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Saturday, September 19, 2026

Los megalitos que viajaron 18 km hace 4.000 años: ¿cómo movieron los monolitos de 25 toneladas de Devil’s Arrows?

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¿Glaciares o humanos? Un estudio apunta a un traslado deliberado de los monolitos neolíticos de Devil’s Arrows a lo largo de 18 km.

Erica Couto

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Tres monolitos de casi siete metros de altura y más de veinticinco toneladas cada uno dominan el paisaje de Boroughbridge, en el norte de Inglaterra, desde hace unos 4.000 años. Durante décadas, se discutió cómo habían llegado allí: ¿los había depositado un glaciar o eran fruto de la actividad humana? Un análisis publicado en septiembre de 2026 ha proporcionado datos concretos para sostener una hipótesis plausible del origen del monumento.

Según los investigadores, las piedras fueron seleccionadas y transportadas deliberadamente a lo largo de 18 kilómetros. ¿Por qué las comunidades prefirieron ignorar las canteras más cercanas para buscar la piedra en otro lugar más alejado?

Al amanecer, tres monolitos megalíticos verticales en un prado cercano a Boroughbridge, cielo nublado, perspectiva baja, foto

El nombre popular de estas piedras, conocidas como "flechas del diablo", sugiere que las generaciones posteriores atribuyeron al demonio lo que no lograban explicar por medios humanos.

Las desconcertantes Devil’s Arrows, las "flechas del diablo"

Los Devil’s Arrows forman una alineación megalítica situada junto a Boroughbridge, en North Yorkshire. El conjunto conserva hoy tres monolitos verticales, considerados las piedras alineadas más altas de Gran Bretaña. Según Historic England, el organismo público que gestiona el patrimonio inglés, habría existido una cuarta piedra hoy desaparecida. Su construcción se atribuye al Neolítico final o a la Edad del Bronce inicial, en torno a 2000 a. C., aunque conviene tomar esa fecha como referencia orientativa.

La roca de los monolitos se ha identificado como millstone grit, una arenisca dura característica de la región, que se observa en varios afloramientos del área. A primera vista, la explicación más económica para explicar la presencia de estas "flechas del diablo" en Boroughbridge parecía ser el transporte glacial. Los bloques habrían sido arrancados y arrastrados por el hielo durante la última glaciación. En un segundo momento, las comunidades locales los habrían hincado en el terreno.

Sin embargo, el nuevo estudio descarta esa hipótesis. El propio nombre popular que se le dio a este monumento, embebido de nociones folclóricas diabólicas, refleja hasta qué punto la magnitud de estas piedras desafiaba la imaginación: las generaciones posteriores atribuyeron a la obra del diablo lo que no lograban explicar por medios humanos.

Al comparar las firmas mineralógicas de los distintos afloramientos con la de los monolitos, es posible determinar de dónde salió la piedra.

La huella geológica escondida en el circón y el apatito

El trabajo de investigación que revisa hipótesis anteriores se publicó en Proceedings of the Royal Society A. Los investigadores responsables han tomado como clave metodológica dos minerales microscópicos: el circón y el apatito. Ambos actúan como una huella dactilar geológica. Cada afloramiento tiene una historia particular, inscrita en la edad y en las características isotópicas, es decir, en la composición atómica, de sus granos minerales. Al comparar las firmas de los distintos afloramientos con la de los monolitos, es posible determinar de dónde salió la piedra, del mismo modo que un análisis de ADN vincula una muestra con un individuo.

Macro de superficie rocosa con granos microscópicos imaginados: circón y apatito sugeridos por destellos sutiles, luz lateral

Para tomar las muestras, en lugar de fragmentar los monumentos, los investigadores emplearon un procedimiento no destructivo basado en un adhesivo que recupera cantidades diminutas de minerales de la superficie sin dañarla. Es una vía especialmente valiosa para trabajar con bienes patrimoniales protegidos y anticipa una nueva generación de estudios capaces de rastrear la procedencia de estructuras megalíticas sin comprometer su conservación.

