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Sunday, October 25, 2026

Un menú de serpientes y lagartos: un estudio demuestra el consumo de reptiles en las tierras de la Biblia hace 15.000 años

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Un estudio del yacimiento de el-Wad, en el monte Carmelo, demuestra que los natufienses consumían serpientes y lagartos de forma regular hace unos 15.000 años.

Consumo de reptiles
Recreación fantasiosa. Fuente: Midjourney/Erica Couto. - Vértebras de reptiles. Fuente: Lev et al. 2026

Erica Couto

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Cuando imaginamos la mesa de un cazador de la Edad de Piedra, es probable que pensemos en una gacela que se asa al fuego o en un ciervo abatido tras una larga persecución. Rara vez pensamos en una serpiente troceada como alimento cotidiano. Y, sin embargo, eso es lo que ha documentado un equipo de la Universidad de Haifa en la terraza de el-Wad, en el monte Carmelo (Israel).

Los investigadores Ma'ayan Lev, Mina Weinstein-Evron y Reuven Yeshurun, que publicaron su análisis en la revista PNAS en 2026, sostienen que los restos animales revelan una costumbre de más de tres milenios, muy anterior a los textos bíblicos sobre serpientes tentadoras y reptiles impuros. ¿Por qué aquellas comunidades comían estos animales? La respuesta se vincula con el surgimiento de la vida sedentaria.

Un estudio del yacimiento de el-Wad, en el monte Carmelo, demuestra que los natufienses consumían serpientes y lagartos de forma regular hace unos 15.000 años.

Reptil
Recreación fantasiosa. Fuente: Midjourney/Erica Couto

Mucho antes de Levítico: los cazadores que ya cocinaban serpientes

La Biblia mantiene una relación complicada con los reptiles. En el Génesis, una serpiente tienta a Eva. En el libro de los Números, unas serpientes ardientes castigan a los israelitas. El libro del Levítico incluye a varios reptiles en sus leyes sobre alimentos e impureza ritual.

Mucho antes de que se redactara ninguno de esos textos, sin embargo, los habitantes del sur del Levante veían en estos animales una fuente de comida. Los poblados de las comunidades natufienses destacan por combinar una vida cada vez más sedentaria con la práctica de la caza y la recolección intensivas.

Para entender la relevancia de las conclusiones del estudio publicado en PNAS, conviene aclarar un término: Squamata. Los zoólogos llaman Squamata o escamosos al grupo animal que reúne a lagartos y serpientes. La etnografía ha documentado muchas sociedades de pequeña escala que los comen, sobre todo en entornos tropicales o de desierto cálido. La arqueología, en cambio, apenas les había prestado atención.

¿En qué condiciones comían serpientes y lagartos los humanos de la Prehistoria y qué peso tenían en su dieta? El equipo de Haifa buscó la respuesta en la terraza de el-Wad, un yacimiento natufiense con una de las secuencias de ocupación más detalladas del Levante. Sus 20 niveles estratigráficos conservan más de 3.000 años de evidencias, entre 15.000 y 11.700 años AP, de la vida cotidiana, huesos de reptiles incluidos.

Los conjuntos natufienses de lugares distantes muestran la misma preferencia por reptiles grandes, lo que sugiere una elección humana y no un simple aprovechamiento de lo que ofrecía cada entorno.

Consumo de reptiles
Recreación fantasiosa. Fuente: Midjourney/Erica Couto

La prueba del cuchillo: 82 vértebras

Los investigadores confirmaron una presencia abundante de restos de reptiles en todos los niveles. Serpientes y lagartos representan entre el 25% y el 42% de los restos animales identificados, una proporción similar a la de los pequeños ungulados y las tortugas.

Con todo, la abundancia de restos, por sí sola, no equivale a una prueba de consumo alimenticio. Un reptil puede llegar a un yacimiento por otras vías, como la actividad de depredadores no humanos. Para determinar si se habían consumido como parte de la dieta humana, era necesario examinar minuciosamente los huesos. El equipo identificó 82 vértebras de serpiente con marcas de corte, pequeñas incisiones lineales con sección en forma de V. Todas aparecen en la misma zona, en el lado izquierdo de las vértebras del tronco de grandes serpientes. Algunas piezas incluso presentan varios cortes paralelos, compatibles con un gesto repetido.

Del mismo modo que un carnicero, en la actualidad, repite siempre el mismo corte para trocear una pieza de carne, las marcas de el-Wad sugieren un método igual de sistemático. Y esa sistematicidad en el corte se atestigua a lo largo del yacimiento. Los investigadores concluyen que fue una práctica persistente que se prolongó durante más de tres milenios.

En los lagartos de cristal no hay marcas, quizá porque su piel, blindada con placas óseas, exigía otra técnica de despiece. Aun así, otras pistas apuntan a la mesa. Los reptiles grandes aparecen junto a huesos de grandes mamíferos, aves acuáticas y tortugas. Muestran señales de fuego y pisoteo propias de los desechos humanos.

El lagarto de cristal europeo, grande, lento y no venenoso, fue la presa más frecuente: representa el 35 % de los restos de escamosos identificados.

Tres reptiles en la mesa: el más lento y menos peligroso era el que más se consumía

Tres reptiles de gran tamaño dominan el conjunto. El lagarto de cristal europeo aporta el 35 % de los restos de escamosos identificados. Le siguen la serpiente látigo grande, con el 32 %, y la culebra bastarda, con el 22 %. Sin embargo, obtener estas presas no exigía el mismo nivel de esfuerzo. El lagarto de cristal era grande, lento e inocuo, mientras que la serpiente látigo era más rápida y podía morder con fuerza. La culebra bastarda también resultaba agresiva y levemente venenosa.

Consumo de reptiles en el natufiense
Yacimiento. Fuente: Lev et al. 2026

El estudio sostiene que las comunidades natufienses de el-Wad no comían lo primero que encontraban, sino que planificaban la captura de estos reptiles. De hecho, los conjuntos natufienses de lugares distantes entre sí muestran la misma preferencia por los reptiles grandes. Los yacimientos paleolíticos anteriores de la región contienen menos serpientes y lagartos, pero con una diversidad mayor de especies pequeñas.

La proporción de reptiles comestibles creció con la mayor ocupación del poblado y cayó cuando esta fue más breve: comer serpientes está ligado al sedentarismo incipiente.

De la caza al poblado: cuanto más se vivía allí, más reptiles se comían

La investigación revela otra pauta constante en el comportamiento alimenticio. Durante la etapa arquitectónica de el-Wad, la de ocupación más intensa y mayor sedentarismo, creció la proporción de reptiles comestibles. En la fase posterior, más estacional y breve, esa proporción se desplomó.

Los autores hablan de una correlación positiva con la intensidad de la ocupación, al menos durante el Natufiense temprano. Según ellos, el consumo de estos animales, una práctica dietética establecida y persistente, estaría asociado al sedentarismo incipiente.

Los reptiles grandes, por tanto, formaban parte de la dieta habitual. Se elegían con criterio y su peso en la dieta seguía la vida en el poblado. Mucho antes de que existieran los textos bíblicos, los reptiles ya formaban parte de la dieta de la región. Antes de ser símbolo de tentación o de impureza, la serpiente fue, ante todo, un alimento nutritivo.

Referencias

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