Por qué no debes tirar las hojas secas de los árboles que caen cerca de tu casa en otoño

Las hojas secas no son basura y no deben tirarse a la bolsa de residuos.
Así lo indica la Secretaría del Medio Ambiente de la Ciudad de México (Sedema), que pide reintegrarlas a las áreas verdes porque ayudan a retener la humedad del suelo y aportan hasta dos veces más minerales que los abonos procesados.
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La recomendación surge cada otoño, cuando los árboles pierden su follaje y gran parte de esas hojas termina en bolsas de basura que recolectan los camiones recolectores.
El museo Universum de la UNAM retomó el dato en un post publicado en sus redes bajo.

La caída y degradación de las hojas permite que el suelo recupere los minerales necesarios para el proceso de fotosíntesis de los árboles.
Según el portal de la Sedema, las hojas pueden llegar a contener hasta el 80% de los nutrientes que el árbol absorbió durante su crecimiento.

Cuando las hojas se descomponen sobre la tierra, esos nutrientes regresan al suelo y quedan disponibles para el mismo árbol o para otras plantas cercanas.
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Es un ciclo natural que se interrumpe cada vez que se barren y se desechan.
El único punto donde sí se recomienda retirarlas es en zonas de tránsito peatonal, como banquetas y entradas de casas, por el riesgo de resbalones cuando se mojan.
En esos casos, la sugerencia es juntarlas y trasladarlas a un área verde cercana en lugar de meterlas en una bolsa de basura.

Tirarlas en un bosque o dejarlas acumuladas en la vía pública tampoco es la solución correcta: lo recomendable es reincorporarlas al suelo donde puedan descomponerse de forma natural.
Durante el otoño, lo habitual es que las hojas se junten con rastrillo, se metan en una bolsa de residuos y terminen en el camión recolector.
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Ese proceso saca del ciclo natural un material que, en lugar de nutrir el suelo, termina en un relleno sanitario.

De acuerdo con información del Centro de Investigación Científica de Yucatán (CICY), la remoción de la hojarasca deja el suelo expuesto a la erosión, reduce su capacidad de retener agua durante sequías y elimina el hábitat de insectos y microorganismos que viven bajo esa capa.
Cuando no es posible dejar las hojas en el mismo lugar donde cayeron, una alternativa es incorporarlas a una composta junto con residuos orgánicos de cocina, como cáscaras de fruta o restos de verduras.
Las hojas aportan carbono, un elemento que equilibra la humedad de los otros materiales y evita malos olores durante la descomposición.

Las autoridades recomiendan triturar las hojas antes de sumarlas al composte, para acelerar el proceso, y evitar las que presenten hongos visibles o signos de enfermedad.
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Las hojas secas funcionan como una capa protectora sobre la tierra.
Evitan que el agua se evapore con rapidez, amortiguan el impacto de la lluvia directa sobre el suelo y reducen el riesgo de erosión, sobre todo en terrenos inclinados o cercanos a zonas de escurrimiento.

Esa misma capa retiene mejor el agua que los abonos artificiales, de acuerdo con el dato que difunde la Sedema.
Por eso la recomendación es dejarlas en el jardín o acomodarlas sobre áreas de tierra en lugar de barrerlas hacia la coladera o la banqueta.
Una capa de hojas trituradas sobre la tierra de las macetas funciona como mantillo natural.
Protege las raíces de los cambios bruscos de temperatura, retiene la humedad y reduce la frecuencia de riego necesaria durante el otoño y el invierno.
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Este método ayuda a ahorrar dinero en fertilizantes comerciales y funciona igual de bien en jardines grandes que en macetas pequeñas de departamento y balcones.
Para aplicarlo basta con triturar las hojas con las manos. Una capa de entre 5 y 10 centímetros es suficiente.
Los especialistas recomiendan evitar capas más gruesas, porque retienen demasiada humedad y pueden favorecer la aparición de hongos en plantas sensibles.
Aunque las hojas benefician la tierra, dejarlas apiladas sobre el césped por tiempo prolongado tiene el efecto contrario.
La capa bloquea la luz solar y el paso del aire hacia los brotes de pasto, lo que favorece manchas, zonas sin crecimiento y acumulación de musgo.
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La recomendación es esparcirlas de manera uniforme o moverlas hacia árboles, arbustos y jardineras, donde sí cumplen su función de nutrir el suelo.
El objetivo no es eliminar las hojas del jardín, sino evitar que se concentren en un solo punto durante semanas.
En algunos condominios o alcaldías existen normas que exigen retirar las hojas de áreas comunes por cuestiones de limpieza o seguridad.
En esos casos, la alternativa no es tirarlas a la basura junto con otros residuos, sino separarlas y destinarlas a composta o a un área verde cercana.

Varias alcaldías de la Ciudad de México cuentan con puntos de recolección de residuos orgánicos de jardín distintos a la basura común.
Consultar con la administración del edificio o con el servicio de limpia local evita que ese material termine en un relleno sanitario sin necesidad.
Otro beneficio natural es que, debajo de los montones de hojas secas proliferan insectos, lombrices y otros organismos que participan en la descomposición de la materia orgánica.
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Ese microcosmos resulta útil para los polinizadores y para la fauna que necesita refugio durante los meses fríos, de acuerdo con información de la National Wildlife Federation.

La propia Sedema señala que, además de nutrir el suelo, las hojas sirven de resguardo para estos grupos de especies, lo que ayuda a mantener la biodiversidad en parques, camellones y jardines urbanos
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