El resultado que obtuvieron resultó inequívoco. La firma de los monolitos coincidía con la de Brimham Rocks, un espectacular afloramiento de arenisca situado a unos 18 kilómetros del monumento. Se descartaba así la hipótesis del transporte glaciar.

Desplazar semejantes bloques a lo largo de kilómetros de terreno accidentado, sin el uso de ruedas ni de maquinaria, tuvo que exigir una planificación y una coordinación considerables.

18 kilómetros y 25 toneladas: la logística de un viaje imposible

Esos 18 kilómetros estimados por los investigadores representan la distancia mínima entre el afloramiento de origen y el destino final, no la longitud demostrada de una ruta prehistórica concreta. Esto significa que el itinerario real pudo ser más largo. Quienes transportaron las piedras, por tanto, quizás tuvieron que sortear obstáculos naturales o seguir cursos de agua.

Cada monolito pesa más de 25 toneladas, el equivalente a varios autobuses urbanos, y alcanza casi 7 metros de altura. Desplazar semejantes bloques a lo largo de kilómetros de terreno accidentado, sin el uso de ruedas (no se conocen ejemplos en la Britania de la época) ni de maquinaria, tuvo que exigir una planificación y una coordinación considerables. Cabe imaginar a decenas, o incluso a cientos, de personas turnándose durante días, mientras el resto de la comunidad sostenía las tareas agrícolas y ganaderas.

¿Cómo se transportaron estas moles de piedras? Trineos de madera, rodillos, plataformas, cuerdas de fibra vegetal o caminos acondicionados son posibilidades razonables, pero ninguna está demostrada. Según los responsables del estudio, las piedras se eligieron de forma deliberada y se trasladaron en lo que podría considerarse una búsqueda épica para crear un paisaje sagrado.

En muchas culturas prehistóricas, los lugares de aspecto extraordinario funcionaban como fronteras entre lo humano y lo sagrado: llevarse una porción de esa piedra podía equivaler, quizá, a conseguir una parte de ese poder.

Paisaje rocoso y erosionado con formaciones caprichosas de Brimham Rocks al fondo, sendero sinuoso entre colinas, atmósfera d

¿Por qué eligieron la cantera de Brimham?

Esta cuestión constituye el gran misterio. Existían fuentes de piedra más próximas al monumento, entre ellas Plumpton Rocks, que habrían ahorrado buena parte del esfuerzo. Sin embargo, las comunidades neolíticas prefirieron la roca en Brimham Rocks. La decisión, por tanto, no fue práctica: fue una elección.

¿Qué motivó esa preferencia? El análisis mineralógico demuestra la selección deliberada, pero no puede identificar por sí solo su significado. Brimham Rocks es un paisaje geológico singular, poblado de formaciones erosionadas con siluetas caprichosas. Ese carácter excepcional pudo dotarlo de un valor simbólico, ancestral o territorial. En muchas culturas prehistóricas, los lugares de aspecto extraordinario funcionaban como fronteras entre lo humano y lo sagrado: llevarse una porción de esa piedra podía equivaler, quizá, a conseguir una parte de su poder.

La segunda vida de la cuarta piedra

El conjunto original no tenía tres piedras, sino cuatro. La historia del monolito desaparecido ilustra cómo un monumento puede perder parte de su forma sin dejar de existir como evidencia material. El anticuario John Leland la describió todavía en pie a mediados del siglo XVI. Hacia finales de esa centuria, sin embargo, William Camden la registró ya caída. Según la ficha patrimonial de Historic England, la cuarta piedra probablemente fue fragmentada y reutilizada en los cimientos de un puente construido sobre el río Tutt en 1621. La parte superior, por su parte, se habría trasladado a los terrenos de Aldborough Manor.

Referencias

  • Clarke, Anthony, Jim Leary y Chris Kirkland. 2026. "Deliberate prehistoric sourcing of the Devil's Arrows, Britain's tallest stone row". Proceedings of the Royal Society A, 482 (2345): 20260504. DOI: https://doi.org/10.1098/rspa.2026.0504
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