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Thursday, October 1, 2026

El hipocampo: mucho más que una estructura clave para la memoria

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Descubre qué es el hipocampo y cómo participa en la memoria y en la forma en que el cerebro organiza la información.

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EL HIPOCAMPO TIENE UN PAPEL RELEVANTE PARA NUESTRA MEMORIA, SOBRE TODO CON LA EPISÓDICA, PERO SU FUNCIÓN VA MUCHO MÁS ALLÁ. ESTA ESTRUCTURA CATEGORIZA NUESTRA REALIDAD, REACCIONANDO A LA INFORMACIÓN QUE RECIBE.

En el interior de los lóbulos temporales, en las profundidades de nuestro cerebro, se encuentra una estructura que tiene forma de tubo curvado, de apenas unos centímetros, y en la que el neuroanatomista del siglo xvi Giulio Cesare Arancio quiso ver algo parecido a un caballito de mar, especialmente cuando se la considera junto al fórnix, un conjunto de fibras que sale de la misma y une ambos hemisferios. De ahí el nombre de hipocampo, nombre griego para este pequeño animal y con el que se conoce a esta estructura, en la que también se quiso ver la forma de un pequeño cuerno de carnero o, puestos a ser creativos, del dios egipcio Amón. Por eso, una de sus subdivisiones se conoce como asta de Amón.

Solo tiene tres capas de neuronas, frente a otras zonas de la corteza cerebral más evolucionadas, como el neocórtex, que posee típicamente seis capas. El hipocampo es por tanto parte de lo que se conoce como arquicórtex, o «corteza antigua» en griego, una estructura que remonta sus orígenes a hace unos 450 millones de años, con los primeros vertebrados.

Por su «primitivismo», podríamos pensar que el hipocampo debe ser una estructura de poca importancia, especialmente en el cerebro humano, donde el neocórtex juega un papel muy destacado y cuyo aumento en extensión ha sido uno de los rasgos más principales y definitorios de nuestra trayectoria evolutiva. Pero nada más lejos de esto. El hipocampo lleva ya tiempo dándonos sorpresas.

Siglo. El papel del hipocampo aún no estaba claro. Podría participar en emociones, dadas sus conexiones con otras estructuras, o quizá también en el olfato; pero poco más se podría afirmar. De ahí que, cuando al joven estadounidense Henry Molaison se le diagnosticó una epilepsia del lóbulo temporal severa y recurrente, los neurocirujanos no tuvieran grandes reparos en llevarse por delante grandes partes de sus lóbulos temporales, incluidos ambos hipocampos. El resultado no pudo ser más dramático: Molaison pasó a la historia como «el paciente HM» (su nombre completo se dio a conocer tras su muerte en 2008), considerándose el caso que marcó un antes y un después en nuestro conocimiento sobre el hipocampo. De no saberse apenas nada a otorgarle un papel fundamental para nuestra memoria, especialmente para la memoria episódica, la que tiene que ver con lo que recordamos de los acontecimientos. El paciente HM recordaba su vida pasada, pero a partir de la operación fue incapaz de almacenar nuevos recuerdos. Nada de nada, salvo lo que tuviera que ver con destrezas motoras. Ni tan siquiera recordaba que le habían operado y que tenía este problema, conocido como amnesia anterógrada, de manera que al levantarse cada día esperaba ver en el espejo a aquel joven al que operaron con 27 años. Imagínese el shock diario que debió sufrir hasta su muerte, a los 82.

