Fenómeno de El Niño: qué es, cómo se produce y por qué afecta al clima del planeta

La posibilidad de que El Niño alcance una intensidad muy fuerte y prolongue sus efectos hasta 2027 ha vuelto a colocar al fenómeno climático bajo la mirada internacional. Las previsiones advierten que su fortalecimiento podría alterar el comportamiento habitual de las lluvias y las temperaturas en diferentes regiones del planeta. Con cada actualización, crece también la preocupación por la aparición de fenómenos extremos capaces de poner a prueba a comunidades enteras. El escenario recuerda que El Niño no entiende de fronteras y que sus efectos pueden sentirse a miles de kilómetros de su origen. Mientras avanzan los meses, científicos y autoridades siguen atentos a cada señal del océano y la atmósfera.
Desde la Organización Meteorológica Mundial, la advertencia adquiere un tono especialmente serio ante las posibles consecuencias para las poblaciones y las economías. La secretaria general de la OMM, Celeste Saulo, señaló que una mayor intensidad del fenómeno podría profundizar los impactos de sequías e inundaciones. Sus palabras describen un panorama en el que los eventos extremos podrían convertirse en una amenaza aún mayor para millones de personas. El temor no se limita a las pérdidas materiales, pues detrás de cada inundación o sequía aparecen comunidades que deben enfrentar sus consecuencias. Así, mientras El Niño gana fuerza, el mundo vuelve a prepararse para un clima cada vez más impredecible.
Durante varios meses, las aguas superficiales del océano Pacífico tropical comienzan a registrar temperaturas más altas de lo habitual, especialmente frente a las costas de Sudamérica. Ese calentamiento, aunque se origina en el mar, puede desencadenar cambios en el comportamiento del clima a miles de kilómetros de distancia. Los vientos y la circulación de la atmósfera se modifican y con ellos también las condiciones meteorológicas. En algunas regiones pueden presentarse lluvias intensas e inundaciones, mientras en otras aumentan las sequías y las temperaturas. La pesca y la agricultura también pueden verse afectadas por las alteraciones que provoca este fenómeno natural.
El fenómeno de El Niño es un evento climático natural que ocurre cuando las aguas superficiales del océano Pacífico tropical, especialmente cerca de Sudamérica, se vuelven más cálidas de lo normal durante varios meses. El Niño forma parte del ciclo climático denominado ENOS, que refleja la interacción entre el océano y la atmósfera del Pacífico. Su fase opuesta es La Niña, caracterizada por un enfriamiento anormal de las aguas superficiales de esa zona del océano. Ambos episodios forman parte de una dinámica natural que puede modificar el clima en diferentes lugares del planeta. Por ello, los cambios en la temperatura del Pacífico son observados con especial atención por los especialistas. Un océano más cálido o más frío de lo normal puede convertirse en el inicio de una cadena de efectos que termina alterando la vida cotidiana en distintas regiones.
Mucho antes de convertirse en un término conocido por científicos de todo el mundo, “El Niño” ya formaba parte del lenguaje de los pescadores de la costa norte del Perú. En Piura y Paita, ellos observaron que cerca de la Navidad aparecía periódicamente una corriente de aguas más cálidas. Este cambio desplazaba temporalmente las aguas frías habituales y alteraba las condiciones del mar, afectando también la actividad pesquera. Por coincidir con las celebraciones por el nacimiento del Niño Jesús, aquella corriente comenzó a ser llamada “Corriente de El Niño”. Así, un nombre nacido de la experiencia cotidiana terminó cruzando las fronteras del lenguaje popular.
Con el paso de los años, los científicos adoptaron esa denominación para describir un fenómeno climático de mayor alcance. El término pasó a identificar el calentamiento anormal de las aguas del Pacífico tropical y sus posteriores efectos sobre el clima en distintas regiones. Lo que alguna vez fue una observación de los pescadores peruanos se convirtió en una referencia fundamental para estudiar la dinámica del océano y la atmósfera. Detrás de su nombre existe, por tanto, una historia vinculada al mar, la pesca y una tradición religiosa. “El Niño” nació como una expresión popular y terminó convertido en uno de los fenómenos climáticos más estudiados del planeta.
