Especialistas sobre lluvias en Santiago de Chile: influyen la intensidad y duración de las lluvias, la saturación previa del suelo y la intervención de humedales

Tras una mañana marcada por el sol, Santiago de Chile cambió de escenario cuando las intensas lluvias irrumpieron durante la tarde del martes y dejaron calles inundadas, pasos bajo nivel anegados y dificultades en el servicio del Metro. La tormenta eléctrica, que había sido anunciada con anticipación, llegó acompañada de granizo cerca de las 16:00 horas, sorprendiendo a peatones y conductores. El temporal también alcanzó viviendas, comercios y establecimientos de salud, evidenciando los efectos de las precipitaciones en la Región Metropolitana.
La magnitud del fenómeno quedó reflejada en los registros de la Dirección Meteorológica de Chile: en solo una hora, la estación Quinta Normal acumuló 12,5 milímetros de lluvia, mientras que en La Reina se contabilizaron 20,4 milímetros durante el mismo lapso. Las cifras muestran la intensidad de un episodio que volvió a poner sobre la mesa la vulnerabilidad de determinados sectores urbanos frente a las lluvias. Ante este panorama, surge una pregunta clave: ¿por qué algunas zonas se inundan más que otras y qué medidas pueden ayudar a reducir estos episodios? Especialistas analizan los factores que explican esta problemática.
Las inundaciones que golpean Santiago no se distribuyen por igual y responden a una combinación de características geográficas y urbanas. Américo Ibarra, director del Observatorio de Políticas Públicas del Territorio (OPPT) de la Universidad de Santiago, explica que las zonas bajas y próximas a quebradas suelen concentrar mayores volúmenes de agua. A ello se suman las calles pavimentadas y las extensas superficies de cemento, que dificultan la absorción de las precipitaciones y favorecen la escorrentía. Las pendientes desfavorables y la insuficiente infraestructura de drenaje agravan todavía más el problema.
A estos factores se añaden las condiciones en que se presentan las lluvias y las transformaciones del entorno natural. Macarena Labranque, coordinadora del Centro de Innovación en Ciudades (CIC) de la Universidad del Desarrollo, señala que la intensidad y duración de las precipitaciones, así como la saturación previa del suelo, pueden aumentar el riesgo de anegamientos. La intervención de humedales y otras áreas permeables también influye, pues estos espacios cumplen una función esencial al retener parte del agua y moderar las crecidas. Su conservación resulta clave para reducir la vulnerabilidad de las ciudades frente a episodios de lluvia intensa.
Cuando las lluvias arrecian sobre Santiago, la capacidad de la infraestructura para evacuar el agua se convierte en un factor decisivo para evitar que las calles terminen bajo el agua. Los especialistas advierten que, si las precipitaciones superan el volumen que pueden absorber las redes pluviales, el líquido comienza a acumularse en la superficie. Macarena Labranque explica que el alcantarillado sanitario y el sistema de aguas lluvias cumplen tareas distintas: uno transporta las aguas utilizadas en viviendas y edificios, mientras el otro recoge las precipitaciones a través de sumideros.
Sin embargo, el funcionamiento de esta red también puede verse comprometido por la basura, las hojas y los sedimentos que bloquean los desagües y reducen su capacidad de respuesta. Américo Ibarra advierte que estas obstrucciones, sumadas a una infraestructura insuficiente, intensifican las inundaciones en ciudades densamente urbanizadas como Santiago. Así, más allá de la fuerza de cada tormenta, el mantenimiento de los sistemas de drenaje y una gestión adecuada de los residuos se convierten en medidas esenciales para disminuir los anegamientos.
El crecimiento urbano sin una planificación adecuada puede convertir las lluvias intensas en una amenaza mayor para numerosos sectores de Santiago. La pavimentación, la construcción en terrenos vulnerables y la desaparición de espacios permeables dificultan que el agua se filtre o encuentre lugares donde acumularse temporalmente. Frente a este escenario, Américo Ibarra subraya la necesidad de que las autoridades limpien y mantengan las redes de drenaje, amplíen su capacidad y supervisen los proyectos inmobiliarios para evitar que sobrecarguen la infraestructura existente.
La respuesta, sin embargo, requiere una labor coordinada entre distintas instituciones públicas. Macarena Labranque explica que la Ley 19.525 establece responsabilidades diferenciadas: el Ministerio de Obras Públicas, mediante la Dirección de Obras Hidráulicas, administra la red primaria de aguas lluvias, mientras que el Ministerio de Vivienda y Urbanismo, a través del SERVIU, tiene a su cargo la red secundaria. A estas tareas se suma el trabajo de los municipios, que deben mantener limpios los espacios públicos, identificar puntos críticos y coordinar acciones en sus territorios para reducir el riesgo de inundaciones.
Frente al riesgo de nuevas inundaciones, los especialistas coinciden en que la prevención debe comenzar antes de que lleguen las lluvias y mantenerse en el tiempo. Américo Ibarra propone reforzar la limpieza de los sumideros, ampliar la capacidad de los colectores y crear parques y superficies permeables que permitan absorber el agua. Macarena Labranque, por su parte, destaca la importancia de localizar los puntos críticos, inspeccionar las redes de drenaje y establecer protocolos de emergencia, rutas de evacuación e información oportuna para los vecinos.
La tarea también involucra a la ciudadanía, cuyos hábitos pueden contribuir a reducir los anegamientos y sus consecuencias. Revisar las canaletas y los desagües de las viviendas, evitar arrojar residuos en las calles y comunicar al municipio la presencia de sumideros obstruidos son medidas sencillas que ayudan a prevenir complicaciones. A estas acciones se suma la necesidad de proteger los cauces, humedales y espacios verdes, además de conocer los riesgos del barrio y seguir las recomendaciones oficiales. Tener un plan familiar de emergencia puede marcar la diferencia cuando las precipitaciones ponen en peligro a la comunidad.
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