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Thursday, October 29, 2026

Marina Garcés, filósofa española: "Para gozar de la amistad hay que perder el miedo a la soledad"

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Uno de los refranes más populares dice que los amigos están para acompañarnos en las buenas y en las malas. Pero, ¿qué pasa cuando la amistad se convierte en un vínculo que mantenemos para no sentirnos solos o cuando se transforma en un refugio frente a todo lo que nos preocupa?

La filósofa española Marina Garcés se hace algunas de estas preguntas en La pasión de los extraños, un ensayo en el que revisa algunas de las ideas más extendidas sobre la amistad y propone pensar estos vínculos más allá de la necesidad de sentirnos acompañados o comprendidos.

La profesora universitaria y autora de varios libros considera que la amistad no debe limitarse a encontrar personas parecidas a nosotros ni a buscar en ellas un apoyo emocional.

La filósofa parte de una particularidad de este vínculo para explorar qué lo hace diferente de otras relaciones.

"Es curioso que la amistad no haya generado instituciones propias. No hemos inventado ninguna forma que la regule, institucionalice y legisle. ¿Por qué no firmamos papeles para hacernos amigos? De esta pregunta parto para buscar lo que tienen de extraño las relaciones de amistad”, explica.

Marina Garcés, filosofa española. Foto: Miguel Taverna

A diferencia de los vínculos familiares, la amistad no viene dada de antemano. No elegimos a nuestra familia, pero sí podemos elegir a nuestros amigos y construir con ellos una relación que no está definida desde el principio.

“Los amigos no vienen de nuestro núcleo familiar, íntimo o doméstico. El amigo o la amiga siempre es aquella presencia a la que nos vincularemos a través de la vida y vendrá de fuera. El vínculo no viene construido, hay que inventarlo”, señala.

Esa libertad, sin embargo, puede quedar relegada cuando buscamos relacionarnos únicamente con personas que piensan como nosotros y nos hacen sentir seguros.

“Ya no creamos comunidades de amigos, sino burbujas de iguales. Me pregunto en qué medida confundimos la necesidad de seguridad con el deseo de amistad”, plantea en diálogo con el diario español.

La reflexión apunta a una contradicción. Aunque los amigos son una fuente de apoyo, la relación pierde parte de su riqueza si esperamos que el otro esté siempre (y únicamente) disponible para aliviar nuestros problemas.

Garcés lo explica de esta manera: “Cuando la amistad es vista como una terapia, (esta idea de “mis amigas son mi salvavidas”), se apuesta por una reducción de la aventura de la amistad. La finalidad de la amistad no es anestesiarnos de nuestros miedos, sino poder perderlos juntos”.

También cuestiona la idea de que una amistad deba durar toda la vida o exigir muchas horas de encuentros para ser considerada verdadera.

La relación entre amistad y soledad es otro de los temas sobre los que reflexiona la filósofa. Para ella, el problema no es necesitar a los demás, sino convertir esa necesidad en un miedo permanente a quedarnos solos.

“Muchas de estas amistades que se nos están proponiendo de tipo terapéutico, de tipo identitario, se construyen desde el miedo al aislamiento social y a la soledad no deseada”, asegura.

En esa línea, sostiene que ese miedo puede llevarnos a buscar compañía de manera constante, incluso a través de las redes sociales, donde siempre parece haber alguien disponible.

Por eso, afirma que aprender a estar solos también es una forma de relacionarnos mejor con los demás. Cuando la compañía deja de ser una necesidad para escapar de la soledad, la amistad puede convertirse en una elección libre y genuina. “Para poder gozar de la amistad hay que perder el miedo a la soledad”, concluye.

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