Dean Devlin, director y guionista: "Al Pacino contrató actores y ensayó una obra durante tres meses solo para su jardinero y sus empleados de casa"

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Guionista, productor y director, Dean Devlin es uno de los nombres clave del cine de ciencia ficción de los años 90 gracias a su colaboración con Roland Emmerich en películas como 'Stargate', 'Independence Day' y 'Godzilla'. Pero su vínculo con el género empezó mucho antes: su madre, la actriz Pilar Seurat, apareció en la serie original de 'Star Trek', que despertó su fascinación por la ciencia ficción.
Antes de consolidarse en Hollywood, Devlin también trabajó como chófer de Al Pacino; una experiencia que, según recuerda, cambió su forma de entender la interpretación y el oficio de actor. Nos reunimos con él en Málaga con motivo del estreno en SciFi España (antiguo canal SyFy) de las nuevas temporadas de dos de sus series: la tercera de 'The Ark', que llegó al canal el 1 de octubre, y la segunda de 'The Librarians: El próximo capítulo', cuyo estreno está previsto para el 12 de noviembre.

'The Librarians' es una serie que combina aventuras, humor, fantasía y mitología con un tono muy familiar. ¿Qué crees que permite que este universo siga creciendo después de las películas y de la serie original, ahora con este spin-off?
Creo que lo que distingue a 'The Librarians' es que, en otras series, los protagonistas suelen ser superhéroes: les cae encima algún residuo nuclear o reciben poderes de algún tipo. Los bibliotecarios, en cambio, leen mucho. La idea es que cualquiera podría ser bibliotecario si se toma el tiempo necesario para estudiar. Por eso creo que es una fantasía de superhéroes mucho más cercana, aunque en realidad no sean superhéroes: simplemente son muy inteligentes.
La segunda temporada incorpora a Dominic Monaghan. Ya le vimos en el último episodio de la anterior, pero ahora vuelve como Merlín, un personaje rodeado de ambigüedad. ¿Qué supone para la serie contar con un actor de su categoría?
Una cosa es incorporar a alguien muy conocido y querido, y otra saber cómo será trabajar con esa persona. En cuanto Dominic llegó al rodaje, consiguió que todo el mundo dejara de estar nervioso por ser fan suyo. Estaban emocionados: “¡Dios mío, el de 'Lost'!”, “¡El de 'El señor de los anillos'!”. La gente se ponía nerviosa. Pero desde el primer día hizo que todos se sintieran cómodos. Es un compañero generoso, encantador y sin ego. En una serie como esta, que es muy difícil de rodar, necesitas a alguien así. Si alguien se pone demasiado exquisito, trabajar se vuelve muy complicado. Dominic se sumó enseguida y se adaptó a todos los cambios de tono. La serie pasa de la comedia al drama y al terror, y él estuvo estupendo. Todo el mundo se enamoró de él y este año la serie sube de nivel.

¿Qué podemos esperar de Merlín? Al principio no sabemos si es bueno o malo.
Eso es precisamente lo que queríamos hacer este año. En otras temporadas solíamos presentar a un gran villano recurrente al que había que enfrentarse. John Rogers y yo hablamos mucho del tema y nos preguntamos qué pasaría si este año no lo planteábamos todo en blanco y negro. ¿Y si aparecía alguien que pudiera ser peligrosísimo, pero también el mejor aliado que hubieran tenido nunca? Al fin y al cabo, es quien sabe más de magia. El problema es que ese mago tiene una adicción: es adicto a la magia. La pregunta es si podrá controlar su adicción y ayudar a los demás o si esta acabará convirtiéndolo en aquello que más temen. Ese es el viaje que veremos esta temporada.
Pasemos a 'The Ark'. Muchos espectadores encuentran ecos de 'Star Trek' en la serie: la exploración espacial, la supervivencia… ¿La ves como heredera espiritual de esa tradición o intentas alejarte de ella?
’The Ark’ es una carta de amor a todas las series de ciencia ficción que veía de pequeño. Mi madre apareció en la 'Star Trek' original y aquella fue la primera serie que me hizo interesarme por la ciencia ficción. Me gusta mucha de la ciencia ficción que se hace hoy, con su apuesta por un tono más realista y unos efectos especiales increíbles. Pero creo que se ha perdido un poco de la diversión que tenía el género. John Jonathan Glassner y yo queríamos rendir homenaje a todas esas historias de las que nos enamoramos al crecer y ver si podíamos darles un enfoque distinto. Nos apetecía que una nueva generación se enamorase de un tipo de ciencia ficción que ya no vemos demasiado.

