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Friday, September 25, 2026

Suicidio: cómo influyen la falta de inclusión social y los factores económicos en el aumento de casos en adolescentes y jóvenes

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“Necesito que sigas adelante, el mundo te necesita. Luchá por la salud mental y un mundo mejor…” Este texto es parte de la carta que Denise le escribió a su mamá antes de quitarse la vida en abril de 2023.

Graciela Salazar, la madre de Den -como le decían su familia y amigos- no ha dejado de trabajar para cumplir el pedido de su hija y ayudar a aquellos que transitan un momento de profundo dolor, hablando públicamente de la salud mental porque, a pesar de ser el país con el mayor número de psicólogos per cápita a nivel mundial, todavía resulta incómodo hablar de ciertas cosas.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, en 2025, el suicidio fue la tercera causa de muerte a nivel global, pero en nuestro país y en el resto de las Américas, es la primera causa entre las personas de 15 y 34 años.

Los fallecimientos por suicidio entre adolescentes y jóvenes superan los decesos provocados por accidentes de tránsito.

Las estadísticas oficiales aportadas por el Ministerio de Salud de la Nación y el Sistema Nacional de Información Criminal nos muestran una realidad por demás preocupante: entre 2017 y 2025 el total de casos aumentó un 57,6 por ciento.

Además, en la actualidad, los fallecimientos por suicidio entre adolescentes y jóvenes adultos superan los decesos provocados por accidentes de tránsito, que durante años fueron la primera causa de muerte en esa franja de edad.

La Organización Panamericana de la Salud define al suicidio como una problemática multifactorial, en la que intervienen aspectos psicológicos, sociales, culturales y económicos.

Por esa razón, todos los especialistas insisten en reconocerlo como una cuestión de salud pública y no como hechos aislados. En nuestro país, la Ley Nacional de Prevención del Suicidio (N° 27.130), reglamentada en 2021, dio origen al Programa Nacional de Abordaje Integral de la Problemática del Suicidio, que trabaja en la prevención, promoción, atención, formación y fortalecimiento de los sistemas de información.

Sin embargo, hasta el momento las políticas públicas no lograron detener la tendencia.

En 1897 el sociólogo Émile Durkheim publicó El suicidio, una obra considerada fundacional de la sociología moderna. A grandes rasgos, el autor demostró que el sufrimiento individual estaba directamente relacionado con el contexto social.

“Más de un siglo después seguimos comprobando que las tasas de suicidio varían según las condiciones económicas, los procesos de exclusión, las redes de apoyo y el grado de cohesión social”, comenta Daniela Figueiras Gamarra, socióloga de salud, especialista en consumos problemáticos y directora ejecutiva de Mejorable. Centro interdisciplinario de Salud Mental.

Los especialistas insisten en analizar el suicidio como una cuestión de salud pública y no como hechos aislados. Foto ilustración: Adobe Stock.

“La subjetividad siempre se construye en un entramado social. Necesitamos comprender a la persona, pero también a la sociedad en la que esa persona vive”, dice.

La socióloga también afirma que los jóvenes están expresando la necesidad de ser escuchados y de alcanzar vínculos más auténticos y estables. “Cada historia es singular y merece ser comprendida en su contexto, pero cuando observamos un aumento sostenido de los casos en distintos países estamos frente a un fenómeno social”, enfatiza Figueiras Gamarra.

Y concluye: “Una sociedad saludable no es aquella donde nadie sufre, sino aquella que ofrece redes de contención, oportunidades de inclusión y espacios donde ese sufrimiento pueda ser escuchado”.

Falta de proyección

El suicidio es un fenómeno sumamente complejo que resulta imposible atribuir a un único factor. Respecto a sus causas, la doctora Liliana Moneta, psiquiatra y psicoanalista infanto-juvenil, presidenta del Capítulo de Salud Mental Infanto Juvenil de la Asociación Argentina de Salud Mental, detalla los elementos que considera más alarmantes.

“Me preocupa la falta de proyección hacia el futuro con cierta estabilidad para que los chicos hagan un recorrido y se anclen al proyecto de vida, que es el que da sentido a la vida. Por otro lado me preocupa lo que tiene que ver con la disolución de las instituciones, en primera instancia, la familia, en segundo lugar, la escuela y tercero, que es muy importante, la disolución de las instituciones deportivas que, junto con la escuela, daban la contención que faltaba en la familia. Estas instituciones reales y formadas por personas que brindan sostén, fueron reemplazadas por las redes sociales”, comenta.

La escucha y el acompañamiento, en cambio, acercan a la asistencia profesional.

Las políticas de salud pública y los sistemas de apoyo, según la doctora Moneta, son factores imprescindibles para prestar ayuda y, en definitiva, para prevenir suicidios.

“Es necesario trabajar con la gente del campo de la salud mental y también con los que están en la trinchera para detectar señales, porque son el primer frente al que acude el niño o el adolescente, como los pediatras, los médicos de familia y los docentes. Es preciso tener en cuenta los llamados de atención, nunca minimizar o juzgar, siempre tratar de comprender qué está pasando y validar el sentimiento que está padeciendo ese adolescente”, reflexiona Moneta.

Gracias a una iniciativa de la Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio y la Organización Mundial de la Salud, se designó el 10 de septiembre como el Día Mundial para la Prevención del Suicidio. El lema de los últimos años es “Cambiar la narrativa sobre el suicidio”, como una suerte de invitación a derribar barreras, crear conciencia y lograr que la ayuda llegue a tiempo para salvar vidas.

