguió es que eso deje de ser una racha y se transforme, de una vez por todas, en una costumbre.
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