En la tercera temporada, encontrar un nuevo hogar parece abrir aún más el universo de la serie, casi como un nuevo comienzo. ¿Lo ves así?
Totalmente. Hicimos algo que daba un poco de miedo: nos preguntamos qué pasaría si el piloto de la serie no fuera el primer episodio, sino las dos primeras temporadas. Como si la serie no empezara de verdad hasta el comienzo de la tercera. Y, en cierto modo, eso es lo que hicimos. Ahora la historia se vuelve mucho más grande porque por fin tienen un hogar, pero saben que se han lanzado cientos, quizá miles, de naves por el universo y no saben dónde están ni si han encontrado un lugar donde vivir o si están perdidas. Parte de la serie sigue a un grupo que emprende una misión de búsqueda y rescate para encontrar a otros supervivientes por la galaxia. Los demás se enfrentan a las dificultades de construir una colonia. Es una serie mucho más ambiciosa que las dos primeras temporadas. Y, por supuesto, nos pasamos muchísimo del presupuesto.
Después de tantas series y películas, ¿qué te sigue entusiasmando de contar historias de ciencia ficción?
La imaginación. Como guionista, siempre ha sido algo que me divierte. Pero creo que lo más gratificante de hacer series como esta es venir a convenciones como la San Diego Comic-Con de Málaga y hablar con la gente. Te cuentan lo que significa la serie para ellos. A menudo se menosprecia el entretenimiento escapista, como si fuera una forma artística menor, el equivalente a un perrito caliente. Pero, si estás pasando por un momento difícil, tienes problemas económicos o de salud, o has vivido una pandemia, poder evadirte durante una hora con algo que te aparte de tus problemas es muy valioso. Cuando alguien se acerca y me cuenta lo que la serie ha significado para él, es la mayor recompensa del mundo. Hace que todo el trabajo merezca la pena.

Quería hablar también de tu colaboración con Roland Emmerich, que cambió tu carrera. ¿Qué recuerdas del momento en que os conocisteis y comprendisteis que compartíais una misma manera de entender el cine?
Nos conocimos en una película llamada 'Moon 44'. Fue la primera que Roland hizo en inglés y apenas hablaba el idioma. Vino a Estados Unidos y me dio uno de los papeles protagonistas. Cuando llegué a Alemania, vi algunos de los decorados más bonitos que había visto en mi vida. La manera en que movía la cámara era preciosa, la fotografía era muy buena y sabía dirigir a los actores. Recuerdo que le dije: “Eres un director de verdad”. Él contestó: “Sí”. Y yo le pregunté: “Entonces, ¿por qué estás haciendo este guion tan malo?”. “Lo escribí yo”, respondió. Vaya fail.
Le pregunté si le importaría que improvisara un poco algunas frases para que sonaran más naturales en boca de un estadounidense. Me dijo que sí. Unos tres días después me apartó del rodaje y me dijo: “Dean, tenemos un problema muy serio. Los demás actores están enfadadísimos contigo”. Le pregunté por qué y me contestó: “Ahora tienes las mejores frases de la película”. Me pidió que reescribiera las partes de los otros actores. Le dije que sí y empecé a hacerlo. Roland y yo descubrimos enseguida que compartíamos una visión muy parecida de cómo debían ser las películas y de cómo hacerlas. Así empezó una colaboración de doce años, en la que trabajamos juntos en 'Stargate', 'Independence Day' y otras películas.
Con 'Stargate' e 'Independence Day' contribuiste a definir una forma muy popular de entender el blockbuster de ciencia ficción de los años noventa. ¿Qué las diferenciaba entonces y qué las distingue de las películas que se hacen ahora?
Las dos eran historias originales. No estaban basadas en un libro, un videojuego o una serie de televisión. Surgieron de historias que nosotros queríamos ver. Si alguien me hubiera dicho que iba a hacer 'Stargate', yo habría ido al cine a verla. Pero nadie estaba haciendo el tipo de películas que Roland y yo queríamos ver, así que las hicimos nosotros. Tras los grandes éxitos de taquilla de finales de los noventa y los primeros años dos mil, los estudios empezaron a invertir tanto dinero en esas películas que les daba miedo hacerlo si no sabían de antemano que ya había un público dispuesto a verlas. De ahí viene la pregunta: “¿Está basada en una serie de televisión?” o “¿Es la secuela de algo que tuvo éxito?”.

Como fórmula para la taquilla, funciona; por eso los estudios la utilizan. Pero para el público significa vivir una experiencia que ya ha tenido antes. Cada vez resulta menos novedosa. Espero que Hollywood aprenda de esto y deje de preocuparse tanto por la propiedad intelectual de partida para centrarse en la película, el guion y la historia. Si son buenos, lo más probable es que gusten al público. Eso espero.
Antes de convertirte en guionista, productor y director, empezaste como actor e incluso trabajaste como chófer de Al Pacino. Imagino que trabajar con alguien como él da para muchas anécdotas...
Trabajar para Al fue extraordinario. Crecí en Los Ángeles y allí, si querías ser actor, bastaba con hacerte una foto y preparar un currículum. En Nueva York, en cambio, tenías que ganártelo: estudiar con alguien, tomártelo en serio y conocer el oficio. Pacino tenía un nivel de exigencia altísimo. Trabajar para él me dio una idea completamente nueva de lo que significa ser actor y formar parte de la industria del entretenimiento. Al hacía cosas que nadie imaginaría. Nunca olvidaré cuando hizo 'Ricardo III'. Al Pacino contrató actores y ensayó la obra durante tres meses solo para su jardinero y sus empleados de casa, la interpretaron en su patio trasero. Lo hicieron simplemente por hacerla. Para mí, aquello reflejaba una actitud completamente distinta hacia la interpretación. No se trataba de cuánto dinero iba a ganar ni de si se convertiría en una gran estrella. Se trataba de que tenía que hacer esa obra. Eso me cambió para siempre.
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