Que el papel del hipocampo en la memoria resultara tan importante, mientras que esta función no se había descubierto en estudios con animales, llevó a muchas especulaciones. Así, se llegó a decir que solo en el ser humano la función de esta estructura es guardar recuerdos, pero no en otros seres vivos. También se llegó a creer que los recuerdos se almacenaban en el mismo hipocampo, que se sería algo así como nuestro «disco duro». Con el tiempo, la función del hipocampo en la memoria se fue reconociendo a otros muchos mamíferos, junto con otra de sus principales funciones: la orientación espacial o, más concretamente, la memorización de secuencias de movimientos o lugares en el espacio. También su papel como almacén de recuerdos se fue matizando con el paso de los años: de ser el depositario permanente pasó a ser solo el transitorio, pues pasado un tiempo los recuerdos se trasladarían al neocórtex. Su papel en la memoria se fue aclarando cada vez más, hasta que se llegó a la conclusión de que su principal acción es en realidad la de repasar los circuitos neocorticales que constituyen nuestros recuerdos hasta que estos se consolidan, lo que ocurre porque dichos circuitos sufren trasformaciones físicas que facilitan su activación. Siempre me gusta sorprender a la gente diciendo que estos repasos que hace el hipocampo de nuestros recuerdos en nuestro neocórtex le pueden llevar hasta tres años, que lo hace sin que seamos conscientes de ello, y que muy probablemente ahora, usted y yo, estemos repasando decenas, cientos de recuerdos, sin saberlo.

Los últimos años están deparando aún más sorpresas, y muy probablemente en una década habremos reconfigurado totalmente nuestro conocimiento del mismo. Así, el papel del hipocampo va mucho más allá de la memoria. O no, pero tendríamos que entender la memoria como algo completamente dinámico. Es tendencia en neurociencia en estos momentos que el cerebro está continuamente anticipando lo que va a venir en cada momento, está prediciendo cómo son las cosas; se anticipa, prepara cómo y qué va a percibir. Percibir no sería por tanto un proceso meramente receptivo, pasivo, sino un acto complejo en el que el cerebro propone y los órganos de los sentidos –tanto exteriores como de nuestro propio cuerpo, incluidas nuestras víscerasconfirman o desmienten, en un proceso según el cual estamos categorizando en cada momento. Es decir, estamos dando sentido a lo que percibimos: «esto es esto, o aquello; está ocurriendo tal cosa…». Incluso nuestras emociones se producirían así. No en vano, las áreas perceptivas del cerebro reciben diez veces más conexiones del interior del propio cerebro que de los órganos de los sentidos. Eso es memoria.

funciones del hipocampo — imagen 1

Y ¿ Pues algunos autores se están dando cuenta de que la información que llega al cerebro termina, en última instancia, en regiones primitivas del cerebro entre las que destaca sobremanera el hipocampo, y que de ahí surgen señales que van a parar, también en última instancia, a las regiones perceptivas y motoras del cerebro, en un bucle de categorización, donde la información es cada vez más abstracta e integradora cuanto más cerca estemos del arquicórtex del que forma parte el hipocampo. Si el lector recuerda lo que conté en estas páginas sobre la red por defecto, no le resultará extraño entender que el hipocampo formaría parte de la misma. Algunos autores van más allá, y en estas funciones de categorización otorgan al hipocampo y otras estructuras antiguas un papel fundamental en la regulación de los sistemas visceral e inmune, estableciendo una conexión nada despreciable con nuestra salud, mental y física. El futuro del hipocampo en la clínica está ya aquí.

Acaba de salir publicado en una de las revistas científicas más prestigiosas que el hipocampo reacciona a información muy compleja y de todo tipo incluso cuando estamos anestesiados y totalmente inconscientes. El «caballito de mar» anticipa el tipo de sonidos que van a venir en una secuencia y reacciona si esta se rompe, y es capaz de responder a estímulos lingüísticos complejos, clasificando palabras, reaccionando a sus significados y a si encajaban o no en cada momento. Son funciones que hasta ahora se pensaba que necesitaban que estuviéramos conscientes. A mí no me sorprende, la verdad, pues como comenté hace poco la IA puede hacer muchas de estas cosas sin tener un ápice de consciencia. Lo que quizá sí sea más sorprendente es que el hipocampo participe en estas funciones, fruto sin duda de lo que le llega de otras partes del cerebro, en su papel integrador y de abstracción necesario para categorizar la realidad. Quedamos expectantes ante lo que se vaya conociendo de esta estructura otrora tan desconocida, pero cuyo protagonismo parece cada vez mayor.

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