Club Español, un palacio con un genio alado en la cúpula y una réplica de la Alhambra en el subsuelo

Tiene el señorío de ser el palacio porteño de la sociedad de emigrantes españoles más antigua del mundo. Por supuesto, en un país que recibió más de dos millones de viajeros de ese origen entre 1857 y 1955. Por tal linaje y porte extraordinario, el edificio del Club Español, que preside José Benito López Carballedo, fue declarado Monumento Histórico Nacional y Sitio de Interés Cultural por la Legislatura porteña.
Como los fundadores querían que fuera lujoso, que se constituyera en un centro intelectual y cultural con una vida social intensa; culminar semejante propósito demandó más de dos años de trabajo. En 1908 se adquirieron dos terrenos descampados y se aprobó el proyecto arquitectónico del arquitecto holandés Enrique Folkers, quien concibió la estructura en función de que el predio era angosto y profundo. Se cuenta que opinó: “Esto es como un barco”. Por este motivo, en el inicio de la Escalera de Honor hay una especie de proa naval, lo cual también se asocia a la idea de emigración.
Está emplazado en la calle Bernardo de Irigoyen 172, a pocos metros del cruce de la 9 de Julio y Avenida de Mayo, en el barrio de Monserrat. Es el colofón de un emblema asociativo de los españoles surgido a partir de la Batalla de Caseros, cuando el ejército de Urquiza derrotó a Rosas; resultado que permitió que los extranjeros tuvieran los mismos derechos civiles que los nacidos en el territorio.
Mariana Vicat, periodista, escritora y responsable de Cultura de la entidad, relató a LUGARES que “en 1852, en los inicios de la asociación forjada por iniciativa de don Vicente Rosa y Carim, siempre se pensó en disponer de un lugar de encuentro, de lectura, social, que permitiera tertulias con piano; pero también de asistencia a los más necesitados, un sentido de beneficencia que fue el germen del Hospital Español. Eran ciudadanos que se reunían en el contexto de la llamada Sala Española de Comercio y luego Casino Español. A medida que se incrementaron los participantes y teniendo intereses con distinto enfoque se dividieron formando entonces el club social, la cámara comercial y el hospital”.
La colectividad tuvo previamente una sede en la calle Victoria (actual Hipólito Yrigoyen) y Perú y recién en 1872 adoptó el nombre de Club Español. “En rigor, agregó Vicat, el edificio actual estuvo terminado en 1911, pero se inauguró en 1912 porque los dirigentes querían que coincidiera con el centenario de ‘La Pepa’, el nombre popular con que se llamaba a la primera constitución española aprobada en Cádiz durante la guerra de la independencia de la Francia napoleónica.”
Entre los jacarandás, tipas y palos borrachos del bulevar de la Avenida 9 de Julio se distingue la llamativa fachada de tres niveles donde se fusionan estilos de balcones, sobrerrelieves, mosaicos, luminarias, rejas, ventanas y arcos de medio punto y en forma de herradura.
Y en la cúspide, sobre una fulgurante cúpula cerámica de rojo cobrizo, se eleva la hidalga escultura de El genio alado, obra del escultor barcelonés Torcuato Tasso y Nadal (1852-1935), que se visualiza entre los tantos hermosos domos del centro porteño. Una mano de la talla levanta los laureles del triunfo y, durante muchos años, la figura enarbolaba en la otra mano un farol que se encendía en celebraciones de la colectividad o en fechas patrias.
Un patrimonio de artesanías y arte
En el ecléctico frente, una de las estructuras notables es la baranda de bronce macizo de ocho metros en los balcones, traídas de España y trabajadas en estilo Art Nouveau, aunque con influencias de la herrería artística del Modernismo catalán y la Secesión vienesa (el movimiento estético nacido en 1897 liderado por Gustav Klimt). Dato lamentable, tanto bronce fue un imán para unos ladrones que en una madrugada de 2003 arrancaron y se robaron una de las tres piezas; la cual fue reemplazada por una copia muy lograda.
A poco de ingresar otro asombro es la magnífica Escalera de Honor cubierta de una alfombra carmesí al modo del modernismo catalán. Las escalinatas se abren a derecha e izquierda hacia el primer piso donde rematan en esculturas de mármol muy valiosas: La Tradición, del catalán Agustín Querol y La Bailaora, del valenciano Mariano Benlliure. Mientras que en el medio se encuentra el altorrelieve La intelectualidad y el trabajo, del también catalán Miguel Blay y Fábrega.
Sin embargo, el tesoro arquitectónico y decorativo más curioso está en el subsuelo, donde en el pasado lejano había una pedana de esgrima. En un área de unos 220 m2 el Salón Alhambra reproduce sectores del gran monumento de Granada que fue ciudad palatina, fortaleza, casa real cristiana y es Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.
