Carlos Martínez García: Oportunidad del efecto Taddei
a bomba no se construyó sola. Al caso de Guadalupe Taddei Zavala, con todos los efectos nocivos que carga, pudiese dársele un sentido saneador no solamente al interior del Instituto Nacional Electoral INE), sino también en otros ámbitos del ejercicio político y gubernamental.
Son muchas las críticas que pueden hacerse al INE, sería erróneo pretender que la institución era el paraíso de la legalidad antes de la llegada de Taddei, sin embargo, el presente lodazal tiene que provocar ejercicios evaluadores de por qué se llegó al grado de podredumbre que detonó públicamente la semana pasada. Fue un despropósito haber modificado la normatividad del INE y hacer a un lado su colegialidad en la toma de decisiones del organismo, para darle amplísimo espacio de acción a la presidenta y ella pudiese hacer y deshacer en el nombramiento de funcionario(a)s en áreas estratégicas del ente público.
Para que quien sustituya provisional y, sobre todo, definitivamente a Taddei Zavala en la presidencia del INE no caiga en los excesos de la sonorense, es imprescindible que se le regrese a la institución el control colegiado en la designación de quienes encabecen oficinas torales para su buen y transparente funcionamiento, no sólo en las áreas organizativas de los procesos electorales, sino igualmente en las tareas administrativas que manejan el presupuesto y asignan contratos millonarios a proveedores.
La tendencia de Guadalupe Taddei a servirse de su posición directiva para beneficiarse económicamente y con lujos a sí misma y sus allegados no comenzó en el INE. Distintas investigaciones periodísticas han estado documentando su modus operandi desde que encabezó el Instituto Estatal Electoral y de Participación Ciudadana de Sonora, de 2014 a 2021. Su lógica operativa se potenció cuando el Congreso de la Unión, octubre de 2024, le otorgó el poder para tener facultades en el nombramiento de alto(a)s funcionario(a)s sin tener que pasar por la aprobación del Consejo General del INE. Su poder fue ratificado por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. Tuvo el aval jurídico para colocar en el Instituto a incondicionales que simplemente aprobaban todo lo que deseara la consejera presidenta.
El INE fue copado por Guadalupe Taddei y sus cercanos. Ella, primero, nombró a encargado(a)s de despacho, también forzó para que renunciaran a puestos claves vari(a)s funcionario(a)s de carrera y con larga experiencia en las tareas del INE. En abril de este año, “sin necesidad de someter a consideración de sus colegas los nombramientos, (colocó) a Mario Alberto Alejo García de titular en la Unidad Técnica de Fiscalización, en sustitución de David Isaac Ramírez Bernal. Alejo era asesor del consejero Jorge Montaño, uno de los incondicionales de Taddei” (nota de Fabiola Martínez, https://www.jornada.com.mx/2026/04/24/politica/005n3pol). Los movimientos mencionados, y otros parecidos, pudo hacerlos porque en el Congreso le obsequiaron la facultad de realizarlos sin rendir cuentas a nadie. Para que el síndrome Taddei no se reproduzca es hora de “desfacer el entuerto”. En el Congreso de la Unión, particularmente en la fuerza dominante del mismo, tienen la oportunidad de enmendar el batidillo legal que empoderó a Guadalupe Taddei.
Una lección que debiera aprenderse en la clase política, de todos los partidos, es hacer a un lado la cada vez más desgastada cantaleta de que los señalamientos de conductas cuestionables, porque dañan el entramado democrático, son motivados por meros afanes aviesos. Taddei echó mano de la mencionada argucia, y muy displicente aseguró que las acusaciones en su contra eran, en realidad, intentos desestabilizadores enderezados contra el INE. El caudal de pruebas sepultó su ruta de escape. Es obvio que lo(a)s opositore(a)s van a usar los trastabilleos de políticos y funcionarios que no son de su tendencia partidista, sin embargo, las acciones pretendidamente indebidas tienen que ser aclaradas, sobre todo a la ciudadanía, y dejar de lado las teorías del complot. Éstas nada más evaden momentáneamente asuntos que de crecer, como le sucedió a Taddei, van a explotar irremediablemente.
Al carro triunfante muchísimo(a)s quieren subirse. Es tiempo de que en Morena y el gobierno federal pongan frenos a personajes acomodaticios, quienes antes combatían al movimiento y en esta temporada buscan frenéticamente hacerse de una candidatura de representación popular, colarse para alcanzar una alcaldía o gubernatura. Ante la debilitada oposición, el mayor riesgo para la Cuarta Transformación está en quienes desde su interior sucumben ante las tentaciones corruptoras. Lo mejor es deshacerse de los lastres, antes que los mismos sigan incubando el huevo de la serpiente.
Se abre la oportunidad para que en los asuntos públicos y de gobernanza el caso Taddei marque un antes y un después. El ejercicio democrático del poder se fortalece cuando se construyen diques macizos capaces de contener los oleajes de ambiciones personales, que nada tienen de búsqueda de mejores condiciones para la ciudadanía. La mejor defensa contra los embates de los opositores de dudosa decencia es la integridad, así como marginar a quienes no quieren ceñirse a ella.
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