1-0: Boca ganó el Superclásico de las polémicas y quedó a un paso del título
La Bombonera late más fuerte que nunca porque Boca es una fiesta. Le gana a River (1-0) y queda a un partido de consagrarse campeón del Torneo Anual. Es el tercer Superclásico consecutivo que atrapa sin recibir goles. Leandro Paredes y todos los jugadores se enganchan en un ida y vuelta sensacional con sus hinchas en la celebración. La alegría es total porque además simboliza una actualidad dulce, plena, que lo invita a soñar con múltiples títulos en este cierre de 2026.
Atrás quedó un Superclásico que Boca ganó con justicia, sin brillar a pesar de que jugó casi todo el tiempo con un hombre más. Pero supo exprimir la ingenuidad de Lucas Martínez Quarta que derivó en su temprana expulsión, luego aprovechó una jugada con pelota detenida y después se dedicó a controlar la situación sin que lo lastimen. En el medio, River y su bronca contra el arbitraje, el gran tema que dejó el partido más grande del fútbol argentino que esta vez quedó en deuda con el juego.
El Superclásico perdió su normalidad demasiado rápido, a los 9 minutos, cuando River quedó mal parado atrás y Lucas Martínez Quarta, una vez más el villano de las frustraciones millonarias, fue expulsado correctamente vía VAR por abrazar groseramente y voltear a Miguel Merentiel, quien se iba solo al mano a mano con el arquero Santiago Beltrán.
River, entonces, debió jugar casi todo el partido con un hombre menos, en un contexto más que adverso. Ahí mismo perdió a su centrodelantero Lucas Beltrán, quien salió enseguida para permitir el ingreso de Lautaro Rivero y el rearmado de la línea de cuatro defensores. Así atacó solo con lo que podían generar Thiago Almada y Ángel Correa, siempre rodeados, lejos del arco rival y sin opciones de pase.
En ese escenario favorable, Boca jamás pasó sobresaltos, manejó la pelota y controló todo, aunque sin ingenio para exprimir la superioridad numérica y transformarla en situaciones de peligro. Le costó una inmensidad lastimar a un River con un hombre menos porque no pesaron por fuera Leonel Flores ni Sebastián Villa y porque los marcadores laterales con River tan retrasado jamás pudieron sorprender con sus proyecciones. Por algo los xeneizes terminaron ganando con un gol en jugada de pelota detenida.

Una de las virtudes del equipo de Rodolfo Arruabarrena es el juego aéreo. Tiene excelentes pateadores y muy buenos cabeceadores. Quedó claro a los 27 minutos del primer tiempo. Sebastián Villa ejecutó un tiro de esquina que derivó en el octavo gol de cabeza de Lautaro Di Lollo, el joven marcador central que escapó de la marca de Lautaro Rivero y la clavó junto a un palo.
Después, casi nada de fútbol y casi todo de tensiones y de protestas, con el árbitro Nicolás Ramírez y con el juez VAR Silvio Trucco señalados por River en especial por dos situaciones. Los millonarios terminaron preguntándose en cuanto micrófono se cruzaba y en redes sociales por qué Lautaro Blanco en el minuto 57 fue solamente amonestado por una falta muy parecida a la del minuto 79 que significó la expulsión de Gonzalo Montiel. Y además reclamaron con razón un agarrón ultra evidente a Nicolás Otamendi en un córner que Ramírez no vio en campo y que Trucco creyó que no era motivo para convocar al árbitro para que lo observe en el VAR.
Al cabo, River encontró más razones para volver a victimizarse y a sospechar que los perjuicios arbitrales no son casualidad y que todo tiene que ver con su pésima relación con la AFA, una guerra política declarada hace tiempo. Eso sí, lo que River no supo explicar fue por qué nunca logró afirmarse en el juego y casi no pateó al arco en los 90 minutos.
Boca está en otra historia. No se desenfoca. Quiere ser campeón del Torneo Anual. Le queda un partido, el próximo contra Defensa y Justicia. Con una victoria, celebrará. Será el momento para no fallar.
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