El Niño comienza en el océano, pero sus efectos no se quedan bajo la superficie del Pacífico. El meteorólogo Marcelo Madelón, pronosticador del Aeropuerto de Córdoba, explica que su verdadera importancia está en la alteración de la circulación atmosférica que puede modificar el clima a escala global. Se trata de un fenómeno natural, aunque no aparece todos los años ni responde a una fecha determinada. Su llegada puede producirse con intervalos variables, convirtiendo cada episodio en un acontecimiento diferente. Así, el océano se convierte en el punto de partida de una transformación que puede sentirse mucho más lejos.
El fenómeno suele presentarse aproximadamente cada dos a siete años, pero su intensidad y duración cambian en cada ocasión. Dentro de este mismo sistema climático también aparece La Niña, su fase opuesta, marcada por un enfriamiento anormal de las aguas del Pacífico. Entre ambos extremos existe una etapa neutral, cuando las condiciones del océano y la atmósfera permanecen próximas a sus valores habituales. El ciclo avanza entonces entre calentamientos, enfriamientos y periodos de relativa estabilidad. Y en cada nueva fase, científicos y meteorólogos siguen las señales del Pacífico para anticipar cómo podría comportarse el clima.
Cuando El Niño aparece, no todos los territorios reciben la misma señal del cielo. En algunas regiones, el calentamiento del Pacífico puede abrir la puerta a lluvias más intensas, mientras en otras favorece periodos secos y temperaturas por encima de lo habitual. Las consecuencias pueden avanzar desde inundaciones y deslizamientos hasta prolongadas sequías y olas de calor. A su paso, también pueden surgir dificultades para la agricultura y una mayor presión sobre los recursos de agua. Así, un mismo fenómeno climático puede dibujar escenarios completamente distintos según el lugar donde se manifieste.
En América Latina, esa diversidad de efectos se hace especialmente evidente debido a las características de cada territorio. En la costa del Pacífico sudamericano, el aumento de la temperatura del mar puede relacionarse con episodios de precipitaciones más intensas. Mientras tanto, otras zonas pueden recibir menos lluvias y enfrentar dificultades para mantener sus cultivos. El impacto también puede sentirse en las reservas de agua, la producción agrícola y la seguridad de las poblaciones expuestas. Por eso, cada episodio de El Niño es seguido con atención: sus efectos no llegan de una sola manera, sino que cambian de rostro según la región.
El Pacífico tropical vuelve a ocupar el centro de la escena mientras las temperaturas de sus aguas permanecen inusualmente elevadas. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) y la National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA) advierten que El Niño podría fortalecerse durante los próximos meses y alcanzar una intensidad muy fuerte. Las previsiones apuntan a que el fenómeno podría extenderse al menos hasta febrero de 2027, con su mayor intensidad hacia finales de 2026. A medida que el océano gana temperatura, también aumenta la posibilidad de cambios en las lluvias y los registros térmicos a escala mundial. El escenario mantiene en alerta a regiones que ya enfrentan los primeros impactos de un clima alterado.
La secretaria general de la OMM, Celeste Saulo, advirtió que estas modificaciones podrían incrementar el riesgo de inundaciones, sequías y olas de calor en distintos puntos del planeta. En Centroamérica, la escasez de agua ya golpea a comunidades y cultivos de maíz, mientras India afronta una temporada de lluvias monzónicas por debajo de lo habitual. Al otro lado del mapa, África, el sudeste asiático y Australia aparecen entre las zonas que podrían recibir precipitaciones más intensas. Con ellas también crecería la posibilidad de inundaciones y deslizamientos de tierra. Así, mientras El Niño avanza sobre el Pacífico, sus efectos comienzan a dibujar un mapa climático cada vez más incierto.
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