Durante mucho tiempo fuimos presa de prejuicios que trataban de ocultar - en vano- circunstancias, hechos o vivencias que son parte de la fragilidad del ser humano. Porque hablar sobre el suicidio no tiene efectos negativos, por el contrario, reduce el estigma que rodea al sufrimiento psíquico, permite reconocer señales de alerta y favorece la búsqueda de apoyo profesional.

“Intentó quitarse la vida dos veces en menos de un año”, relata Adrián, padre de un adolescente.

“Después de que le dieron el alta, en la última oportunidad, no podíamos dejarlo solo, estábamos constantemente en estado de alerta, pendientes de él, tratando de no estar demasiado encima, pero mirando y midiendo cada paso que daba; la preocupación y el temor eran constantes. Tuvimos que hacer mucho trabajo personal y familiar, buscar nuevas formas de seguir adelante. Esto lo cambió a él pero también a mí y a su hermano. Fue muy duro. Todavía me cuesta mucho hablar de todo lo que pasó pero también entiendo que puedo ayudar a alguien más”.

De acuerdo con Diana Altavilla, doctora en Psicología y presidenta de la Sección Suicidio y Autolesiones de la World Federation for Mental Health y en la Asociación Argentina de Salud Mental, las estadísticas confirman que las estrategias no alcanzan para asistir a la población de mayor fragilidad psíquica, es decir, los niños y adolescentes.

“Debiéramos redoblar los ajustes en dispositivos comunitarios de contención, es decir las ONG o los clubes de barrio, y aumentar la capacitación en los espacios educativos”, advierte.

Post confinamiento

Antes de la pandemia de Covid-19, se elaboró el informe “El suicidio en la adolescencia argentina” para Unicef, en el que se señalaba que el estigma era uno de los principales obstáculos para generar conciencia. Por aquel entonces, el suicidio era la segunda causa de muerte entre adolescentes y jóvenes de entre 10 y 19 años y, en virtud de esta alarmante estadística, el informe recomendaba reconocerlo como un tema de salud.

Después de la pandemia, a los adolescentes y jóvenes les costó retomar los vínculos sociales. Foto ilustración: Fernando de la Orden.

Pero, lamentablemente, con la llegada de la pandemia los casos aumentaron porque, como lo explica Altavilla, el aislamiento retrasó el desarrollo de los adolescentes porque interrumpió el encuentro con los pares, que es fundamental para esa etapa.

“Muchos pasaron a refugiarse en las pantallas y, cuando llegó el momento de volver a la vida cotidiana, real, les costó retomar los vínculos, ganar autonomía y enfrentar nuevos desafíos. Actualmente, muchas familias comienzan a comprender la gravedad de la situación y solicitan asistencia profesional”, señala.

Según Altavilla, los adolescentes y sus padres piden consultas con especialistas en salud mental ante las primeras señales de alarma, ya que “hablar de no querer vivir o tener un desgano o tristeza permanentes no son signos normales de la adolescencia”.

La falta de información y el desconocimiento pueden llevar a muchas personas con buenas intenciones, pero sin herramientas, a confundir señales y subestimar actitudes que indican que un joven o adolescente necesita asistencia, ayuda urgente.

“No estaba preparada para ver a mi hermana de quince años pasar por situaciones tan difíciles - recuerda Mariana -. Trabajamos todo el día, ella estaba sola en casa y no sabíamos qué le pasaba, no lo podía expresar en palabras y sospechamos que no era nada grave, pensábamos que estaba triste por un chico. Tuvimos suerte de encontrar profesionales que encendieron las alarmas a tiempo, que lograron ver lo que nadie veía. Fue su pediatra la que nos alertó. Hubo mucha resistencia porque mis padres no terminaban de entender que mi hermana tenía pensamientos tan oscuros y que estaba en riesgo su vida. Fue un proceso largo, doloroso y complejo”.

Entonces, cómo podemos acompañar a una persona de cualquier edad que atraviesa una situación de sufrimiento extremo. En principio, escuchar con atención y empatía, porque el silencio aísla; la escucha y el acompañamiento, en cambio, acercan a la asistencia profesional. En síntesis, hablar y escuchar salvan vidas.

Dónde buscar ayuda:

- Hospital Nacional en red “Laura Bonaparte”, 0800-999-0091, las 24 horas todo el año

- Centro de atención al suicida, desde todo el país (011) 5275-1135, desde CABA y GBA llamar al 135

- Los hospitales de la ciudad de Buenos Aires Gutiérrez, Elizalde y Tobar García cuentan con servicios de atención de urgencias y guardias de salud mental para atender a niños y adolescentes.

- Los hospitales de la ciudad de Buenos Aires Dr. Juan A. Fernández, Dr. Bernardino Rivadavia, Dr. Ignacio Pirovano, De Emergencias Psiquiátricas Dr. Torcuato De Alvear, Dr. Enrique Tornú, Dr. Carlos Durand, Dr. Abel Zubizarreta, Dalmacio Vélez Sarsfield, Dr. Teodoro Álvarez, Dr. Parmenio Piñero, Francisco Santojanni, Dr. Cosme Argerich, Dr. José Penna, Dr. José María Ramos Mejía, Dr. Francisco J. Muñiz, Psicoasistencial

Dr. José T. Borda y Neuropsiquiátrico Dr. Braulio A. Moyano cuentan con servicios de atención de urgencias y guardias de salud mental.

- El Centro de Asistencia al Suicida, además de la línea telefónica, ofrece en su web (https://www.asistenciaalsuicida.org.ar/) material de lectura para asesorar a padres, docentes, familiares y amigos.

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