Los expertos en psicología coinciden: los jubilados que realmente valoran su propio tiempo y energía suelen hacer 4 cosas sin remordimientos

La jubilación suele presentarse como el momento en que finalmente desaparecen las obligaciones laborales. Sin embargo, para muchas personas el calendario no queda vacío: aparecen compromisos familiares, actividades, favores y responsabilidades que pueden terminar ocupando buena parte del tiempo disponible.
Frente a eso, algunos jubilados adoptan una actitud diferente. En lugar de intentar mantenerse permanentemente ocupados, empiezan a decidir con mayor cuidado qué quieren hacer, con quién y cuándo. Para ellos, disponer de tiempo también significa poder decir que no.
En el sitio web de estilo de vida Bolde, los especialistas identifican cuatro comportamientos que suelen aparecer en quienes protegen especialmente su tiempo y su energía durante esta etapa. No se trata de reglas universales, sino de hábitos relacionados con establecer límites y priorizar aquello que consideran importante.

Entre esas conductas aparecen rechazar determinados pedidos familiares, reservar las mañanas para actividades personales, gastar parte del dinero en experiencias propias y permitirse descansar durante el día sin interpretar ese tiempo como una pérdida.
Aprender a decir que no
Uno de los primeros cambios consiste en dejar de asumir que estar jubilado significa estar disponible permanentemente. La nota plantea el ejemplo de una persona que recibe un pedido familiar para cuidar a sus nietos y simplemente responde que esa semana no puede hacerlo.
El punto no es rechazar a la familia, sino entender que decir que no también puede ser una forma de proteger el propio tiempo. El consejero especializado en jubilación Michael Shelton señala que hasta un tercio de los jubilados puede encontrar estresante o perjudicial para su bienestar la transición hacia esta nueva etapa.

También aparece la decisión de mantener determinadas horas del día fuera de cualquier compromiso. Las mañanas, por ejemplo, pueden quedar reservadas para desayunar tranquilamente, pasear, leer el diario o simplemente comenzar el día sin horarios impuestos.
Disfrutar del dinero después de décadas de ahorro
Otro de los comportamientos señalados está relacionado con los gastos. Después de décadas de trabajar y ahorrar, algunos jubilados deciden utilizar parte de ese dinero en viajes, actividades, cursos o compras que les generan satisfacción, sin sentir que tienen que explicar cada decisión a sus hijos.
La idea también aparece vinculada con una dificultad frecuente: seguir pensando que el dinero siempre debe guardarse para un futuro que ya llegó. En ese contexto, gastar en uno mismo puede generar culpa, incluso cuando se trata de recursos disponibles.
Descansar sin sentirse culpables
La cuarta conducta consiste en algo mucho más sencillo: sentarse y no hacer nada. Una tarde libre, una hora en el jardín o simplemente quedarse en casa pueden convertirse en momentos elegidos, sin necesidad de llenarlos con tareas pendientes.

La investigadora Gabriela Tonietto, de Rutgers Business School, encontró que las personas que consideran el ocio como una pérdida de tiempo presentan menores niveles de bienestar incluso cuando efectivamente disponen de momentos para descansar.
Desde esta perspectiva, valorar el tiempo después de la jubilación no significa mantenerse ocupado de otra manera. También puede implicar aceptar que algunas horas no necesitan producir nada, resolver problemas ni responder a las necesidades de otras personas.
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