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Tuesday, September 15, 2026

Pedro Salmerón Sanginés: Discutir la historia de Tlaxcala (y del país)

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stuvimos en cinco municipios de Tlaxcala discutiendo historia a propósito de mi libro La batalla por Tenochtitlan. Mi esposa Claudia, que tiene un olfato muy afinado para la enseñanza de la historia, se dio cuenta de que había cinco temas recurrentes en las preguntas (luego señaló un sexto), que decidimos ordenar y presentar así: puntos sobre la historia de Tlaxcala que nos llevan a no entenderla y que sostienen un mito muy nocivo:

1.- “Tenochtitlan cayó por una revolución popular”. No hay tal: quien sugirió a Cortés (que no podía regresar a Cuba y estaba obligado a cualquier locura) sojuzgar a los mexicas fue el Cacique Gordo de Cempoala, no el pueblo. Quienes se aliaron en Tlaxcala contra Tenochtitlan fueron los “senadores”, no el pueblo. Quien dividió a Texcoco fue el “príncipe” Ixtlilxóchitl. No hay una revolución popular como las que hubo, casualmente en esos mismos años, en España (la rebelión de los comuneros) y en Alemania (la guerra campesina). Por cierto, muy recomendable, además del clásico de Engels, La venganza del emperador, que nos ayudará a entender que las inexistentes “Italia” o “Alemania” estaban tan divididas social y políticamente como el Anáhuac. ¿Eso quiere decir que los mexicas no eran opresores? Claro que lo eran, pero no ejercían control político- territorial sobre las ciudades vencidas y sometidas a tributo.

2.- “Los tlaxcaltecas se aliaron con los españoles tras ser derrotados”. No fue así: “Tlaxcala no fue derrotada militarmente. Sólo forzando las crónicas puede decirse que fueron las armas españolas las que sometieron su orgullo. Pero Xicoténcatl tampoco pudo acabar con los españoles y las bajas sufridas por los tlaxcaltecas fueron muy sensibles. Las rivalidades internas, así como las crecientes promesas de Hernán Cortés, terminaron”, dando la victoria a quienes en el senado tlaxcalteca querían construir una amplia alianza contra Tenochtitlan-Texcoco-Tlacopan.

Es decir, en un consejo o senado muy dividido (por los embajadores totonacas) se impuso la posición de construir una alianza contra Tenochtitlan con los recién llegados, los totonacas, los otomíes (muchos altepemeh otomíes permanecieron del lado de Tenochtitlan), los cholultecas y los huexotzingas. Andrea Martínez Baracs lo explica así: “¿Cuáles fueron los términos de la paz?, ¿qué significaba la ‘amistad’ que los dos contrincantes se ofrecían? ‘Nos damos a ti, confiados en que nada perderemos de nuestra libertad, sino que antes nos ayudarás contra la tiranía de Moctezuma’; estas palabras, que Cervantes de Salazar atribuye al capitán Xicoténcatl, resumen la concepción tlaxcalteca de la ‘amistad’ en proceso de establecimiento”.

¿Por qué los señores de la poderosa Tlaxcala decidieron encabezar la alianza contra Tenochtitlan? Por ambición de poder: querían remplazar a Tenochtitlan. Naturalmente, no sabían ni podían saber lo que ese puñadito de españoles iba a provocar. Infiero que de haberlo sabido, los tlaxcaltecas los hubieran matado a todos cuando tuvieron la oportunidad de hacerlo, porque…

3.- “Los tlaxcaltecas fueron consentidos de la corona española”. Falso: a los macehuales les fue tan mal como al resto de los mesoamericanos sojuzgados. El “conquistador” describió Tlaxcala en 1519: “Tan grande y de tanta admiración, que aunque mucho de lo que della podría decir, lo poco que diré creo es casi increíble, porque es muy mayor que Granada y muy más fuerte, y de tan buenos edificios, y de muy mucha gente que Granada tenía al tiempo que se ganó”.

¿Dónde están los tesoros de la poderosa Tlaxcala? Como en todas las ciudades mesoamericanas, fueron derribados los templos, destruidos los “ídolos”, quemados los “papeles del diablo”, ejecutados los sacerdotes, no en 1520, pero sí a partir de 1524. Por cierto, todas nuestras grandes zonas arqueológicas estaban abandonadas y ocultas en 1519: los recintos ceremoniales de las ciudades habitadas fueron destruidos. Todos. También los de los cuatro señoríos de Tlaxcala. Y los tlaxcaltecas también fueron azotados por la conversión religiosa forzada, y por las epidemias y las hambrunas, que provocaron la muerte de 80 a 90 por ciento de la población entre 1520 y 1590. Y encima les mintieron (ya llegaremos a la gran mentira).

4.- “Eran privilegiados y tenían gobierno indígena”. Todas las “repúblicas de indios” y las comunidades tenían “autogobiernos” sometidos a las autoridades españolas. ¿O creen que 10 o 20 mil españoles podían gobernar directamente en miles de pueblos? Sobre San Juan Tenochtitlan y sus cuatro barrios hay suficiente documentación para probarlo. Pero ¿por qué un puñado de españoles pudo, al fin y al cabo, ejercer tanto dominio, lenta y paulatinamente, a partir de 1521? Porque las sociedades mesoamericanas colapsaron entre epidemias, hambre, muerte y destrucción cultural.

5.- “Tlaxcala conquistadora”. Se remarca el hecho de las poblaciones en el norte del país fundadas por tlaxcaltecas, que se enumeran una por una, y no se cuentan los barrios “Analco” que hay desde Puebla hasta Durango, pasando por San Luis Potosí y Guadalajara, fundados por nahuas, no tlaxcaltecas; o las aldeas otomíes que se extendieron a Querétaro y Guanajuato antes incluso de la llegada de los españoles; o los zapotecas en Centroamérica. Y todos los nahuas, otomíes y purhépechas que iban al norte, recibían el privilegio de la tierra y de ir armados y montar: nadie va a una zona de guerra sin la posibilidad de defenderse o a seguir siendo esclavo o peón.

Es decir, el caso de Tlaxcala no fue único: miles de agricultores mesoamericanos fueron trasladados al norte para cultivar la tierra y alimentar las minas. ¿Que hubo soldados indígenas en las columnas contra los “indios bárbaros”? Por supuesto, como spahis en Argelia al servicio del imperio francés, o cipayos en la India.

Fin: el sexto punto, sumamente interesante, ya no tiene que ver con aquella coyuntura, aunque sí abona a la mayor mentira. De hoy en 15 los contamos y les explico por qué estos cuentitos nos hacen tanto daño. (Todas las citas en: https://www.fondodeculturaeconomica.com/Ficha/9786071671134/F).

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