Messi se despidió a lo Messi: un gol y dos asistencias para su última victoria en la Selección

Y en el medio, hubo un amistoso. Entre las lágrimas, la emoción y ese nunca te olvidaremos, se jugó ese partido que nadie quería que llegara. Pero que llegó. Porque en definitiva, siempre estuvo la sensación de que en la vida de Lionel Messi con la celeste y blanca iba a pasar algo más, 90 minutos más, una ovación más, un gol más, una gambeta más, una ilusión más, un pase de magia más.
Por eso, el cruce contra Benín tuvo primero que combatir el peso de la nostalgia, el ser parte de una fiesta que en realidad fue una despedida. Aunque las despedidas sean esos dolores dulces. Por eso, en definitiva, el triunfo también era inevitable. Formaba parte del combo feliz. Aunque ese orden establecido (no había retiro posible sin un hasta la victoria siempre), igual tardó en cumplirse.
Como fuera, hasta el 11 que puso Scaloni en cancha para honrar a su capitán también tuvo mucho de ese pasado de gloria que salió a la cancha en el Monumental: nueve de los titulares fueron parte de la formación inicial de la final contra Francia. Y entonces, era imposible que ese combo de sensaciones no atentara, en algún punto, contra el juego. Y contra un equipo que de alguna manera también se estaba despidiendo. De su líder, y de ellos mismos. De los laureles que supieron conseguir.
El 11 de la Selección, con nueve titulares en la final contra Francia. Foto Pedro Lazaro Fernandez
El adiós de Messi, entonces, no tuvo la mejor versión de la Scaloneta. Y hasta hubiera sido pretencioso pedir que así fuera, claro. Porque el tiempo es otro, sí. Pero también por el escenario. Ni siquiera la debilidad que podía mostrar el rival fue un argumento que permitiera pensar lo contrario. Al equipo de Scaloni, al subcampeón del mundo, le costó de arranque salir de lo que estaba viviendo.
Y entonces, el primer tiempo tuvo su consecuencia: la Selección mostró un juego lento, sin profundidad y hasta con asociaciones forzadas. Lo que antes salía de manera natural esta vez no fluyó igual. Alexis fue el conductor de un medio que no se conectó como supo hacerlo; irregular De Paul en su regreso al equipo en una citación que no lo tuvo de primera mano; discontinúo Enzo, buscando un lugar que le costó hallar; incómodo Julián Álvarez, quien fue más volante por izquierda que delantero, ya que el ataque lo compartieron Messi con Lautaro.
El festejo de sus compañeros con Messi. (REUTERS)
En ese contexto, vale decir que dos de las tres chances más claras de esa primer tiempo con desencuentros, las tuvo él. Sí, él, Lionel Messi, el dueño de la noche. No fueron con su sello, porque en las dos tuvo que esforzarse para poder definir y hasta terminó en el piso. Primero, tras un centro de De Paul y luego, tras uno de Lautaro, que no pudo conectar bien de tijera. En ese marco, Dibu Martínez (sí, Dibu) tuvo dos salvadas que pudieron cambiar la historia de la despedida del Dios Lionel. Tampoco hubiera estado en los planes.
Un segundo tiempo con el sello del 10
Lo que sí estaba escrito, lo que sí era inevitable, era otro festejo, otra alegría, otro final feliz. No había manera que la despedida de Messi no tuviera el sello 10. De su zurda para asistir. Y de su zurda para definir. De hecho, de su centró llegó el primero, el gol de Otamendi, casi como una señal del destino, como si el libretista de este capítulo final hubiera querido darle a esta historia un premio para los dos que ahora sí dejarán de vestir la celeste y blanca para siempre. Y así, al fin de cuentas, el defensor de River tuvo su propio festejo de despedida.
Nicolás Otamendi abrió el marcador ante Benin tras un gran centro de tiro de esquina de Lionel Messi.
Pero lo mejor llegaría después. Tras asistir al General que se fue, Messi terminó por habilitar al que está llamado a ser su sucesor: Nico Paz, el autor del 2 a 0, con el que coronó una ventana FIFA que lo pone en el podio. Y así, en un partido que tuvo poco para analizar, se dieron muchas señales por remarcar.
Video: TyC Sports
Y entonces, llegó el penal. El penal que hacía falta para que Messi le pusiera su firma indeleble a su último partido en la Selección. Porque en definitiva, Leo siempre tuvo la fórmula para hacernos felices. Por eso, su adiós debía ser con su grito y con sus índices al cielo.
Video: TyC Sports
Los cambios, al final, renovaron casi por completo el 11. Los únicos que no salieron fueron Dibu, Giay (el invitado sorpresa) y Messi, el 10 que fue nuestro mejor sueño, nuestro mayor orgullo y una parte inolvidable de nuestras vidas.
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