Los tótems en la sede del ACA, claves en su identidad

El Automóvil Club Argentino fue fundado en 1904 por un grupo de precursores del mundo del automóvil. Desde sus primeros años promovió las carreras y participó activamente en el desarrollo y mantenimiento de rutas. Durante la década de 1930, su articulación con YPF formó parte de una estrategia de alcance nacional: acompañar la construcción y consolidación de la red vial mediante la instalación de estaciones de servicio y filiales en distintos puntos del país.
La sede central de la institución, construida entre 1941 y 1943 en la avenida del Libertador 1850, constituye una obra fundamental de la arquitectura moderna argentina. En su proyecto participaron Antonio Vilar y los estudios Bunge; Sánchez, Lagos y de la Torre; Morixe; Jacobs, Giménez y Falomir.
Este edificio representa uno de los primeros ejemplos argentinos de aplicación del pensamiento racionalista a un trabajo de diseño integral. Su importancia no reside únicamente en su arquitectura. La propuesta articuló el edificio, su equipamiento y mobiliario, la gráfica, la papelería, la señalización y una tipología de estaciones de servicio que fue implementada a lo largo y a lo ancho del país.
Antonio Vilar tuvo un papel decisivo en la creación de ese sistema. Su trabajo permitió construir una imagen institucional clara y reconocible, basada en la sencillez de sus formas y en su aplicación sistemática. Como señaló la investigadora Mabel Scarone, se trató del primer caso argentino de unificación del diseño alrededor de una identidad corporativa con una penetración pública sin precedentes.
Los tótems del ACA fueron una parte central de esa identidad. Según la historia difundida sobre la pieza, su forma habría surgido de un dibujo realizado por una de las hijas de Vilar. A partir de esa imagen se desarrolló una figura geométrica capaz de cumplir varias funciones: exhibir el emblema institucional, ofrecer información y señalar el acceso a las estaciones y filiales.
Antes de la aparición del GPS y de las aplicaciones móviles, su silueta permitía que quienes transitaban las rutas identificaran inmediatamente un lugar donde encontrar combustible, orientación, asistencia mecánica o información turística. Con el tiempo, esos tótems se incorporaron al paisaje vial argentino y a la memoria de varias generaciones, como símbolos del desarrollo del automovilismo y del turismo interno.
La sede central del ACA contaba con dos: uno sobre la avenida del Libertador y otro en la esquina de Pereyra Lucena y Pagano. El ubicado sobre Libertador incorporaba además un mapa de la Argentina que reflejaba la presencia de las estaciones y los servicios de la institución en todo el país. Allí se señalaba el kilómetro cero y se realizaban las largadas simbólicas nocturnas de los grandes premios de Turismo Carretera durante la década de 1960. Pero su valor excedía su condición de hito urbano: era parte inseparable de un proyecto que integraba arquitectura, diseño y comunicación, y condensaba un capítulo significativo de la historia del automovilismo argentino.
Durante los primeros días de septiembre, ese tótem histórico fue retirado y reemplazado por una estructura que conserva la silueta de un playero señalando la entrada, pero modifica su expresión, sus materiales y parte de sus componentes originales. El nuevo diseño incorpora luces LED, superficies renovadas y líneas más simples. Sin embargo, perdió uno de los elementos más significativos de la pieza original: el mapa de la Argentina.
La intervención resulta especialmente preocupante porque no afecta solamente la apariencia de un objeto. Altera la lectura de un conjunto concebido de manera integral y elimina componentes que explicaban su significado histórico, institucional y territorial.
Conservar el patrimonio no significa congelar los edificios ni impedir cualquier transformación. Las instituciones necesitan adaptarse, actualizar sus servicios e incorporar nuevas tecnologías. Pero esas intervenciones deben partir del conocimiento y de la valoración de aquello sobre lo que se actúa.
Resulta llamativo que esta modificación se haya producido mientras el propio presidente del ACA afirma que la institución se enorgullece de sostener la memoria histórica del automovilismo argentino. Esa memoria no se preserva solamente en los museos o en los discursos. También permanece en los edificios, en los objetos, en las imágenes y en las señales que forman parte de nuestra experiencia cotidiana.
Debemos considerar, además, que la sede del ACA está reconocida como Monumento Histórico Nacional y que el tótem integra su concepción arquitectónica y comunicacional. Una intervención de estas características requiere una evaluación patrimonial rigurosa y la participación de los organismos competentes.
Desde el Consejo Profesional de Arquitectura y Urbanismo enviamos notas al Automóvil Club Argentino, a la Comisión Nacional de Monumentos, de Lugares y de Bienes Históricos, a la Secretaría de Planeamiento del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y a la Defensoría del Pueblo de la Ciudad. Solicitamos información sobre lo ocurrido y la adopción de las medidas necesarias para preservar la pieza original y restituirla en condiciones acordes con su valor.
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