Pese a la euforia por la gira en París, el Gobierno busca blindarse ante la turbulencia económica

Los cafés y las delicias de las boulangeries por la mañana y la tarde, las luces de la Torre Eiffel por la noche, los trece gobernadores aliados, los máximos exponentes de la elite empresarial... El Gobierno tuvo su momento político épico en la Argentina Week que montó en Francia y disfrutó las mieles del poder, pero como un hondazo a la realidad la semana cerró con el riesgo país más alto del año, en 655 puntos.
La pompa francesa que envolvió a la comitiva funcionó como amnesia de los problemas de Buenos Aires pero no del todo. El acuerdo de París con los gobernadores (sonaba lindo, dicen) no se cerró. Distintas fuentes consultadas por LA NACION coincidieron en que todavía faltan paradas en la hoja de ruta hacia una convergencia. Sin embargo, sí hubo un discurso firme del Gobierno respecto a la necesidad de alcanzar el pacto ahora en octubre, lo antes posible. Ese posicionamiento antes era difuso.
Frente a los trece mandatarios provinciales, en una cena en la embajada, el jefe de Gabinete, Diego Santilli, y el ministro de Economía, Luis Caputo, fueron enfáticos en avanzar con un pacto definitivo este mes para disipar ruidos en los indicadores, coinciden fuentes al tanto de las conversaciones. Los argumentos dejaron ver que, pese a las arengas públicas, en privado el Gobierno reconoce que necesita los acuerdos por la falta de certezas a esta altura del año sobre si Milei reelegirá. Distintos actores que hablaron con LA NACION aseguran que notaron a Santilli y Caputo conscientes de los efectos del programa sobre todo en la clase media, pese al dogmatismo férreo que expone Milei.
El jefe del Palacio de Hacienda insiste desde hace meses en acordar con los socios, igual que su sobrino, el estratega Santigo Caputo, y al contrario del menemismo, que imaginaba cerrar recién en febrero-marzo. En base a fuentes que siguieron de cerca las charlas, en Francia, Caputo refrendó su línea acompasado por Santilli. Dijo algo así como que si llegan a un entendimiento, se van a disipar las dudas sobre una vuelta del kirchnerismo y que de esa forma las decisiones de inversión no quedarán detenidas hasta la elección.
Sin embargo, los gobernadores se volvieron de París todavía sin tener claro qué ofrecerá el Gobierno. La secretaria general, Karina Milei, retomó en Francia su línea del win-win: que ellos apoyen a Milei y que La Libertad Avanza no los moleste en las provincias. Pero la desconfianza de viejos incumplimientos aún perdura, además de que entre los mandatarios provinciales hay distintos diagnósticos sobre cómo irá la economía.
Los gobernadores que quieren arreglar con la Casa Rosada concuerdan en que sin los términos del acuerdo no hay conjunción posible. Definir las elecciones locales y también cómo se repartirán las listas nacionales para el Congreso son dos aspectos clave. Para las legislativas de octubre, LLA quiere a su gente en los listados. Sueña con la mayoría parlamentaria para un segundo mandato. Los gobernadores no están dispuestos a entregar todo.
“Hay optimismo, se avanzó, pero falta”, reconocieron en la Casa Rosada sobre la convergencia con los gobernadores, al volver de París.
A diferencia de la week de Nueva York, en la que estalló el escándalo Adorni y los gobernadores se sintieron ninguneados por el Presidente, esta vez hubo sobrados gestos para mimarlos, incluso con Milei agradeciéndoles. “La política tiene que acompañar la economía, no puede haber errores no forzados del Gobierno”, aconseja un actor del empresariado que participó ante LA NACION y añade: “Es como un déjà vu, en el que otra vez los de afuera dicen ‘todo bien, pero ganá’”.
La avanzada parisina sirvió de canto de sirenas a un Gobierno que gusta de envalentonarse a sí mismo con sus supuestas bondades. Milei habló a auditorio lleno. La organización perfecta y los altos perfiles empresariales (tanto argentinos como CEOs globales de empresas de hidrocarburos, minería, agro) fueron una perla que las fuentes le adjudicaron al embajador Ian Sielecki. Hubo comidilla, incluso, de que empresarios menos conocidos quisieron ir y se quedaron afuera. Algún descreído igual advirtió que la presencia no siempre es respaldo. “Ojo que [Francisco] De Narváez todo bien acá, pero también le presta el avión a Massa”, se escuchó.
Fuentes al tanto aseguran que el propio Sielecki hasta motivó la llegada a París de la mesa jurídica (comandada por el ministro Juan Mahiques con tres jueces) como una especie de garantía legal de las inversiones. Richar Fernando Gallego, de la Cámara Federal de General Roca y con autoridad en Vaca Muerta, fue de los más taquilleros.
A pesar de los pactos sin firmar, el sector empresarial recibió con buenaventura la visión de los jefes provinciales. “Los gobernadores dijeron que formaban parte de otros espacios pero que acompañaban el camino de estabilización del Gobierno y el orden en las cuentas fiscales”, celebraron.
Esas cosas, los US$27.000 millones en anuncios de inversión y un universo de personajes de poder entre los que el kirchnerismo no tuvo cabida fueron música para los oídos del Gobierno, tras una semana de indicadores en rojo y esta que cerró con el riesgo país en alza.
El fragor parisino motivó un nuevo discurso del ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, con sus teorías sobre movimientos poblacionales hacia provincias ganadoras del modelo. Karina Milei se ocupó de contener a los gobernadores pero también de dar gestos empresariales, por ejemplo, cuando sorprendió con su aparición en una ronda de negocios entre exportadores argentinos de langostinos y vieiras, e importadores franceses. En un hábitat que no le es propio, aseguran que quiso mostrarse interesada en conocer más de un rubro que hace entrar dólares al país.
El Presidente se regodeó de aquellos que refrendaron su plan. Estuvo tan exultante que en el cocktail de cierre en la Torre Eiffel saludó de a uno a los asistentes. “Fue un éxito rotundo”, dijeron en el Gobierno concluido el evento. “El cocktail fue inolvidable”, reconoció un invitado.
Los 11.000 kilómetros de distancia a Buenos Aires hicieron ver otro panorama. La preocupación por el alza del riesgo país pasó de leve a moderada en los despachos oficiales, ante una elección donde el oficialismo apuesta al crédito y la inversión. “¿Será que el mercado nos bajó el pulgar?“, se llegó a oír. Los encuentros de París se ponderaron, pero acá repararon en que las fotos “duran solo 24 horas”.
Apenas Milei estaba por levantar vuelo para volver a la Argentina, la jefa de la bancada oficialista en el Senado, Patricia Bullrich, decía en el streaming La Casa: “Hay que saber cuál es tu momento, tu tiempo. Yo probé una vez y no llegué. Ahora, bueno, voy a esperar, hay que ver... voy a esperar a ver cómo se desarrollan los acontecimientos en el país. No me voy a apurar, tampoco tengo tanto tiempo, pero no me voy apurar, y voy a esperar. Si vos me decís: ‘Esa idea, ese sueño que tuviste, ¿lo querés llevar adelante?’. Sí, porque tengo las ideas intactas; tengo un montón de ideas de cómo transformar muchísimas cosas, de cómo llegar al bienestar de todos. Esas ideas quizás las hace otro; quizás me toca a mí. No lo sé“.
Con este ritmo frenético de las cosas, un funcionario le había dicho a LA NACION, apenas unas horas antes: “Patricia está jugando muy al fleje, no está siendo sutil. Hace entrar dudas sobre si va a romper”.
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