Rodrigo Quian Quiroga, neurocientífico: “Ningún modelo de lenguaje de IA es consciente de su propia existencia”

La historia recordará a Rodrigo Quian Quiroga como un especialista en recuerdos. En recuerdos y olvidos selectivos, esa danza dialéctica que compone el espectáculo de la memoria humana. Por eso tiene sentido que ahora esté bailando tango, y que haga una pausa en sus ensayos para conectarse al zoom y dar esta entrevista, dándole un descanso a la bailarina Marcela Conti, su compañera en “El tango de la memoria”, el show que trae a Chile como parte de su presentación en el Festival Puerto de Ideas de Valparaíso este fin de semana. “Es muy rápido y si te perdés queda muy mal”, comenta al comenzar la conversación.
¿Qué relación tiene la memoria humana con el cuerpo?
Bueno, para mí la memoria te define la identidad. El cerebro es donde se almacena la memoria y también es parte del cuerpo. Y entonces el cuerpo a veces te da ciertos indicadores, te puedes acordar de un lugar según dónde estabas ubicado, o una postura en particular que tenías. El cuerpo te da como entradas a la memoria. Y en cuanto a la danza es obvio.
Físico de formación inicial, Quian Quiroga llegó a las neurociencias para trabajar en la identificación y clasificación de las señales que entregaban los electrodos instalados en el cerebro de un grupo de pacientes con epilepsia que estaban siendo monitoreados en un hospital en California. El físico diseñó un algoritmo de spike sorting que le permitió clasificar y “escuchar” cada disparo de las neuronas monitoreadas. Eso lo llevó a descubrir las llamadas “neuronas de concepto”, el nombre formal y serio que llevarían las “neuronas de Jennifer Aniston” tras un experimento en apariencia simple: a cada paciente le mostró diferentes imágenes de celebridades, registrando su reacción gracias a los electrodos en su cerebro. Repetía con diferentes fotos e incluso el nombre escrito de cada famoso. Así identificó respuestas que, más que a la imagen, eran inequívocamente gatilladas por el concepto de una persona. Y el primer caso que lo demostró fue la rubia de Friends.
Además de bailar y enseñar en “El tango de la memoria”, Quian Quiroga presentará en Valparaíso su libro más reciente, La Máquina del Olvido, un volumen en el que explica cómo y por qué recordamos y olvidamos los humanos. Esto último, una salvedad importante en tiempos en que las funciones del homo sapiens parecen estar siendo imitadas por máquinas no biológicas. “El libro, para mí, tenía un target muy claro: estaba pensando en un chico que está terminando la escuela secundaria y que está pensando qué hacer con su vida. Capaz que da con un libro como el mío y dice me interesa aprender más sobre el cerebro. Capaz que despertara una vocación a alguien”, comenta.Su propio interés en el tema no llegó a causa de un texto de divulgación, sino de la ficción de uno de sus compatriotas más célebres, que cuenta entre sus obras un cuento de 1944 llamado Funes el memorioso. “Borges decía, si recuerdas todo, si no eres capaz de olvidar, no puedes pensar. De ahí yo lo relaciono a lo que hago en neurociencia. Cuando veo neuronas que representan abstracciones, conceptos y no detalles, bueno, ahí me cierra todo”.
Describes cómo, en comparación a otras especies, en los humanos la información tarda más en llegar al hipocampo (estructura fundamental para la memoria) ¿por qué eso es relevante?
Lo que hacemos nosotros es extraer un significado de las cosas. Una de las claves de la inteligencia humana es el hecho de que nosotros, usando el ejemplo de casos visuales, no recordamos lo que vemos, sino que recordamos lo que creemos que vemos, o escuchamos, o tocamos. A lo que sentimos le atribuimos un significado, y al hacerlo estamos dejando de lado todos los detalles menos relevantes. En el mono, el procesamiento visual va directo al área de la memoria, que es el hipocampo; su sistema de memoria, y de cualquier otra especie, está basado en recordar los estímulos sensoriales; en el humano, en recordar la atribución de un significado a los estímulos sensoriales, y eso para mí lo cambia todo.
¿Por qué pasa eso en los humanos? ¿Es el lenguaje el elemento central?