El salón argentino de arte árabe lo diseñó el arquitecto español Francisco Villar junto a su esposa, la pintora francesa Léonie Matthis, ambos radicados en la Argentina. Cuenta con paneles decorativos y 18 pinturas al óleo de la artista, adheridas a la pared mediante la técnica conocida como marouflage. Uno de los frisos replica el icónico Patio de los Leones, que fue la culminación de la arquitectura nazarí.
“El Salón Imperial del primer piso −explicó Mariana− se llama así por el tipo de lámparas estilo palaciego realizadas en cristales checoslovacos de altísima calidad traídas de Europa. Además, tiene un escenario con vestuario para montar zarzuelas y obras de teatro, en tanto que las paredes lucen con decorados y los marouflages (algunos en el cielorraso) representan un homenaje a la hermandad hispano argentina, tema en el cual se hizo siempre mucho hincapié”. Funcionando como auditorio, en sus 260 m2 alberga hasta 280 espectadores.
En el segundo piso está el recinto más grande, la Sala Mayor unida a la Sala Roja, con capacidad para 380 invitados, donde ya desde un siglo atrás se empezaron a organizar los banquetes y las galas, así como los festejos cuando venían al puerto los cadetes del Buque Elcano de la Escuela de la Armada Española.
En el tercer piso, el Salón Amistad ha concentrado conferencias y presentaciones de libros. A su lado se despliegan la biblioteca de unos 15.000 ejemplares y la pinacoteca, algunas de cuyas obras valiosas han sido restauradas del mismo modo que ocurre habitualmente con el patrimonio arquitectónico y ornamental. Y en el último nivel está el ambiente de reuniones más nuevo, el Salón Autonomías, para 150 personas, que ocupa parte del cuarto piso, donde está la terraza.
La Chata, Lorca, Banderas…
Como el palacio es el punto de referencia de la comunidad, ha tenido presencias memorables. Incluso antes de concluirse. Efectivamente, aquí estuvo la Infanta doña Isabel de Borbón (1851-1931), a quien cariñosamente le decían “La Chata”. Además de traer numerosos regalos incluyendo mobiliario, donó los dos ascensores que aún están operativos (un tercero está en la Casa Rosada). Fue en 1910, dado que vino para el centenario de nuestra Gesta de Mayo, con José Figueroa Alcorta como presidente. Ella sabía lo que se estaba construyendo.
No faltan los Libros de Oro con las dedicatorias, mensajes y firmas de tantísimas personalidades que lo visitaron. Estuvieron los reyes Juan Carlos y Sofía, el físico Albert Einstein, los expresidentes del gobierno Felipe González y José María Aznar; los escritores Miguel de Unamuno y José Ortega y Gasset, los actores Carmen Maura y Antonio Banderas... y Jorge Luis Borges dio una conferencia en 1980 y también hubo un acto con Mario Vargas Llosa en 2022.
Pero quizás la visita más estelar fue la Federico García Lorca en 1933 en ocasión de hallarse en Buenos Aires invitado por la actriz Lola Membrives para asistir al estreno de su obra Bodas de sangre, permanencia que le permitió un auge de popularidad puesto que en vez de quince días se quedó seis meses. El Club le quedaba cerca ya que se alojaba en el Hotel Castelar sobre Avenida de Mayo y paraba en El Tortoni o en Los 36 billares. Entre los agasajos no faltó oportunidad para que también tocara al piano piezas del folclore andaluz, flamenco y melodías tradicionales. Bueno, al fin de cuentas, él quería ser músico, no escritor.
Asimismo, numerosas placas de bronce o mármol exaltan méritos o refieren homenajes y agradecimientos. Entre ellas, incluso, un reconocimiento del parlamento porteño a la Asociación Cultural Amigos de la Zarzuela por la difusión y preservación del género artístico escénico con patente hispánica. Entidad que presentará el sábado 26 de septiembre en el Salón Imperial la famosa zarzuela La Dolorosa con la participación de 28 artistas en escena, entre cantantes, actores, músicos y bailarinas.
Desde luego, muy concurrido y prestigioso es el Restaurante Español, que satisface el paladar de quienes buscan lo auténtico de la cocina peninsular. Tiene capacidad para un centenar de comensales y funciona todos los días (mediodía y noche) en la planta baja, donde antiguamente había una sala de juegos con mesas de billar.
El DT del equipo de cocineros y mozos es el reconocido entrenador de hockey Juan Manuel Casas, responsable del lugar y quien se ocupó de la reapertura tras la pandemia. Consultado por LUGARES sobre las preferencias hispanas de la carta, comentó que “entre las numerosas entradas tradicionales se sirve tortilla española, pulpo a la gallega, chipirones, gambas al ajillo, pimientos de piquillo y, por supuesto, como platos principales hay paella, cochinillo, arroz con pulpo y langostinos, así como cazuela de conejo o de pulpo”. A la hora de los postres, los principales son la crema catalana y el sambayón al oporto.
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