No hay una diferencia tan grande entre el cerebro humano y el cerebro del chimpancé, son muy parecidos. Pero en los últimos 100.000 años, más o menos, el cerebro del sapiens ha venido evolucionando con el uso del lenguaje, y el lenguaje en sí es una abstracción. Al pensar en términos de abstracciones, creo que eso ha dado lugar a que tengamos neuronas que las representan, que es lo que yo he visto, y esas neuronas no las encuentras en otros animales. En el cerebro humano el mecanismo para recordar cosas es más lento, pero al mismo tiempo es mucho más abstracto.
Actualmente muchos interactuamos con la Inteligencia Artificial justamente a través de modelos de predicción de lenguaje que pueden ser muy eficientes en simular una identidad, pero parece improbable atribuirle realidad a esa identidad, ¿correcto?
Sí,eso es. Falta un montón de cosas; ningún modelo de lenguaje de IA es consciente de su propia existencia. Nosotros sí lo somos. Y hasta donde sé, nadie sabe cómo inducir consciencia en una máquina. Lo que hace el modelo de lenguaje, en el fondo, es hacer predicciones en base a millones de datos.
¿Crees que se pueda introducir a un modelo de IA algo similar a las neuronas de concepto?
Bueno, lo estoy tratando de hacer en mi laboratorio. Con algunos de mis estudiantes estamos trabajando en eso, con modelos de deep learning. Todavía no tengo ningún resultado, pero es una pregunta interesante. Se trata de agregar una capa extra al modelo, que sea con la arquitectura que vemos en el hipocampo humano.
Dices que no hay quién sepa cómo introducir consciencia en una máquina, pero también has dicho que el “problema duro” de la consciencia -por qué los procesos físicos del cerebro van acompañados por una experiencia subjetiva- ya estaba resuelto. ¿A qué te refieres?
Es que tengo una discusión con los filósofos sobre el hard problem. Para mí es una falacia, una reedición del dualismo cartesiano. Yo no creo en eso, yo soy materialista reduccionista. Para mí, los procesos cognitivos no son ni más ni menos que el disparo de neuronas. Entonces, que me quieras hacer esa distinción y me digas que el disparo de neuronas no explica cómo puedo tener tal sensación… Sí te lo explica. Es como que me digas que el movimiento de los electrones no explica la electricidad. Se busca hacer esta disociación entre el mundo de lo mental y el mundo de lo material. Y es algo implícitamente incorporado en nuestra manera de ver las cosas, en general, todos tenemos una manera intuitiva de ser dualistas, porque pensamos en la mente como algo más allá. Pero en el fondo la mente no es más que el disparo de neuronas. He hecho muchos experimentos relacionados con la conciencia, veo que el disparo de neuronas están ligados uno a uno de una manera muy fuerte a lo que llamamos consciencia. ¿Qué más me queda por explicar? Entendemos mucho sobre la conciencia. Ese era el caballito de batalla de la filosofía, la gran pregunta, pero creo que eso cambió, o sea, yo creo que en el XXI, la filosofía cambió, entre otras cosas, porque las grandes preguntas se están empezando a contestar y surgen otras nuevas.
Considerando todo esto, ¿crees que quienes advierten sobre los riesgos de la IA tienen un punto?
A mí no me da miedo lo que haga una inteligencia artificial, me da miedo lo que pueda hacer un hombre usando la inteligencia artificial. Pero eso ya me pasó con la energía nuclear. La tecnología y los avances no son ni buenos ni malos, es el uso que le das. Pero sí veo que hay un miedo. A veces, me pasa que doy una charla y me plantean un temor parecido a Terminator, de que la IA llegue a un punto que despierte y se revele. Pero eso no tiene por qué pasar. Entonces, tenemos miedo más a los guiones de Hollywood que a lo que está pasando. Siempre digo si Terminator fuera y le dijera a Sarah Connor: ¿querés que te haga un té?, la película sería muy aburrida. Pero no entiendo cuál sería el motivo por el cual una inteligencia artificial atacaría al humano.
KioskNews shows a cleaned-up reading view extracted from the publisher’s page — the original always lives on their site, not ours.